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		  <title type="main">Diario y Derrotero</title> 
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		  <publisher>Maryland Institute for Technology in the Humanities
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		  <date value="2002-04-12">12/04/2002</date> 
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			 <p>Copyright 2002. Thist text is freely available provided the text
				is distributed with the header information provided</p> 
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		  <bibl>Francisco Atanasio  Dom&#x00ED;nguez and Silvestre V&#x00E9;lez de Escalante. 
		  Derrotero y Diario de los R.R.P.P. Fray Francisco Atanasio Dom&#x00ED;nguez 
		  y Fray Silvestre V&#x00E9;lez de Escalante, para descrubir el camino desde 
		  el Presidio de Santa Fe del Nuevo Mexico, al de Monterey, en la California 
		  Septentrional. Manuscript housed in the special collections of the University of Arizona. </bibl> 
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		  <p type="original">The text of this document was written ca.
			 <date>1776</date>.</p> 
		  <p> The text of the present edition was prepared from and proofed
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		  Derrotero y Diario de los R.R.P.P. Fray Francisco Atanasio Dom&#x00ED;nguez 
		  y Fray Silvestre V&#x00E9;lez de Escalante, para descrubir el camino desde 
		  el Presidio de Santa Fe del Nuevo Mexico, al de Monterey, en la California 
		  Septentrional. Manuscript housed in the special collections of the University of Arizona. 
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				<item type="geographic">Spanish_Borderlands_in_North_America</item> 
				<item type="chronological">1750-1800</item> 
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<p n="1">

El d&#x00ED;a 29 de julio del a&#x00F1;o de 1776, bajo del patrocinio de la Virgen Mar&#x00ED;a Se&#x00F1;ora 1776 Nuestra concebida sin pecado original, y del Sant&#x00ED;simo Patriarca Jos&#x00E9; su felic&#x00ED; simo esposo, Fray Francisco Atanasio Dom&#x00ED;nguez, actual comisario visitador de esta Custodia de la Conversi&#x00F3;n de San Pablo del Nuevo M&#x00E9;jico, y Fray Francisco Silvestre V&#x00E9;lez de Escalante, ministro doctrinero de la Misi&#x00F3;n de Nuestra Se&#x00F1;ora de Guadalupe de Zu&#x00F1;i, acompa&#x00F1;&#x00E1;ndonos voluntariamente Don Juan Pedro Cisneros, alcalde mayor de dicho pueblo de Zu&#x00F1;i; Don Bernardo Miera y Pacheco, capit&#x00E1;n miliciano reformado y vecino de la Villa de Santa Fe; Don Joaqu&#x00ED;n La&#x00ED;n, vecino de la misma Villa; Lorenzo Olivares de la Villa del Paso; Andr&#x00E9;s Mu&#x00F1;iz; Lucrecio Mu&#x00F1;iz; Juan de Aguilar; Sim&#x00F3;n Lucero; habiendo implorado el patrocinio de nuestros sant&#x00ED;simos patronos, recibido la Sagrada Eucarist&#x00ED;a los referidos, salimos de la Villa de Santa Fe, capital de este Reino del Nuevo M&#x00E9;jico, y a las nueve leguas llegamos al pueblo de Santa Clara en donde pasamos la noche. Hoy nueve leguas rumbo noroeste.
</p><p n="2">

D&#x00ED;a 30 anduvimos otras nueve leguas poco m&#x00E1;s o menos y llegamos al pueblo de Santa Rosa de Abiqui&#x00FA;, en donde por varios incidentes estuvimos el d&#x00ED;a 31 sin hacer jornada, y por medio de una misa solemne volvimos a implorar el auxilio de nuestros sant&#x00ED;simos patronos.
</p><p n="3">

D&#x00ED;a 1 de agosto, despu&#x00E9;s de haber celebrado ambos el santo sacrificio de la misa,	salimos del pueblo de Santa Rosa de Abiqui&#x00FA; rumbo oeste por la caja del r&#x00ED;o de Chama, y habiendo andado por ella poco menos de dos leguas declinamos al noroeste, y como a las tres leguas y media de mal camino, pues hay unas mesillas de mucha piedra, paramos a sestear en la parte septentrional del Valle de la Piedra Alumbre, junto al arroyo seco. En unas mesas que est&#x00E1;n al este y nordeste de este valle dicen haber piedra alumbre y yeso transparente. A la tarde salimos del arroyo seco rumbo norte, a poca distancia tomamos al nordeste por un ca&#x00F1;&#x00F3;n montuoso, y a las dos leguas de muy mal camino paramos a la orilla de dicho arroyo. Hoy nos cay&#x00F3; un buen aguacero, y anduvimos siete leguas.
</p><p n="4">

D&#x00ED;a 2 de agosto proseguimos por el mismo ca&#x00F1;&#x00F3;n rumbo nordeste, y a poco m&#x00E1;s de cuarto de legua declinamos al norte. Entramos por un ca&#x00F1;&#x00F3;n montuoso en que por espacio de un cuarto de legua hay un bosque tan espeso de roble peque&#x00F1;o, que al pasar se nos ocultaron en &#x00E9;l cuatro bestias, y fue preciso parar para buscarlas, las que en breve tiempo se hallaron. Y aunque nosotros en este bosque perdimos la vereda por no estar muy usada, vimos despu&#x00E9;s que iba por el lado oriental del arroyo que corre por medio de &#x00E9;l, y es el mismo que m&#x00E1;s abajo nombramos Arroyo del Canjil&#x00F3;n, arroyo seco. Acabado el bosque hay un corto llano de abundante pasto y muy agradable a la vista, porque produce unas rosas cuyo color es entre morado y blanco, que si no son claveles son muy semejantes a los de dicho color.
Hay tambi&#x00E9;n en &#x00E9;l matas de lemita, que es una frutilla colorado del tama&#x00F1;o del andrino, y su frialdad y gusto muy semejante al lim&#x00F3;n, de modo que en esta tierra se mira como un equivalente de &#x00E9;l para confecci&#x00F3;n de bebidas frescas. A m&#x00E1;s de este hay capul&#x00ED;n mucho m&#x00E1;s peque&#x00F1;o que el mejicano, y otra frutilla que nombran manzanita cuyo &#x00E1;rbol es como el de lemita, pero la hoja es m&#x00E1;s semejante a la del apio. El tama&#x00F1;o de la frutilla es casi del de garbanzos regulares, el color en unas blanco y en otras negro, el gusto agridulce mordicante pero agradable.
En donde empiezan las rosas dictas se divide en dos el ca&#x00F1;&#x00F3;n por una mesa alta que entra en &#x00E9;l as&#x00ED;. Por ambos hay caminos, de los que el uno va al norte y el otro al oeste. Al principio de este, y bajo la punta austral de dicha mesa, est&#x00E1; una peque&#x00F1;a fuente de agua perenne y buena; mas, para que pueda beber aun poca la caballada, ser&#x00E1; preciso hacer bateques. Habiendo parecido las bestias, proseguimos nuestra jornada por el ca&#x00F1;&#x00F3;n y camino al oeste, andadas legua y cuarto al norte. Andadas menos de media legua al oeste declinamos al noroeste, y habiendo caminado poco m&#x00E1;s de tres leguas por buen terreno, llegamos a sestear a un arroyo que llaman el R&#x00ED;o de la Cebolla, apart&#x00E1;ndonos algo del camino. En su caja hallamos bastante agua rebalsada, sin embargo de que seg&#x00FA;n manifiesta rara vez la tiene corriente.
De aqu&#x00ED; salimos a la tarde, subiendo al norte como un cuarto de legua para coger el camino que hab&#x00ED;amos dejado. Tomamos al noroeste, y a las tres leguas poco m&#x00E1;s de buen terreno paramos en un corto llano, y a la orilla de otro arroyo que llaman el R&#x00ED;o de las Nutrias; porque aunque no es de agua perenne y corriente manifiesta mantenerla todo o lo m&#x00E1;s del a&#x00F1;o en los rebalses en que dicen criarse nutrias. Hoy ocho leguas.

</p><p n="5">

D&#x00ED;a 3 salimos del arroyo de las Nutrias rumbo noroeste, entramos en un mon tecito de pinos, y andadas tres leguas poco menos bajamos al r&#x00ED;o de Chama, y por su hermosa vega subimos al norte como una milla. Pas&#x00E1;rnoslo, y en la banda opuesta paramos a sestear. El vado del r&#x00ED;o es bueno, pero en las orillas inmediatas hay grandes sumideros ocultos con la superficie de piedra menuda. En uno de ellos se sumergi&#x00F3; enteramente la caballer&#x00ED;a de Don Juan Pedro Cisneros. La vega del r&#x00ED;o tiene de norte a sur como una legua, buen terreno para siembras con proporci&#x00F3;n de riego; produce mucho lino y bueno, y abundante pasto. Hay tambi&#x00E9;n las dem&#x00E1;s proporciones que una poblaci&#x00F3;n necesita para su establecimiento y subsistencia. Tiene aqu&#x00ED; una buena alameda de &#x00E1;lamo blanco.
A la tarde proseguimos, y subida la cuesta occidental del r&#x00ED;o, entramos en un peque&#x00F1;o valle que nombramos Santo Domingo. Rod&#x00E9;anlo tres mesas grandes y montuosas de pi&#x00F1;er&#x00ED;a que, empezando por tres cerrillos que tienen casi al norte, forman linea semicurva de norte a sur hasta llegar al r&#x00ED;o. Al occidente de estas mesas nos dijeron haber dos lagunas, la primera y m&#x00E1;s austral al occidente del puerto que desde dicha cuesta se mira entre la primera y segunda mesa, y la segunda al occidente del puerto siguiente que tambi&#x00E9;n se registra entre la segunda y tercera mesa. Las cuales lagunas con el dicho valle son muy a prop&#x00F3;sito para criar ganados mayores y menores.
Proseguimos por el valle rumbo noroeste, entramos en un peque&#x00F1;o monte de pinos; en &#x00E9;l se extravi&#x00F3; una mula cargada y no apareci&#x00F3; hasta ya metido el sol, por lo que tuvimos de parar en una bre&#x00F1;a inmediata a los tres cerrillos dichos, que nombramos la Sant&#x00ED;sima Trinidad, habiendo andado desde el r&#x00ED;o s&#x00F3;lo dos leguas al noroeste. En este paraje no hay agua perenne, aunque nosotros hallamos poca en un arroyo cerca de la bre&#x00F1;a al les-sueste. Corre el R&#x00ED;o de Chama donde nosotros lo pasamos hoy de norte a sur, poco antes de enfrentar con el Cerro del Pedernal de oeste a este hasta pasar del pueblo de Abiqui&#x00FA;. Hoy cinco leguas.
	
</p><p n="6">

D&#x00ED;a 4 salimos del Paraje de la Sant&#x00ED;sima Trinidad rumbo norte, anduvimos dos leguas por el mismo monte, que es de pinos, algunos pi&#x00F1;ones, y robles peque&#x00F1;os. Abunda tambi&#x00E9;n de pasto y de lino muy crecido. C&#x00E9;rcanlo dos mesas grandes que, formando cada una un semic&#x00ED;rculo, casi se juntan en sus puntas, septentrional de la una y austral de la otra, dividi&#x00E9;ndolas un estrecho portillo o puerto. Anduvimos como un cuarto de legua al noroeste y pasamos el portillo, en el cual empieza otra laguna que nombramos de Olivares, y tendr&#x00E1; un cuarto de legua de largo y de ancho doscientas varas m&#x00E1;s o menos. Sus aguas, aunque de no muy buen gusto, son potables.
De la laguna y portillo seguimos al norte media legua y declinamos al noroeste, dejando el camino que va por la Piedra Parada (paraje conocido de los nuestros que han andado por aqu&#x00ED;), y nos dirigieron los gu&#x00ED;as por un chamizal sin senda o vereda alguna, diciendo que por el camino que dej&#x00E1;bamos hab&#x00ED;a tres cuestas muy molestas, y que era menos recto que la derecera que llevaban.
Anduvimos poco m&#x00E1;s de legua, y en el mismo chamizal declinamos al oestenoroeste; volvimos a entrar en el monte (que sigue) y a la media legua tomamos al noroeste. Anduvimos tres leguas y media por una ca&#x00F1;ada fecund&#x00ED;sima de pastos, y llegamos a una vega muy espaciosa del arroyo que por el camino dicho de la Piedra Parada llaman del Belduque. En la vega declinamos al oeste, y andadas arroyo abajo dos leguas paramos en un ca&#x00F1;&#x00F3;n que por cierto accidente llamamos el Ca&#x00F1;&#x00F3;n del Enga&#x00F1;o. Hoy nueve leguas y cuarto. Hay aqu&#x00ED; bastante agua estancada y pasto.
</p><p n="7">

D&#x00ED;a 5 salimos del Ca&#x00F1;&#x00F3;n del Enga&#x00F1;o rumbo sudoeste, y a la media legua llegamos al R&#x00ED;o de Navaj&#x00F3; que nace de la Sierra de la Grulla; corre de nordeste a sudoeste hasta aqu&#x00ED;, desde donde voltea al norte poco m&#x00E1;s de tres leguas hasta juntarse con otro r&#x00ED;o que llaman de San Juan. El dicho de Navaj&#x00F3; es aqu&#x00ED; de menos agua que el de Chama. Pasado el r&#x00ED;o, proseguimos con trabajo por el mismo ca&#x00F1;&#x00F3;n rumbo sur cerca de una legua; declinamos al sudoeste un cuarto de legua, y tres cuartos al oeste por ca&#x00F1;ones, cuestas, y monte muy molesto. Perdieron los pr&#x00E1;cticos la vereda, y aun el corto conocimiento que mostraron tener de este terreno. Y as&#x00ED;, por no bajar m&#x00E1;s, tomamos el rumbo noroeste. Anduvimos sin vereda como tres leguas, subiendo un monte alto pero sin cuesta escarpada, y divisamos la caja del inmediato dicho arroyo. Pasamos a &#x00E9;l por laderas algo escarpadas pero andables, y a las tres leguas poco m&#x00E1;s al oesnoroeste lo pasamos por buen vado y paramos en la banda septentrional. Aqu&#x00ED; ya va incorporado con el de San Juan.
Dijeron los pr&#x00E1;cticos que poco m&#x00E1;s arriba se juntaban estos dos r&#x00ED;os, y as&#x00ED; determinamos observar la latitud de este paraje, y para esto detenernos hasta la tarde del d&#x00ED;a siguiente. H&#x00ED;zose la observaci&#x00F3;n por el meridiano del sol, y hallamos estar el paraje, que nombramos de Nuestra Se&#x00F1;ora de las Nieves, en 37 grados 51 minutos de latitud. Pas&#x00F3; Fray Silvestre a registrar el sitio en que se juntan los dichos r&#x00ED;os de Navaj&#x00F3; y San Juan, y hall&#x00F3; estar tres leguas por el aire casi al oriente de las Nieves, y haber en las riberas de uno y otro en la misma junta buenas proporciones para una poblaci&#x00F3;n mediana.
El R&#x00ED;o de San Juan es m&#x00E1;s caudaloso que el de Navaj&#x00F3;, y m&#x00E1;s al norte dicen que tiene buenas y grandes vegas porque corre por tierra m&#x00E1;s abierta. Juntos ya forman un r&#x00ED;o tan caudaloso como el del Norte en el mes de julio, y se nombra R&#x00ED;o Grande de Navaj&#x00F3; por dividir a la provincia de esta nombre de la naci&#x00F3;n Yuta. Desde la vega y paraje de Nuestra Se&#x00F1;ora de las Nieves para abajo hay buen terreno con proporciones de riego y todo lo dem&#x00E1;s necesario para tres o cuatro poblaciones, aunque fuesen grandes. Esto es en lo que nosotros vimos. A una y otra orilla del r&#x00ED;o hay frondosos y espes&#x00ED;simos bosques de &#x00E1;lamo blanco, roble peque&#x00F1;o, capul&#x00ED;n, manzanita, lemita, y garambullo. Hay tambi&#x00E9;n alguna zarza parrilla, y un &#x00E1;rbol que nos pareci&#x00F3; nogal. Hoy ocho leguas.
</p><p n="8">


D&#x00ED;a 6 por la tarde salimos del Paraje de Nuestra Se&#x00F1;ora de las Nieves r&#x00ED;o abajo y rumbo oeste, y andadas dos leguas y media de mal camino paramos en la orilla del r&#x00ED;o. Ven&#x00ED;a malo del est&#x00F3;mago Don Bernardo Miera, y esta tarde se agrav&#x00F3; mucho; pero quiso Dios que antes que amaneciese el d&#x00ED;a siguiente se aliviase para que pudi&#x00E9;semos proseguir nuestra derrota. Hoy dos leguas y media.
</p><p n="9">

D&#x00ED;a 7 proseguimos por la orilla del r&#x00ED;o y ladera de las mesas inmediatas poco m&#x00E1;s de legua al oeste, y subimos una cuesta dif&#x00ED;cil; declinamos al noroeste y despu&#x00E9;s de otra legua llegamos al r&#x00ED;o que llaman de la Piedra Parada, muy cerca de su incorporaci&#x00F3;n con el de Navaj&#x00F3;. Tiene aqu&#x00ED; una vega muy grande, que nombramos de San Antonio, de muy buen terreno para siembras con proporci&#x00F3;n de riego, con todo lo dem&#x00E1;s que una poblaci&#x00F3;n necesita de le&#x00F1;a, piedra, madera, y pastos, y todo cerca. Nace este r&#x00ED;o al norte del de San Juan en la misma Sierra de la Grulla, corre de norte a sur, y es poco menor que el de Chama que pasa por el pueblo de Abiqui&#x00FA;. Pasado este r&#x00ED;o, caminamos al oeste dos leguas, algo m&#x00E1;s de otras dos al oes-noroeste, y llegamos a la orilla oriental del r&#x00ED;o que llaman de los Pinos, por producirse algunos en sus orillas. Es de buena agua, poco menor que el del Norte; corre por aqu&#x00ED; de norte a sur, entra en el de Navajo, y nace de la Sierra de la Grulla cerca de su punta occidental, en la cual la nombran Sierra de la Plata. Tiene aqu&#x00ED; una vega grande muy abundante de pastos, especialmente de grama, mucho y buen terreno para siembras de riego con todo lo dem&#x00E1;s que puede desearse para una buena poblaci&#x00F3;n. Paramos en ella, nombr&#x00E1;ndola Vega de San Cayetano. Hoy poco m&#x00E1;s de seis leguas.
</p><p n="10">

D&#x00ED;a 8 salimos de la Vega de San Cayetano y R&#x00ED;o de Pinos rumbo oes-noroeste, y a las cuatro leguas llegamos al R&#x00ED;o Florido, que es mediano y menor que el de los Pinos. Nace de la misma sierra m&#x00E1;s al oeste, lleva el mismo rumbo de norte a sur, y tiene por donde lo pasamos una vega grande y de buen terreno para siembras con proporci&#x00F3;n de riego. Los pastos en la vega estaban buenos, mas no en las inmediaciones, aunque en a&#x00F1;os h&#x00FA;medos manifiesta haberlos. Pasado el R&#x00ED;o Florido, caminamos al oeste dos leguas, y al oes-noroeste poco m&#x00E1;s de otras dos; bajamos una cuesta pedrosa y no muy dilatada, y llegamos al R&#x00ED;o de las &#x00E1;nimas cerca de la punta occidental de la Sierra de la Plata en que tiene su origen. Pas&#x00E1;rnoslo, y en la banda opuesta paramos. Es tan grande como el del norte, y ahora llevaba alguna m&#x00E1;s agua y con mayor rapidez, porque aqu&#x00ED; tienen m&#x00E1;s declive sus corrientes, las que son de norte a sur, y entra como los antecedentes en el de Navaj&#x00F3;. Por aqu&#x00ED; va encajonado, pero m&#x00E1;s abajo dicen que tiene buenas vegas. Hoy ocho leguas poco m&#x00E1;s. Aqu&#x00ED; no hay buen pasto, pero lo hay poco m&#x00E1;s adelante.	
</p><p n="11">

D&#x00ED;a 9 salimos del R&#x00ED;o de las &#x00E1;nimas, subimos la cuesta occidental al r&#x00ED;o que, aunque no es muy dilatada, es bien penosa por ser de bastante piedra y en parte muy escarpada. Pasamos el peque&#x00F1;o monte de su cima, con el cual tendr&#x00E1; poco m&#x00E1;s de cuarto de legua. Entramos en una ca&#x00F1;ada de abundantes pastos, anduvimos por ella una legua al oeste y declinamos al oeste cuarta al noroeste, y andadas tres leguas por un monte frondoso de buenos pastos, llegamos al R&#x00ED;o de San Joaqu&#x00ED;n, por otro nombre de la Plata, el que es peque&#x00F1;o y como el que pasa por el pueblo de San Ger&#x00F3;nimo de los Taos.
Nace en la misma punta occidental de la Sierra de la Plata, y baja por el mismo ca&#x00F1;&#x00F3;n en que dicen haber vetas y descubiertas de metal; mas, aunque a&#x00F1;os pasados vinieron varios sujetos del Nuevo M&#x00E9;jico a registrarlas de &#x00F3;rden del gobernador, que entonces era Don Tom&#x00E1;s V&#x00E9;lez Cachup&#x00ED;n, y llevaron piedras met&#x00E1;licas, no se averigu&#x00F3; con certidumbre de cu&#x00E1;l metal fuesen. El juicio que algunos hicieron antes por relaciones de varios Indios y de algunos vecinos de este Reino, de que eran minerales de plata, ocasion&#x00F3; a la sierra este nombre. 
Desde la dicha cuesta del R&#x00ED;o de las &#x00E1;nimas hasta este de San Joaqu&#x00ED;n es terreno muy h&#x00FA;medo, en que por la inmediaci&#x00F3;n a la sierra llueve con mucha frecuencia; por lo que as&#x00ED; en el monte, que es de pinos muy altos y derechos, roble peque&#x00F1;o y de diversos g&#x00E9;neros de frutas silvestres, como en sus ca&#x00F1;adas, hay bell&#x00ED;simos pastos. El temperamento aqu&#x00ED; es demasiadamente fr&#x00ED;o aun en el mes de julio y agosto. Entre las frutas dichas se produce una de color negro, gusto agradable, y muy parecida al nispero aunque no tan dulce. No proseguimos hoy adelante porque las caballer&#x00ED;as no hab&#x00ED;an cenado bien la noche antecedente y ven&#x00ED;an algo debilitadas, y tambi&#x00E9;n porque un copioso y largo aguacero nos hizo parar. Hoy cuatro leguas y cuarto, casi todas al oeste.

</p><p n="12">

D&#x00ED;a 10, aunque el padre Fray Francisco Atanasio amaneci&#x00F3; agravado de un corrimiento reum&#x00E1;tico que desde el d&#x00ED;a antecedente empez&#x00F3; a sentir en el rostro y cabeza, y era preciso hacer alguna mansi&#x00F3;n hasta que se alentase, las continuas lluvias, la intemperie y mucha humedad del sitio, nos obligaron a salir de &#x00E9;l rumbo norte; andada media legua poco m&#x00E1;s declinamos al noroeste. Anduvimos una legua, y tomamos al oeste por ca&#x00F1;adas de monte muy amenas y muy abundantes de pastos, rosas y flores diferentes, y como a las dos leguas nos volvi&#x00F3; a llover muy copiosamente; agrav&#x00F3;se m&#x00E1;s el padre Fray Francisco Atanasio, p&#x00FA;sose el camino inandable, y as&#x00ED; andadas con mucho trabajo otras dos leguas al oeste, nos fue preciso parar en la orilla del primero riachuelo de los dos que componen el de San L&#x00E1;zaro, por otro nombre de los Mancos. Siguen los pastos con mucha abundancia. Hoy cuatro leguas y media.
</p><p n="13">

D&#x00ED;a 11, sin embargo del mucho fr&#x00ED;o y humedades que padec&#x00ED;amos, no pudimos mudar de paraje, pues el padre Fray Francisco Atanasio amaneci&#x00F3; muy fatigado del dicho accidente y con alguna calentura. Por lo cual no pudimos pasar a ver las referidas vetas y piedras met&#x00E1;licas de la sierra, aunque estaban a poca distancia seg&#x00FA;n nos asegur&#x00F3; un compa&#x00F1;ero que las hab&#x00ED;a visto en otra ocasi&#x00F3;n.
</p><p n="14">

D&#x00ED;a 12 amaneci&#x00F3; con alg&#x00FA;n alivio el padre Fray Francisco Atanasio y, por mudar de terreno y temperamento m&#x00E1;s bien que por adelantar jornada, salimos del paraje y R&#x00ED;o de San L&#x00E1;zaro rumbo noroeste. Anduvimos poco m&#x00E1;s de legua, declinamos al oeste cuarta al oes-noroeste cinco leguas por monte frondoso y de buenos pastos, tomamos al oeste, anduvimos dos leguas y media por un chamizal de poco pasto, y andado un cuarto de legua al norte pasamos el R&#x00ED;o de Nuestra Se&#x00F1;ora de los Dolores y paramos en su orilla septentrional. Nace este r&#x00ED;o de la falda septentrional de la Sierra de la Plata, corre hasta aqu&#x00ED; al sudoeste, y de aqu&#x00ED; voltea. Es poco menor que el R&#x00ED;o del Norte por este tiempo. Hoy poco m&#x00E1;s de ocho leguas y media.
</p><p n="15">

D&#x00ED;a 13 hicimos mansi&#x00F3;n, ya porque el Padre se recobrase algo m&#x00E1;s para	proseguir, ya para observar la altura de este sitio y vega del R&#x00ED;o de los Dolores en que nos hall&#x00E1;bamos. H&#x00ED;zose la observaci&#x00F3;n por el sol, y vimos estar en 38 grados y 13 minutos y medio de latitud. Hay aqu&#x00ED; cuanto una buena poblaci&#x00F3;n necesita para su establecimiento y subsistencia de tierras de riego, pastos, madera y le&#x00F1;a. En la banda austral del r&#x00ED;o sobre un alto hubo antiguamente una poblaci&#x00F3;n peque&#x00F1;a, de la misma forma que las de los indios del Nuevo M&#x00E9;jico, seg&#x00FA;n manifiestan las ruinas que de intento registramos. Alivi&#x00F3;se el padre Fray Francisco Atanasio, y determinamos proseguir el d&#x00ED;a siguiente nuestra derrota.
	

</p><p n="16">

D&#x00ED;a 14 salimos de la Vega y r&#x00ED;o de Dolores rumbo norte, y andado un cuarto de legua proseguimos al noroeste una legua, al noroeste cuarta al oeste cinco leguas por un chamizal algo molesto. Entramos en un ca&#x00F1;&#x00F3;n alto y fragoso, y habiendo andado por &#x00E9;l dos leguas al norte llegamos segunda vez al R&#x00ED;o de Dolores que ya aqu&#x00ED; corre al noroeste. Pas&#x00E1;rnoslo dos veces en corto espacio y paramos a su orilla occidental, nombrando el paraje, que es una corta vega de buen pasto, de la Asunci&#x00F3;n de Nuestra Se&#x00F1;ora.
Esta tarde nos alcanzaron un coyote y un gen&#x00ED;zaro de Abiqui&#x00FA;, nombrados el primero Felipe y el segundo Juan Domingo. Por vagar entre los gentiles se huyeron sin permiso de sus superiores del dicho pueblo, pretextando querer acompa&#x00F1;arnos. No necesit&#x00E1;bamos de ellos; mas, por evitar las culpas que, o por su ignorancia o por su malicia pod&#x00ED;an cometer andando m&#x00E1;s tiempo entre los yutas si intent&#x00E1;bamos que se regresasen, los admitimos por compa&#x00F1;eros. Hoy ocho leguas y cuarto.
	
</p><p n="17">

D&#x00ED;a 15 salimos de la Asunci&#x00F3;n (en el R&#x00ED;o de Dolores) por un ca&#x00F1;&#x00F3;n de alguna aspereza y piedra por el que anduvimos un cuarto de legua al oesnoroeste. Tomamos luego al noroeste, y andada una legua y media poco menos, declinamos al nor-noroeste, y por un chamizal de buena tierra y casi llana anduvimos poco m&#x00E1;s de tres leguas. Volvimos al noroeste una legua, y andadas otras dos y media al oeste y por la vereda que m&#x00E1;s se retira del r&#x00ED;o entre las dos en que se divide, la cual desde la Asunci&#x00F3;n tra&#x00ED;amos, paramos a sestear en un peque&#x00F1;o arroyo que los pr&#x00E1;cticos cre&#x00ED;an tener agua; mas lo hallamos totalmente seco.
No sab&#x00ED;amos que por este rumbo hubiese otro aguaje suficiente y a proporcionada distancia para llegar a &#x00E9;l hoy, por lo que enviamos a reconocer lo que hab&#x00ED;amos de andar esta tarde. Hall&#x00E1;se uno, aunque tan escaso que solo bast&#x00F3; para la gente, mas no para la caballada. Estaba tapado con piedras y le&#x00F1;os seg&#x00FA;n manifestaba de prop&#x00F3;sito. Es de agua perenne, no de muy buen gusto. Tap&#x00E1;ronlo acaso los yutas por alg&#x00FA;n infortunio que les sobrevino en este sitio, pues seg&#x00FA;n nos dijeron algunos de los compa&#x00F1;eros que han andado entre ellos, as&#x00ED; acostumbran hacerlo en tales casos. A la tarde proseguimos, y andadas dos leguas al noroeste y media al norte, llegamos al dicho aguaje  que nombramos la Agua Tapada. Hoy nueve leguas y tres cuartos.
</p><p n="18">

D&#x00ED;a 16 nos faltaron m&#x00E1;s de la mitad de las bestias, que como no hab&#x00ED;an tenido agua se extraviaron busc&#x00E1;ndola, y la hallaron cerca del camino en la mitad de la jornada de ayer. Aparecieron y vinieron ya tarde. Por cuyo motivo salimos de la Agua Tapada a las diez y media de la ma&#x00F1;ana, tomamos una vereda poco usada que juzgamos nos durar&#x00ED;a hasta llegar otra vez al R&#x00ED;o de los Dolores que intent&#x00E1;bamos seguir. Mas, habiendo andado por ella dos leguas al noroeste, y legua y media al oeste, se nos acab&#x00F3; porque la tierra era muy suelta y con las aguas se hab&#x00ED;a borrado. Desde aqu&#x00ED; tomamos al noroeste; al cuarto de legua entramos en un ca&#x00F1;&#x00F3;n, al principio ancho, en que hallamos un camino muy usado. Segu&#x00ED;moslo, y andado otro cuarto de legua al norte hallamos un aguaje que nos pareci&#x00F3; suficiente para la gente y caballada, y que por estar por lado oriental oculta en un bosque espeso de pi&#x00F1;&#x00F3;n y sabina, nombramos la Agua Escondida. No se dan mas se&#x00F1;as de este aguaje porque el camino dicho va rectamente a &#x00E9;l.
Hici&#x00E9;ronse dos bateques para que pudiese beber la caballada, que bebi&#x00F3; toda aunque no muy a satisfacci&#x00F3;n. Mientras reconoc&#x00ED;amos el terreno por uno y otro lado para proseguir esta tarde, sigui&#x00F3; solo y sin que lo vi&#x00E9;semos Don Bernardo Miera por el dicho ca&#x00F1;&#x00F3;n. As&#x00ED; que por el impulso de seguir la jornada paramos, enviamos a otro compa&#x00F1;ero para que lo regresase antes que se pudiese extraviar; mas, se adelant&#x00F3; tanto que hasta despu&#x00E9;s de media noche no llegaron a donde los dem&#x00E1;s est&#x00E1;bamos con bastante cuidado por la tardanza de los dos. Dijeron haber llegado por el ca&#x00F1;&#x00F3;n al r&#x00ED;o de Dolores, y que en el intermedio no hab&#x00ED;a m&#x00E1;s que un trecho dif&#x00ED;cil de pasar pero componible. Con esto determinamos seguir a otro d&#x00ED;a por aqu&#x00ED;. Hoy cuatro leguas.
</p><p n="19">


D&#x00ED;a 17 salimos de la Agua Escondida, y como a las tres y media de la tarde llegamos tercera vez al r&#x00ED;o de Dolores, habiendo andado por todo el ca&#x00F1;&#x00F3;n y sus muchas vueltas siete leguas al norte, que rectamente ser&#x00E1;n cuatro o cinco cuando m&#x00E1;s. Al ca&#x00F1;&#x00F3;n nombramos el Laberinto de Miera por los diferentes y agradables aspectos de los pe&#x00F1;oles que a uno y otro lado tiene, y que siendo tan elevados y escarpados en las vueltas parece cuanto m&#x00E1;s se anda se dificulta m&#x00E1;s la salida, y porque don Bernardo Miera fue el primero que la anduvo. Todo es transitable y no muy molesto a las caballadas, exceptuando un paso que es f&#x00E1;cilmente componible.
Al llegar al r&#x00ED;o vimos rastros bien recientes de yutas, por lo que juzgamos estar cerca de aqu&#x00ED; una rancher&#x00ED;a de ellos. Y considerando que si nos hab&#x00ED;an visto y no los solicit&#x00E1;bamos, pod&#x00ED;an recelar alg&#x00FA;n perjuicio de nosotros cuyo temor los inquietase; y que alguno de ellos pod&#x00ED;a guiarnos o ministrarnos algunas luces para proseguir nuestra derrota con menos dificultad y trabajo que el que ya padec&#x00ED;amos, porque ninguno de los compa&#x00F1;eros conoc&#x00ED;a los aguajes y terreno de adelante, determinamos buscarlos.
Luego que paramos en un anc&#x00F3;n del r&#x00ED;o, que nombramos San Bernardo, fue el Padre Fray Francisco Atanasio, acompa&#x00F1;ado de Andr&#x00E9;s Mu&#x00F1;iz int&#x00E9;rprete y de Don Juan Pedro Cisneros, siguiendo los rastros r&#x00ED;o arriba como tres leguas. Reconocieron ser yutas tabehuachis, mas no pudieron hallarlos, habiendo llegado hasta el desemboque del peque&#x00F1;o R&#x00ED;o de las Paral&#x00ED;ticas en el de Dolores. Dicen que este R&#x00ED;o de las Paral&#x00ED;ticas (nombrado as&#x00ED; porque los primeros de los nuestros que lo vieron hallaron en una rancher&#x00ED;a que estaba en su orilla tres mujeres Yutas con la enfermedad de este nombre) divide a los yutas tabehuachis de los muhuachis, habitando estos al sur y aquellos al norte. Hoy siete leguas, que ser&#x00ED;an rectamente cuatro al norte.
</p><p n="20">

D&#x00ED;a 18 fueron temprano dos compa&#x00F1;eros a reconocer por donde pod&#x00ED;amos salir de la caja del r&#x00ED;o, que aqu&#x00ED; por uno y otro lado tiene mesas altas y de mucha piedra, para no alejarnos de &#x00E9;l mientras no mudase de rumbo que aqu&#x00ED; es norte, ni extraviarnos por la falta de aguas y pastos. No se pudo saber por d&#x00F3;nde podr&#x00ED;amos salir sin ir por la caja del r&#x00ED;o en que por la mucha piedra, y ser preciso pasarlo muchas veces, tem&#x00ED;amos se nos despeasen las caballer&#x00ED;as. Anduvimos r&#x00ED;o abajo, saliendo del anc&#x00F3;n de San Bernardo una legua al norte, y paramos para que fuesen a reconocer m&#x00E1;s de lo que por la ma&#x00F1;ana hab&#x00ED;an andado. Como a las ocho de la ma&#x00F1;ana volvieron diciendo que s&#x00F3;lo por la caja del r&#x00ED;o podr&#x00ED;amos, aunque con trabajo, salir de esta meser&#x00ED;a inandable. Por lo que determinamos seguir por la caja del r&#x00ED;o. Hoy una legua norte.
</p><p n="21">

D&#x00ED;a 19 proseguimos r&#x00ED;o abajo, y andadas con no poca dificultad una legua al nordeste, y otra al noroeste, paramos en un anc&#x00F3;n del r&#x00ED;o para que bebiendo la caballer&#x00ED;a pudi&#x00E9;semos dejarlo y seguir una vereda que iba al noroeste, tomando aqu&#x00ED; el r&#x00ED;o para el norte si acaso nos permit&#x00ED;a la aspereza del terreno. Fue &#x00ED;nterin a reconocer si la dicha vereda era transitable uno de los compa&#x00F1;eros, hasta pasar la cordillera de mesas altas y pedrosas que por ella pens&#x00E1;bamos atravesar por ser ya inandable la caja del r&#x00ED;o. Hall&#x00F3;se no seguir la vereda por terreno andable al rumbo dicho del noroeste. Otra senda o vereda se encontr&#x00F3; para el sudoeste; mas, aunque se examin&#x00F3; por largo espacio, y en &#x00E9;ste no ten&#x00ED;a embarazo, no nos atrevimos a seguirla porque m&#x00E1;s adelante de lo registrado se divisaban mesas altas y ca&#x00F1;&#x00F3;nes en que pod&#x00ED;amos volver a encerrarnos y vernos precisos a retroceder.
A m&#x00E1;s de esto, la mucha aridez de las inmediaciones vistas nos hac&#x00ED;a creer que los bateques de agua llovediza, y aun los ojos de agua corriente que por aqu&#x00ED; podr&#x00ED;an encontrarse, estar&#x00ED;an totalmente secos. Consultamos con los compa&#x00F1;eros que hab&#x00ED;an viajado por esta tierra qu&#x00E9; rumbo tomar&#x00ED;amos para evitar tantos inconvenientes, y cada uno era de distinto parecer. Hall&#x00E1;ndonos, pues, en esta confusi&#x00F3;n sin saber si podr&#x00ED;amos seguir la dicha vereda, o si nos convendr&#x00ED;a retroceder un poco y tomar el camino que va para los yutas sabuaganas, pusimos nuestra confianza en Dios y nuestra voluntad en la de su Majestad Sant&#x00ED;sima, y habiendo implorado la intercesi&#x00F3;n de nuestros sant&#x00ED;simos patronos para que Dios nos dirijese por donde fuese m&#x00E1;s conduciente a su sant&#x00ED;simo servicio, sorteamos los dos dichos caminos y nos sali&#x00F3; el de los sabuaganas. El cual determinamos seguir hasta llegar a ellos.
Observamos en este sitio, que nombramos el Caj&#x00F3;n del Yeso por haberlo en una mesa inmediata, la altura por el sol, y nos hallamos en 39 grados y 6 minutos de latitud. Hoy dos leguas.
	
</p><p n="22">

D&#x00ED;a 20 salimos del Caj&#x00F3;n del Yeso, retrocediendo una legua al sueste. Volvimos a pasar el r&#x00ED;o, a cuyo les-nordeste como un cuarto de legua vimos en unos cerrillos minas de yeso transparente muy bueno. Pasado el r&#x00ED;o, entramos en una ca&#x00F1;ada ancha, y por una vereda bien trillada que va al pie de una mesa alta anduvimos tres leguas al les nordeste. Luego a instancias de Don Bernardo Miera, que no gustaba seguir este camino, nos llev&#x00F3; el int&#x00E9;rprete Andr&#x00E9;s por una cuesta alta escarpada, y de tanta piedra que juzgamos vernos precipitados a retroceder desde la mitad de ella, porque se maltrataban tanto las caballer&#x00ED;as que muchas de ellas se&#x00F1;alaban el rastro en las piedras con la sangre que &#x00E9;stas les sacaban de pies y manos. Sub&#x00ED;rnosla con ingent&#x00ED;simo trabajo, y al cabo de algunas horas rumbo norte, andado como un cuarto de legua en la subida, en la cima anduvimos una milla al noroeste. Y desde aqu&#x00ED; vimos que el camino iba por abajo de esta mesa y por tierra buena y del todo llana.
En la bajada, que es extendida y sin piedra, anduvimos m&#x00E1;s de tres cuartos de legua al norte. Proseguimos poco m&#x00E1;s de legua al nordeste por un chamizal en que hab&#x00ED;a mucho nopal chico; y por evitar la molestia que &#x00E9;ste daba a las caballer&#x00ED;as, entramos en la caja de un arroyo; y andada por ella una legua al leste, llegamos inopinadamente a un aguaje copioso y de buena agua, que se compone de la que estanca cuando llueve y de una peque&#x00F1;a fuente. Al cual nombramos San Bernab&#x00E9;. Es, seg&#x00FA;n manifiestan las veredas y ruinas de chozas que aqu&#x00ED; hay, paraje de Yutas, y a &#x00E9;l viene el camino que dejamos al subir la dicha intransitable cuesta. Aqu&#x00ED; paramos aunque el pasto no es muy abundante, habiendo andado hoy seis leguas (sin el retroceso).
	

</p><p n="23">

D&#x00ED;a 21 salimos del Aguaje de San Bernab&#x00E9;, y por el ca&#x00F1;&#x00F3;n en cuyo principio austral est&#x00E1;, anduvimos cuatro leguas al norte de no muy buen terreno y algunos pasos dificultosos. En la mitad del ca&#x00F1;&#x00F3;n hay buenos bateques de agua, y casi en el fin por el espacio de un cuarto de legua corre tanta agua como la de una fuente mediana. Pasado este ca&#x00F1;&#x00F3;n, anduvimos una legua poco menos al noroeste por un chamizal llano. Entramos en otro ca&#x00F1;&#x00F3;n de tan mal camino como el antecedente, y andada por &#x00E9;l una legua larga al norte llegamos al R&#x00ED;o de San Pedro, y paramos en una vega corta que aqu&#x00ED; tiene, nombr&#x00E1;ndola el Paraje de San Luis. Hoy seis leguas.
</p><p n="24">

D&#x00ED;a 22 salimos del Paraje de San Luis, pasamos el r&#x00ED;o, subimos una cuesta bien alta y escarpada mas no de mucha piedra, entrando en una mesa dilatada que es como remanente de la Sierra de los Tabehuachis. Anduvimos por ella rumbo nordeste dos leguas, les-nordeste m&#x00E1;s de media legua, les-sueste otra media, y bajamos de la mesa por otra cuesta escarpada pero corta, y es la que don Juan Mar&#x00ED;a de Ribera pondera por muy penosa en su diario. Luego por la orilla del r&#x00ED;o de San Pedro (r&#x00ED;o arriba) anduvimos una legua rumbo nordeste. Paramos a sestear, y fueron a reconocer lo que hab&#x00ED;amos de andar a la tarde, dejando ya el r&#x00ED;o si hab&#x00ED;a cerca aguaje, y si no el d&#x00ED;a siguiente. Volvieron tarde los que a esto fueron, y as&#x00ED; dormimos en este sitio que nombramos de San Felipe. Hoy cuatro leguas.
</p><p n="25">

D&#x00ED;a 23 salimos del Paraje de San Felipe (en el R&#x00ED;o de San Pedro), subimos una loma, y por el pie de la Sierra de los Tabehuachis (as&#x00ED; nombrada por habitarla los yutas de este nombre) anduvimos cuatro leguas que, por las muchas vueltas que dimos, ser&#x00ED;an dos al leste de San Felipe. Dejamos ya el dicho R&#x00ED;o de San Pedro que nace de la Sierra de las Grullas, en el brazo de ella que, despu&#x00E9;s del que nombran Sierra de la Plata, sigue al norte, corre al noroeste y al oeste hasta juntarse con el de Dolores cerca de la peque&#x00F1;a sierra que nombran de la Sal, por haber junto a ella salinas de las que, seg&#x00FA;n nos informaron, se proveen los yutas que habitan por aqu&#x00ED;. Es r&#x00ED;o mediano.
Paramos a sestear cerca de un aguaje perenne que baja de la sierra, y en un chamizal llano que a la parte austral tiene una ca&#x00F1;ada de buen pasto y antes de ella forma a modo de ceja. Sobre &#x00E9;sta hay ruinas de un peque&#x00F1;o y antiguo pueblo, cuyas casas parecen haber sido de piedra con la cual tienen formada los yutas tabehuachis una trinchera d&#x00E9;bil y tosca. Aqu&#x00ED; ya volvimos a hallar buenos pastos para las caballer&#x00ED;as, los cuales se nos hab&#x00ED;an escaseado desde el Paraje de la Asunci&#x00F3;n en el R&#x00ED;o de Dolores hasta hoy, porque estaba la tierra tan abrazada y seca que manifestaba no haber llovido en todo este verano.
A la tarde empez&#x00F3; a llover, ces&#x00F3; al cabo de hora y media poco m&#x00E1;s, y proseguimos nuestra jornada subiendo la Sierra de los Tabehuachis por una loma alta y en partes escarpada; y andadas una legua al nordeste y otra al leste, nos alconz&#x00F3; un yuta tabehuachi, que fue el primero que en todo lo hasta aqu&#x00ED; andado (desde la primera jornada del pueblo de Abiqui&#x00FA; en que encontramos otros dos) hab&#x00ED;amos visto. Para hablar de espacio con &#x00E9;l, paramos cerca del origen del aguaje en que sesteamos y aqu&#x00ED; nombramos la Fuente de la Gu&#x00ED;a. D&#x00ED;mosle de comer y chupar, y despu&#x00E9;s por medio del int&#x00E9;rprete le hicimos varias preguntas sobre la tierra de adelante, los r&#x00ED;os y su curso. Tabi&#x00E9;n le preguntamos d&#x00F3;nde se hallaban los tabehuachis, muhuachis, y sabuaganas.
Al principio todo lo ignoraba, aun hasta el terreno de su habitaci&#x00F3;n. Mas, despu&#x00E9;s que se le quit&#x00F3; algo del temor y el recelo con que nos hablaba, dijo que los Sabuaganas estaban en su tierra todos y que los encontrar&#x00ED;amos presto; que los tabehuachis andaban por esta sierra y sus inmediaciones dispersos; que los r&#x00ED;os, desde el de San Pedro hasta el de San Rafael inclusive, entran en el de Dolores, y que &#x00E9;ste se incorpora con el de Navaj&#x00F3;. Propus&#x00ED;mosle que si nos quer&#x00ED;a guiar hasta la rancher&#x00ED;a de un capit&#x00E1;n sabuagana, que nuestro int&#x00E9;rprete y otros dec&#x00ED;an ser muy afecto a los espa&#x00F1;oles y conocer mucha tierra. Admiti&#x00F3; con la condici&#x00F3;n de que lo esper&#x00E1;semos hasta la tarde del d&#x00ED;a siguiente; convenimos en esperarlo, ya porque nos guiase, ya porque no llegase a sospechar de nosotros alguna cosa que inquietase a &#x00E9;l y a los dem&#x00E1;s. Hoy seis leguas.
	

</p><p n="26">

D&#x00ED;a 24 antes de las doce lleg&#x00F3; dicho yuta a donde lo est&#x00E1;bamos esperando con su familia, otras dos mujeres y cinco ni&#x00F1;os, dos de pecho y tres de ocho a diez a&#x00F1;os, todos de buen aspecto y muy afables. juzgaban que &#x00ED;bamos a comerciar, y as&#x00ED; trajeron gamuzas y otras cosas para cambiar. Entre &#x00E9;stas tra&#x00ED;an pasas de manzanita negra, de la cual ya hablamos al principio de este diario, las cuales son muy semejantes a las de uva peque&#x00F1;a y muy sabrosas. Persuad&#x00ED;mosles, aunque ellos no lo creyeron enteramente, que no ven&#x00ED;amos a lo que pensaban ni tra&#x00ED;amos g&#x00E9;neros de comercio. Y porque no nos tuviesen por exploradores de su tierra con el fin de conquistarla despu&#x00E9;s de vista, y nos embarazasen el progreso, haci&#x00E9;ndonos juicio que de los Cosninas pod&#x00ED;a haber pasado noticia del viaje del reverendo padre Fray Francisco Garc&#x00E9;s a los yutas payuchis, y de estos a los dem&#x00E1;s, dijimos que un padre, nuestro hermano, hab&#x00ED;a venido a Cosnina y Moqui, que de aqu&#x00ED; se hab&#x00ED;a vuelto a Cosnina.
Con esto se aquietaron enteramente compadecidos de nuestro cuidado, y dijeron que no hab&#x00ED;an tenido noticia de dicho padre. Dimos de comer a todos, y la mujer de nuestro gu&#x00ED;a nos present&#x00F3; un poco de carne seca de ciervo y dos platos de pasa o manzanita seca, lo que le correspondimos con harina. Despu&#x00E9;s de medio d&#x00ED;a dimos al yuta lo que pidi&#x00F3; por conducirnos, que fueron dos belduques y diez y seis hilos de abalorio blanco. Los que entreg&#x00F3; a su mujer que con las otras se fue para sus ranchos al tiempo que nosotros con &#x00E9;l (a quien desde aqu&#x00ED; empezamos a llamar Atanasio) salimos de la Fuente de la Gu&#x00ED;a.
Anduvimos por la falda de la sierra media legua al leste, otra media al lessueste, y un cuarto de legua al sueste. Volvimos al leste dejando una vereda que va al sueste, apart&#x00E1;ndose de la que tra&#x00ED;amos; y andados tres cuartos de legua, uno al sueste y dos al leste, paramos en una ca&#x00F1;ada cuya bajada y subida son muy altas pero no dif&#x00ED;ciles. Por lo cual la llamamos la Ca&#x00F1;ada Honda. En ella hay una fuente copiosa y de buena agua, mucha le&#x00F1;a, y abundante pasto para las caballer&#x00ED;as. Hoy dos leguas.
	
</p><p n="27">

D&#x00ED;a 25 salimos de la Ca&#x00F1;ada Honda rumbo leste, y por matas densas de roble peque&#x00F1;o anduvimos media legua; declinamos al sueste por tierra m&#x00E1;s desembarazada, y por la misma vereda anduvimos tres leguas y media; y andada otra media al leste empezamos ya a atravesar la sierra rumbo nordeste, y a la legua y media de buena tierra, desembarazada ya y sin cuesta penosa, llegamos a su cima, que es un collado de muy buenos pastos y de agradable aspecto por las bre&#x00F1;as y hermosos bosques de &#x00E1;lamo que divididos por corto espacio unos de otros produce. Hay aqu&#x00ED; tres veredas, y nosotros seguimos la que va al nordeste. Andada a este rumbo legua y media, paramos todav&#x00ED;a en la falda septentrional de la sierra y en una fuente copiosa de buena agua, que nombramos el Ojo de La&#x00ED;n y nace como seis pasos vulgares al leste de la vereda. Antes que se pudiese preparar alg&#x00FA;n alimento de que tra&#x00ED;amos bastante necesidad, cay&#x00F3; un aguacero copioso. Hoy siete leguas y media.
	
</p><p n="28">

D&#x00ED;a 26 salimos del Ojo de La&#x00ED;n rumbo nordeste, y anduvimos una legua. Aqu&#x00ED; se divide en dos la vereda que tra&#x00ED;amos, una para el les-nordeste y otra para el nordeste. Esta seguimos, y andadas dos leguas y media al nordeste, acabamos de bajar la sierra y entramos en las riberas y vegas del r&#x00ED;o de San Francisco, nombrado de los yutas ancapagari (que seg&#x00FA;n el int&#x00E9;rprete dice Laguna Colorada) porque dicen haber cerca de su nacimiento un ojo de agua colorada, caliente, y de mal gusto. En esta vega del r&#x00ED;o, que es grande y muy llana, hay un camino muy ancho y trillado. Por &#x00E9;l r&#x00ED;o abajo anduvimos legua y media al noroeste, y paramos junto a una ci&#x00E9;nega grande muy abundante de pasto que nombramos La Ci&#x00E9;nega de San Francisco. Hoy cinco leguas.
</p>






<div1>
<head rend="bold">
Descripci&#x00F3;n de las Sierras hasta aqu&#x00ED; vistas</head><p n="29">
La de la Grulla, y de la Plata, empieza cerca del paraje nombrado El Cobre e inmediato a la poblaci&#x00F3;n ahora desierta. Del nacimiento corre casi al noroeste y como a las setenta leguas de Santa Fe forma una punta hacia al oes-sudoeste, y es la que nombran Sierra de la Plata. De aqu&#x00ED; sigue al nor-nordeste, declinando al norte desde poco antes de la Sierra de los Tabehuachis hasta la otra peque&#x00F1;a nombrada del Venado Alaz&#x00E1;n, que es donde finaliza por la parte del norte. Por la del oriente se une, seg&#x00FA;n noticia, con la del Almagre y con la Sierra Blanca. Al oes-sudoeste cuarta al oeste de la punta de la Plata, como treinta leguas, se mira otra peque&#x00F1;a sierra nombrada del D&#x00E1;til. Esta sierra derrama para la parte occidental todos los r&#x00ED;os que hasta ahora hemos pasado, y los de adelante hasta el de San Rafael inclusivemente.
La Sierra de los Tabehuachis que acabamos de pasar corre al norte; tendr&#x00E1; de longitud treinta leguas, y por donde nosotros la atravesamos ocho o diez de latitud. Abunda de pastos buenos y es muy h&#x00FA;meda, y tiene buenos terrenos para siembras de temporal. Produce con abundancia pi&#x00F1;&#x00F3;n, pinavete, pino real, roble peque&#x00F1;o, varias especies de fruta silvestre, y en algunas partes lino. Cr&#x00ED;anse en ella ciervos, corzos y otros animales, y unas gallinas en el tama&#x00F1;o y hechura como las comunes dom&#x00E9;sticas; de las que se diferencian en no tener cresta. Su carne es muy gustosa. Como veinte leguas al oeste de esta sierra est&#x00E1; la de la Sal, que tambi&#x00E9;n parece peque&#x00F1;a. Al oes-sudoeste cosa de cuatro leguas se mira otra que llaman la Sierra de Abajo.
</p><p n="30">
El r&#x00ED;o dicho de San Francisco es mediano y poco mayor que el de Dolores. Comp&#x00F3;nese de varios riachuelos que bajan de la falda occidental de la Sierra de las Grullas, y corre al noroeste en lo que vimos. Tiene aqu&#x00ED; una vega de buen terreno para siembras con proporci&#x00F3;n de riego. Tendr&#x00E1; tres leguas. Hay todo lo dem&#x00E1;s para establecer en ella una buena poblaci&#x00F3;n. Al norte de esta vega hay una cordillera de cerrillos y lomas de color plomoso coronados de tierra amarilla.
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D&#x00ED;a 27 salimos de la Ci&#x00E9;nega de San Francisco r&#x00ED;o abajo y rumbo noroeste. A poca distancia encontramos un yuta nombrado El Zurdo con su familia. Detuvimosnos gran rato con &#x00E9;l, y despu&#x00E9;s de larga conversaci&#x00F3;n no sacamos otra utilidad que haber sufrido el calor del sol, que era muy ardiente todo el tiempo que dur&#x00F3;. Proseguimos nuestra jornada por la vega, y habiendo caminado dos leguas y media al noroeste, pasamos el r&#x00ED;o, el frondoso y espeso bosque de &#x00E1;lamos y otros &#x00E1;rboles que aqu&#x00ED; produce su ribera. Subimos una cuesta peque&#x00F1;a, entramos en un llano sin pastos pero de alguna piedra menuda, y andadas en todo r&#x00ED;o abajo tres leguas y media al noroeste paramos en otra vega del mismo r&#x00ED;o que nombramos de San Agust&#x00ED;n. Es grande, y por una y otra banda de &#x00E9;l tiene abundantes pastos y mucho &#x00E1;lamo negro. Hoy seis leguas.
M&#x00E1;s abajo, y como cuatro leguas al norte de esta Vega de San Agust&#x00ED;n, se incorpora este r&#x00ED;o con otro mayor que el nombrado por los nuestros de San Xavier, y por los Yutas R&#x00ED;o del Tomichi. A estos dos r&#x00ED;os ya juntos lleg&#x00F3; el a&#x00F1;o de 65 Don Juan Mar&#x00ED;a de Ribera, atravesando la misma Sierra de los Tabehuachis en cuya cima est&#x00E1; el paraje que nombr&#x00F3; El Purgatorio, seg&#x00FA;n las se&#x00F1;as que da en su derrotero.
La vega en que par&#x00F3; para vadear el r&#x00ED;o, y en que dicen haber esculpido en un renuevo de &#x00E1;lamo una cruz, los car&#x00E1;cteres que dicen su nombre y el a&#x00F1;o de expedici&#x00F3;n, se halla casi en la misma junta en la banda austral, seg&#x00FA;n nos asegur&#x00F3; nuestro int&#x00E9;rprete Andr&#x00E9;s Mu&#x00F1;iz, que con el dicho Don Juan Mar&#x00ED;a lleg&#x00F3; el a&#x00F1;o referido hasta la Sierra de los Tabehuachis, diciendo que aunque &#x00E9;l se qued&#x00F3; entonces tres jornadas antes del r&#x00ED;o, viniendo el a&#x00F1;o pasado de 75 por su orilla con Pedro Mora y Gregorio Sandoval que acompa&#x00F1;aron en toda la citada expedici&#x00F3;n a Don Juan Mar&#x00ED;a, dijeron que hasta &#x00E9;l hab&#x00ED;an llegado entonces, y desde &#x00E9;l hab&#x00ED;an principiado su regreso, habi&#x00E9;ndolo pasado solamente ellos dos, enviados por dicho Don Juan Mar&#x00ED;a a buscar yutas en la banda opuesta a la vega en que pararon, y desde la cual se regresaron. Y as&#x00ED;, que &#x00E9;ste era el que ellos entonces juzgaron ser el gran r&#x00ED;o del Tiz&#x00F3;n.
	
</p><p n="32">

D&#x00ED;a 28 salimos de la Vega de San Agust&#x00ED;n dejando ya el R&#x00ED;o de San Francisco rumbo norte, y andada media legua proseguimos tres leguas y media al nor-nordeste por tierra suelta y sin piedra, y llegamos al ya mencionado R&#x00ED;o de San Francisco Xavier (vulgo San Xavier), por otro nombre del Tomichi, que se compone de cuatro peque&#x00F1;os r&#x00ED;os que bajan de la punta final (hacia el norte de la Sierra de la Grulla). Es tan caudaloso como el del Norte, corre al oeste, y en la punta occidental de la Sierra del Venado Alaz&#x00E1;n se incorpora, como ya dijimos, con el de San Francisco. Sus riberas por aqu&#x00ED; son muy escasas de pasto.
En un anc&#x00F3;n de &#x00E9;l, en que hallamos alg&#x00FA;n pasto para las caballer&#x00ED;as y llamamos Santa M&#x00F3;nica, paramos hoy con &#x00E1;nimo de sestear un rato y proseguir r&#x00ED;o arriba hasta encontrar unas rancher&#x00ED;as de Sabuaganas que ayer supimos estar cerca de aqu&#x00ED;, y en ellas algunos indios de los timpanogotzis o lagunas, a cuya tierra intent&#x00E1;bamos ya pasar. Pero reflexionando el extrav&#x00ED;o que se nos segu&#x00ED;a de andar m&#x00E1;s r&#x00ED;o arriba y a este rumbo, que se nos maltratar&#x00ED;an las caballer&#x00ED;as que ya ven&#x00ED;an despeadas, y que se nos ser&#x00ED;a preciso gastar mucho de bastimento yendo a sus habitaciones, acordamos enviar el int&#x00E9;rprete con el gu&#x00ED;a Atanasio para que los llamasen y ver si alguno de ellos o de los lagunas nos quer&#x00ED;a conducir, pag&#x00E1;ndole hasta donde supiese. Fueron y quedamos los dem&#x00E1;s esper&#x00E1;ndolos en Santa M&#x00F3;nica. Hoy cuatro leguas. Observ&#x00E1;se la latitud de este paraje por el meridiano del sol, y es 39 grados, 13 minutos, 29 [22] segundos.
	
</p><p n="33">


D&#x00ED;a 29 como a las diez de la ma&#x00F1;ana, se dejaron ver sobre unas lomas de la otra banda cinco yutas sabuaganas dando grandes alaridos. Juzgamos ser los que se hab&#x00ED;an &#x00ED;do a buscar; mas luego que llegaron a donde nosotros est&#x00E1;bamos, conocimos no ser de los llamados. D&#x00ED;mosles de comer y chupar, mas despu&#x00E9;s de larga conversaci&#x00F3;n, cuyo asunto era las reyertas que en este verano hab&#x00ED;an tenido con los comanches yamparicas, no pudimos sacar de ellos cosa alguna &#x00FA;til a nuestro intento, porque el suyo era infundirnos miedo ponderando el peligro a que nos expon&#x00ED;amos de que nos quitasen la vida los comanches si prosegu&#x00ED;amos nuestra derrota. Deshicimos la fuerza de estos pretextos con que procuraban impedir que pas&#x00E1;semos adelante, dici&#x00E9;ndoles que nuestro Dios, que lo es de todos, nos hab&#x00ED;a de defender en caso de encuentro con estos enemigos.
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D&#x00ED;a 30 por la ma&#x00F1;ana llegaron el int&#x00E9;rprete Andr&#x00E9;s y el gu&#x00ED;a Atanasio con otros cinco sabuaganas y un laguna. Despu&#x00E9;s de haberles obsequiado con bastante alimento y tabaco, les manifestamos nuestro intento, que era de pasar al pueblo o pueblos de los lagunas (hab&#x00ED;an nos dicho los yutas que los lagunas habitaban en pueblos como los del Nuevo M&#x00E9;jico), deci&#x00E9;ndoles que pues eran nuestros amigos, nos diesen una buena gu&#x00ED;a que nos condujese hasta estas gentes, que le pagar&#x00ED;amos a su satisfacci&#x00F3;n. Respondieron que para ir a donde pretend&#x00ED;amos no hab&#x00ED;a otro camino que el que pasa por medio de los dichos comanches, y que &#x00E9;stos nos impedir&#x00ED;an el paso y aun nos quitar&#x00ED;an la vida; y finalmente que ninguno de ellos conoc&#x00ED;a la tierra intermedia de aqu&#x00ED; a los lagunas. Esto repitieron muchas veces, instando a que de aqu&#x00ED; nos volvi&#x00E9;semos. Procuramos convencerlos, ya con razones ya con obsequios, para no disgustarlos. Luego presentamos al laguna una cobija de chalona, un belduque, y cuentas blancas de abalorio, dici&#x00E9;ndole que esto le d&#x00E1;bamos porque nos acompa&#x00F1;ase y sirviese de gu&#x00ED;a hasta su tierra. Admiti&#x00F3;, y se le entreg&#x00F3; lo dicho.
Viendo esto los sabuaganas, cesaron de ponderar dificultades, y ya confesaron conocer algunos de ellos el camino. Despu&#x00E9;s de todo esto nos hicieron grande instancia para que pas&#x00E1;semos a su rancher&#x00ED;a, diciendo que el laguna no sab&#x00ED;a el camino por otra parte. Bien conocimos ser nueva invenci&#x00F3;n para contenernos y gozar m&#x00E1;s tiempo del beneficio que les hac&#x00ED;amos, pues a cuantos llegaban, que hoy fueron bastantes, d&#x00E1;bamos de comer y chupar; mas, para no darles ocasi&#x00F3;n de disgusto ni perder tan buen gu&#x00ED;a como hab&#x00ED;amos conseguido, condescendimos en ir.
Esta tarde salimos de Santa M&#x00F3;nica, pasamos el r&#x00ED;o de San Xavier en que di&#x00F3; la agua m&#x00E1;s arriba del encuento a las caballer&#x00ED;as, subimos una loma, y por tierra quebrada pero blanda y sin piedra anduvimos r&#x00ED;o arriba y rumbo les-nordeste dos leguas; y andadas otras dos por tierra no tan quebrada pero de alg&#x00FA;n chamizo, mucho nopal chico, y piedra menuda de mal pa&#x00ED;z rumbo nordeste, paramos en la orilla de un peque&#x00F1;o r&#x00ED;o que nombramos de Santa Rosa. Nace de la Sierra del Venado Alaz&#x00E1;n, en cuya falda austral estamos, y entra en el de San Xavier. Tiene aqu&#x00ED; una mediana vega de buen pasto y un vistoso bosque de &#x00E1;lamo blanco y roble peque&#x00F1;o. Hoy cuatro leguas. Durmieron en nuestra compa&#x00F1;&#x00ED;a los sabuaganas y laguna.
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D&#x00ED;a 31 salimos del R&#x00ED;o de Santa Rosa de Lima rumbo nordeste, anduvimos legua y media de buena tierra, y llegamos a otro r&#x00ED;o mediano que baja de la misma sierra que el antecedente, y con &#x00E9;l entra en el de San Xavier y nombramos el R&#x00ED;o de Santa Mar&#x00ED;a, en cuyas vegas y ancones hay todo lo necesario para establecimiento y subsistencia de dos poblaciones. Anduvimos r&#x00ED;o arriba por dichas vegas y por las alamedas que tambi&#x00E9;n tiene cuatro leguas y media al nordeste, pas&#x00E1;ndolo una vez. Declinamos al norte, volvimos a pasar el r&#x00ED;o, entramos en un monte de sabina y mucha piedra que dur&#x00F3; como tres millas; luego proseguimos subiendo la Sierra del Venado Alaz&#x00E1;n por la ladera de una ca&#x00F1;ada muy alta, rompiendo espesas matas de roble peque&#x00F1;o; y andadas cuatro leguas tambi&#x00E9;n al norte paramos en un aguaje perenne que nombramos San Ram&#x00F3;n Nonato.
De los yutas sabuaganas que con nosotros ven&#x00ED;an desde Santa M&#x00F3;nica, comi&#x00F3; hoy uno tan b&#x00E1;rbara y brutalmente que pensamos muriera de repleci&#x00F3;n. Vi&#x00E9;ndose tan malo dijo que los espa&#x00F1;oles le hab&#x00ED;an hecho da&#x00F1;o. Di&#x00F3;nos bastante cuidado este necio pensamiento, porque ya sab&#x00ED;amos que estos b&#x00E1;rbaros, si por contingencia enferman despu&#x00E9;s de haber comido lo que otro, aunque sea de ellos mismos, les d&#x00E1;, creen que &#x00E9;ste les hizo da&#x00F1;o y procuran vengar el agravio que no han recibido. Pero quiso Dios que se aliviase, vomitando algo de lo mucho que no pod&#x00ED;a digerir. Hoy nueve leguas.
	
</p><p n="36">

D&#x00ED;a 1 de septiembre salimos de San Ram&#x00F3;n rumbo norte, y andadas tres leguas por ca&#x00F1;adas peque&#x00F1;as de abundantes pastos y matas espesas de roble peque&#x00F1;o, encontramos como ochenta yutas, todos en buenos caballos, y los m&#x00E1;s de la rancher&#x00ED;a a que &#x00ED;bamos. Nos dijeron que &#x00ED;ban a cazar, pero nosotros hicimos juicio que sal&#x00ED;an as&#x00ED; juntos, ya para ostentar su numerosa fuerza, ya para explorar si nos segu&#x00ED;a alguna m&#x00E1;s gente espa&#x00F1;ola o ven&#x00ED;amos solos; porque sabiendo desde la noche andecedente que &#x00ED;bamos a su rancher&#x00ED;a, era regular que no saliesen casi todos los hombres de ella al mismo tiempo que sab&#x00ED;an que lleg&#x00E1;bamos, si no los hubiese movido lo que acabamos de decir.
Proseguimos con s&#x00F3;lo el laguna, bajamos una cuesta muy escarpada, entramos en una ca&#x00F1;ada muy alegre en que hab&#x00ED;a un peque&#x00F1;o r&#x00ED;o y en toda su ribera un dilatado bosque de pinos reales muy altos y derechos, y entre ellos algunos &#x00E1;lamos que parecen emular la rectitud y elevaci&#x00F3;n de los pinos. Por esta ca&#x00F1;ada anduvimos una legua al leste y llegamos a la rancher&#x00ED;a, que era numerosa y se compondr&#x00ED;a de treinta tiendas. Paramos una milla m&#x00E1;s abajo de ella y en la orilla del dicho r&#x00ED;o, nombrando al paraje San Antonino M&#x00E1;rtir. Hoy cuatro leguas (199 leguas).

</p><p n="37">
Luego que paramos pas&#x00F3; el padre Fray Francisco Atanasio a la rancher&#x00ED;a con el int&#x00E9;rprete Andr&#x00E9;s Mu&#x00F1;iz a ver al capit&#x00E1;n y a los dem&#x00E1;s que hab&#x00ED;an quedado. Entr&#x00F3; en la tienda del capit&#x00E1;n, y habiendo saludado, acariciado, a &#x00E9;l y a sus hijos, le suplic&#x00F3; juntase all&#x00ED; la gente que hab&#x00ED;a. H&#x00ED;zolo as&#x00ED;, y ya juntada la que pudo concurrir de uno y otro sexo, les anunci&#x00F3; mediante el int&#x00E9;rprete el evangelio. Todos oyeron con gusto, y especialmente seis lagunas que tambi&#x00E9;n concurrieron, entre quienes se se&#x00F1;alaron nuestro gu&#x00ED;a y otro laguna. Luego que empez&#x00F3; el padre a instruirlos, les interrumpi&#x00F3; el dicho nuevo gu&#x00ED;a, previniendo as&#x00ED; a los sabuaganas como a sus compatriotas "que creyesen cuanto el padre les dec&#x00ED;a porque todo era cierto." El otro laguna indic&#x00F3; el gusto y atenci&#x00F3;n con que o&#x00ED;a el anuncio de su salud eterna de este modo.
Hab&#x00ED;a entre los oyentes uno algo sordo, el cual no percibiendo lo que se trataba, pregunt&#x00F3; qu&#x00E9; era lo que el Padre dec&#x00ED;a. Entonces este laguna dijo: "El padre dice que &#x00E9;ste que nos muestra (era una imagen de Cristo Crucificado) es el &#x00FA;nico Se&#x00F1;or de todo que vive en lo m&#x00E1;s alto de los cielos, y para agradarle e ir a verlo es necesario bautizarse y pedirle perd&#x00F3;n." Insinu&#x00F3; esta &#x00FA;ltima raz&#x00F3;n d&#x00E1;ndose con la mano en el pecho, acci&#x00F3;n admirable en &#x00E9;l por no haberla visto antes, ni en el padre ni en el int&#x00E9;rprete. Viendo el padre el gusto con que mostraban oirle, propuso al capit&#x00E1;n que en la ocasi&#x00F3;n mandaba esta rancher&#x00ED;a que, si habiendo conferenciado con los suyos admit&#x00ED;an el Cristianismo, vendr&#x00ED;amos a instruirlos y arreglarlos en el modo de vivir para bautizarlos. Respondi&#x00F3; que lo propondr&#x00ED;a a su gente, mas en toda la tarde no volvi&#x00F3; a dar m&#x00E1;s raz&#x00F3;n que fundase probable esperanza de que admit&#x00ED;an lo propuesto.
Regocijado el padre de la expresi&#x00F3;n de los dichos lagunas, pregunt&#x00F3; como se llamaba este &#x00FA;ltimo (al gu&#x00ED;a ya le hab&#x00ED;amos puesto por nombre Silvestre), y sabiendo que lo nombraban Oso Colorado, instruy&#x00F3; a todos explic&#x00E1;ndoles la diferencia que hay entre los hombres y los brutos, el fin con que unos y otros fueron criados, y lo mal que hac&#x00ED;an en ponerse nombres de fieras, haci&#x00E9;ndose en esto iguales y aun inferiores a ellos. Consecutivamente dijo al laguna que en adelante se nombrase Francisco. Viendo esto los dem&#x00E1;s, empezaron a repetir aunque con trabajo este nombre, alegr&#x00E1;ndose el laguna de que as&#x00ED; lo nombrasen. 
Sucedi&#x00F3; tambi&#x00E9;n que apellidando el padre capit&#x00E1;n al que, como se dijo, mandaba la rancher&#x00ED;a, repuso &#x00E9;ste que &#x00E9;l no lo era y que el verdadero capit&#x00E1;n era un joven bien parecido que se hallaba presente; y preguntando el padre si era casado, respondi&#x00F3; que s&#x00ED; y que ten&#x00ED;a dos mujeres. De esto se avergonz&#x00F3; el dicho joven (a quien el otro hizo honor indicado por ser hermano de un capit&#x00E1;n muy venerado entre los sabuaganas que llaman Yamputzi), e intent&#x00F3; persuadir que solo ten&#x00ED;a una mujer. De que se infiere tener estos b&#x00E1;rbaros noticia o conocimiento de la repugnancia que incluye la multiplicidad de mujeres a un mismo tiempo. De aqu&#x00ED; tom&#x00F3; ocasi&#x00F3;n el Padre para instruirlos sobre el punto, y exhortarlos a que no tuviesen m&#x00E1;s que una.
Despu&#x00E9;s de todo esto se les compr&#x00F3; un poco de carne de c&#x00ED;bolo seca, d&#x00E1;ndoles por ella cuentas de abalorio, y se les suplic&#x00F3; que si quer&#x00ED;an nos cambiasen algunos caballos por otros que tra&#x00ED;amos ya despeados. Respondieron que a la tarde los cambiar&#x00ED;an. Concluido esto se regres&#x00F3; el padre al real.
</p><p n="38">
Poco antes de que el sol se metiese vinieron el capit&#x00E1;n, algunos ancianos, y muchos de los dem&#x00E1;s a donde est&#x00E1;bamos. Empezaron a persuadirnos que desde aqu&#x00ED; nos volvi&#x00E9;semos, ponderando de nuevo y con mayor esfuerzo las dificultades y peligros a que nos expon&#x00ED;amos prosiguiendo adelante; asegurando que no nos lo permitir&#x00ED;an los comanches, y que esto no nos dec&#x00ED;an por impedirnos ir hasta donde quisi&#x00E9;ramos, sino porque nos estimaban mucho. Correspondimos esta expresi&#x00F3;n, y les dijimos que el Dios &#x00FA;nico a quien adoramos nos facilitar&#x00ED;a todo y nos defender&#x00ED;a, no s&#x00F3;lo de los Comanches, sino tambi&#x00E9;n de todos los dem&#x00E1;s que pensasen hacernos da&#x00F1;o; y que estando ciertos de que su Majestad estaba de nuestra parte, nada de cuanto nos representaban tem&#x00ED;amos.
Viendo que no val&#x00ED;an sus pretextos, dijeron que pues sin atender a lo que nos manifestaban quer&#x00ED;amos proseguir, que escribi&#x00E9;semos al capit&#x00E1;n grande de los espa&#x00F1;oles (as&#x00ED; nombran al se&#x00F1;or gobernador), dici&#x00E9;ndole que pasamos de su tierra para que si ten&#x00ED;amos algun mal evento y no volv&#x00ED;amos, no pensasen los espa&#x00F1;oles que ellos nos hab&#x00ED;an quitado la vida. Este fue arbitrio de algunos de los nuestros compa&#x00F1;eros que quer&#x00ED;an volverse o detenerse con ellos. Respond&#x00ED;mosles que escribir&#x00ED;amos y les dejar&#x00ED;amos la carta para cuando algunos de ellos fuesen al Nuevo M&#x00E9;jico la llevasen. Repusieron que ellos no pod&#x00ED;an llevarla, que la envi&#x00E1;semos con alguno de los nuestros. Dij&#x00ED;mosles que ninguno pod&#x00ED;a volverse ni quedar con ellos. Por &#x00FA;ltimo, ya que no hallaron otro medio para impedirnos el paso sin declararse enemigos, dijeron que si no nos volv&#x00ED;amos de aqu&#x00ED;, no nos cambiar&#x00ED;an los caballos que tra&#x00ED;amos despeados; a que respondimos que aunque no nos los cambiasen hab&#x00ED;amos de proseguir, porque de ninguna suerte nos hab&#x00ED;amos de volver sin saber por donde hab&#x00ED;a &#x00ED;do el padre nuestro hermano que hab&#x00ED;a estado en los moquis y cosninas, y pod&#x00ED;a andar perdido.
A esto dijeron, inspirados de los mismos nuestros que entend&#x00ED;an su idioma y nos hac&#x00ED;an oculta y cruda guerra, que los padres no pod&#x00ED;an perderse porque en papel ten&#x00ED;an pintadas todas las tierras y camino. Volvieron a instar, reproduciendo todo lo referido para que de aqu&#x00ED; nos regres&#x00E1;semos. Y viendo nuestra determinaci&#x00F3;n invariable, repitieron que nos persuad&#x00ED;an que no pas&#x00E1;semos adelante porque nos amaban, pero que si quer&#x00ED;amos no nos lo imped&#x00ED;an, y que por la ma&#x00F1;ana cambiar&#x00ED;an los caballos. Despidi&#x00E9;ronse ya de noche, no sin esperanza de vencer el d&#x00ED;a siguiente nuestra instancia; pues seg&#x00FA;n advertimos se la dieron Felipe el de Abiqui&#x00FA;, el int&#x00E9;rprete Andr&#x00E9;s, y su hermano Lucrecio, que eran los que por miedo o porque no quer&#x00ED;an proseguir, inspiraban ocultamente a los sabuaganas desde que los conocieron opuestos a nuestros proyectos. Lo cual nos causaba mucho desconsuelo, y mucho m&#x00E1;s lo siguiente.
Desde la Villa de Santa Fe advertimos a todos los compa&#x00F1;eros que los que quisiasen serlo en este viaje no hab&#x00ED;an de llevar g&#x00E9;nero alguno de comercio, y que los que no admitiesen esta condici&#x00F3;n se quedasen. Todos admitieron no llevar cosa alguna, ni otro fin que el que nosotros llev&#x00E1;bamos, que era la gloria de Dios y bien de las almas. Por lo cual se les ministr&#x00F3; cuanto pidieron para su habilitaci&#x00F3;n y para dejar a sus familias. Pero faltaron algunos a lo prometido, llevando ocultamente algunos g&#x00E9;neros que no vimos hasta cerca de los sabuaganas. Y encargamos y suplicamos aqu&#x00ED; a todos que ninguno comerciase para que entendiesen los infieles que otro motivo superior a &#x00E9;ste nos tra&#x00ED;a por estas partes.
Acab&#x00E1;bamos de decir a los sabuaganas que no necesit&#x00E1;bamos de armas ni de gente porque toda nuestra seguridad y defensa la ten&#x00ED;amos en el brazo omnipotente de Dios, y Andr&#x00E9;s Mu&#x00F1;iz nuestro int&#x00E9;rprete con su hermano Lucrecio se mostraron tan obedientes y fieles cristianos, que comerciaron lo que tra&#x00ED;an oculto y con grande ansia solicitaron de los infieles armas, dici&#x00E9;ndoles que les eran muy precisas pues iban a pasar por tierras de comanches. En que con grave dolar nuestro manifestaron su poca o ninguna fe y mucha improporci&#x00F3;n para empresas semejantes.
</p><p n="39">

D&#x00ED;a 2 de septiembre bien de ma&#x00F1;ana concurrieron en el real los mismos, y aun m&#x00E1;s que ayer tarde. Volvieron a esforzar los pretextos arriba dichos, a&#x00F1;adiendo otra nueva y grande dificultad; porque disuadieron enteramente al laguna del intento de conducirnos y le hicieron volvernos lo que le hab&#x00ED;amos dado por que nos acompa&#x00F1;ase hasta su tierra. Despu&#x00E9;s de haber altercado m&#x00E1;s de hora y media, sin conseguir que el gu&#x00ED;a volviese a tomar lo que hab&#x00ED;a recibido y cumpliese con su palabra, ni que ellos cesasen de oponerse, les dijimos con la animosidad que en tal aprieto conven&#x00ED;a que, habiendo el laguna admitido voluntariamente acompa&#x00F1;arnos hasta su tierra, y ellos puesto tantas dificultades, conoc&#x00ED;amos cierta y claramente que ellos nos quitaban la gu&#x00ED;a y nos imped&#x00ED;an el paso; que nosotros no hab&#x00ED;amos de volver atr&#x00E1;s por m&#x00E1;s que hiciesen; que aun sin gu&#x00ED;a proseguir&#x00ED;amos; pero que si el laguna no nos acompa&#x00F1;aba, supiesen desde luego que ya no los ten&#x00ED;amos por amigos.
Y con esto se suavizaron, y el joven arriba mencionado, hermano del capit&#x00E1;n Yamputzi, habl&#x00F3; a los dem&#x00E1;s y dijo que, habi&#x00E9;ndonos franqueado el paso y quedado el laguna en guiarnos, ya no conven&#x00ED;a en ponernos embarazo, y as&#x00ED; que cesasen de hablar sobre el punto. Sigui&#x00F3;le otro, que tambi&#x00E9;n dec&#x00ED;an ser capit&#x00E1;n, con la misma exhortaci&#x00F3;n. Luego todos dijeron al laguna que ya no pod&#x00ED;a dejar de acompa&#x00F1;arnos. El cual, por los que ellos le hab&#x00ED;an dicho antes, ya no quer&#x00ED;a. Despu&#x00E9;s de muchas instancias y halagos recibi&#x00F3; su paga aunque con alguna repugnancia, y convino venir con nosotros.
Ya la rancher&#x00ED;a mudaba de puesto e iban marchando para donde estaba el capit&#x00E1;n yamputzi, al tiempo que nosotros sal&#x00ED;amos del penoso Paraje de San Antonino M&#x00E1;rtir. No sab&#x00ED;amos el rumbo que hab&#x00ED;amos de tomar porque el gu&#x00ED;a, arrepentido del trato, no quer&#x00ED;a ir adelante ni decirnos el camino. Qued&#x00F3;se en el sitio de la rancher&#x00ED;a con el caballo que le dimos para que fuese con el pretexto de buscar silla, prosiguiendo nosotros por donde iban los sabuaganas, aunque involuntariamente porque dese&#x00E1;bamos apartarnos de ellos. Encargamos al int&#x00E9;rprete que lo sacase cuanto antes y procurase alentarlo. H&#x00ED;zolo as&#x00ED; y, habi&#x00E9;ndose ido todos los Yutas, ya dijo el gu&#x00ED;a por donde hab&#x00ED;amos de tomar el camino, e envi&#x00F3; al int&#x00E9;rprete a que nos revolviese a donde &#x00E9;l hab&#x00ED;a quedado.
Aqu&#x00ED; lo hallamos despidi&#x00E9;ndose de los otros sus paisanos que quedaban con los sabuaganas, quienes le encargaron que nos llevase con cuidado, y le dijeron como hab&#x00ED;a de proporcionar las jornadas. A m&#x00E1;s del gu&#x00ED;a Silvestre hallamos aqu&#x00ED; otro laguna todav&#x00ED;a muchacho que quer&#x00ED;a acompa&#x00F1;arnos. Como no hab&#x00ED;amos sabido antes su intento, no le hab&#x00ED;amos prevenido caballer&#x00ED;a, y as&#x00ED; por no detenernos m&#x00E1;s lo ech&#x00F3; en ancas de la suya Don Joaqu&#x00ED;n La&#x00ED;n.
</p><p n="40">
Con gran gusto dejamos el camino que llevaba la rancher&#x00ED;a, y con los dos lagunas, Silvestre y el muchacho que nombramos Joaqu&#x00ED;n, proseguimos nuestra derrota, y habiendo retrocedido una legua al oeste de San Antonino, tomamos otra vereda; anduvimos menos de legua y tres cuartos al noroeste y m&#x00E1;s de un cuarto al oes-noroeste, y paramos en un corto valle de buenos pastos cerca de un riachuelo de buena agua que nombramos de San Atanasio. Anduvimos hoy por buena tierra y por bosque de &#x00E1;lamo y matas de roble peque&#x00F1;o tres leguas, pero adelante solas dos leguas. Esta noche llovi&#x00F3; mucho.
</p><p n="41">

D&#x00ED;a 3 volvi&#x00F3; a llover muy de ma&#x00F1;ana y nos fue preciso esperar que cesase, y como a las once salimos de San Atan&#x00E1;sio rumbo norte. Al cuarto de legua tomamos el noroeste, y por un valle de muchos bosques de &#x00E1;lamo y pino real, y muy abundante de aguas y pastos, anduvimos dos leguas y cuarto. Declinamos al nor-noroeste una legua, luego al noroeste algo m&#x00E1;s de legua y tres cuartos por tierra, aunque de algunas lomas, buena y sin piedra, pasando bosques de pino real y &#x00E1;lamo y matas de roble peque&#x00F1;o algo molestos. Volvimos al nor-noroeste un cuarto de legua por una ca&#x00F1;ada baja, por la que corre tanta agua como la que cabe en dos surcos medianos; y aunque no sigue por toda la ca&#x00F1;ada, pues en partes se oculta totalmente, en partes corre y en partes se descubre en bateques como llovediza estancada, parece permanente porque en toda la ca&#x00F1;ada hab&#x00ED;a chozas y casillas que indican ser estancia de estos yutas. Siguiendo la caja de un arroyo en que la dicha agua se oculta y aparece por la banda del norte y al noroeste, anduvimos una legua y media, y paramos en ella casi al pie de un cerro que los yutas llaman Nabuncari, nombrando al paraje San Silvestre. Hoy siete leguas.
</p><p n="42">


D&#x00ED;a 4 salimos de San Silvestre rumbo noroeste, siguiendo el mismo arroyo. A poca distancia declinamos al oes-noroeste, y andadas dos leguas volvimos al noroeste, subimos una cuesta muy alta, dejando la caja del arroyo as&#x00ED; al sur, y por entre lomas de varias especies de retama anduvimos m&#x00E1;s de media legua. Bajamos a otro riachuelo que entra en el arroyo dicho; pas&#x00E1;moslo, subimos otra cuesta de alguna piedra y montes de pi&#x00F1;&#x00F3;n, y andado un cuarto de legua casi al oes-sudoeste, lo volvimos a pasar ya junto con el arroyo. Aqu&#x00ED; tienen las nutrias hechos con palizadas tal estanques que representan a primera vista un r&#x00ED;o m&#x00E1;s que mediano. Luego por la banda austral y por un llano de chamizos anduvimos como tres cuartos de legua al oeste, y lo volvimos a pasar para seguir por la otra banda y dejarlo a la parte del sur.
Pasado ya tomamos al oes-noroeste, pasamos un pedazo de monte de pi&#x00F1;&#x00F3;n, y entramos en un chamizal en que estaban tres mujeres yutas con un ni&#x00F1;o sazonando las frutillas que hab&#x00ED;an recojido para su mantenimiento en los arroyos y riachuelos que hay por aqu&#x00ED;. Llegamos a hablarles, y desde luego nos franquearon sus frutas, que eran capul&#x00ED;n, garambullo, lemita, y alg&#x00FA;n pi&#x00F1;&#x00F3;n de este a&#x00F1;o. El garambullo que por estas partes se produce en la mata es muy agrio, pero ya asoleado como estas yutas lo ten&#x00ED;an es de un agridulce muy gustoso. Proseguimos nuestra jornada, y habiendo andado legua y media al oes-noroeste desde el dicho riachuelo (pasando otro inmediato a los yutas en cuya salida hay una piedra parada como de cinco cuartos a modo de lavadero en que resbalaron algunas bestias), entramos en una ca&#x00F1;ada o vallecito de buen pasto.
Aqu&#x00ED; entra otro camino que desde Santa M&#x00F3;nica y R&#x00ED;o de San Xavier atraviesa rectamente la Sierra del Venado Alaz&#x00E1;n que acabamos de bajar hoy, y es la mitad m&#x00E1;s breve que el que hemos tra&#x00ED;do. Declinamos por la ca&#x00F1;ada al noroeste media legua poco m&#x00E1;s. Volvimos al oes-noroestes y andada otra media legua, subiendo y bajando una cuesta algo larga y escarpada pero sin piedra, pasamos un riachuelo de agua extremadamente fr&#x00ED;a y aparmos en su orilla, nombrando a &#x00E9;l y al peque&#x00F1;o valle de buenos pastos que hay aqu&#x00ED; Santa Rosal&#x00ED;a. Esta noche y la antecedente sentimos ya mucho fr&#x00ED;o. Hoy seis leguas. (201)
	
</p><p n="43">

D&#x00ED;a 5 salimos de Santa Rosal&#x00ED;a rumbo noroeste, subimos una cuesta sin piedra molesta pero escarpad&#x00ED;sima y al encumbrar peligrosa, porque hay vueltas en que la vereda no tiene de ancho una tercia de vara. El piso es de tierra blancas muy suelta, y as&#x00ED; es muy f&#x00E1;cil que alguna bestia resbale, y si llegase a perder pi&#x00E9; no podr&#x00ED;a contenerse hasta el plano de abajo. Tendr&#x00E1; la subida algo m&#x00E1;s de un cuarto de legua, con el que llevamos la media andada. Baj&#x00E1;rnosla por una ca&#x00F1;ada tendida que en partes no produce m&#x00E1;s que roble peque&#x00F1;o y capul&#x00ED;n, y en partes pinavete y &#x00E1;lamo blanco; y andadas poco m&#x00E1;s de cuatro leguas al noroeste, entramos en un montecito de sabina declinando media legua al nornoroeste, y despu&#x00E9;s de un corto chamizal llegamos a un r&#x00ED;o que los nuestros llaman San Rafael, y los yutas R&#x00ED;o Colorado.
Pas&#x00E1;rnoslo y paramos en su orilla septentrional en una vega de buenos pastos y mediana alameda. En esta banda hay una cordillera de mesas altas que desde la cima hasta la mitad son de tierra blanca y de medio abajo uniformemente matizadas de amarillo, blanco, y almagre no muy subido. Es este r&#x00ED;o m&#x00E1;s caudaloso que el del Norte; nace, seg&#x00FA;n nos dijeron, de una laguna grande que est&#x00E1; en la sierra alta de los Sabuaganas inmediata (hacia el norte) a la de la Grulla. Su curso por aqu&#x00ED; es al oes-sudoeste, y entra en el de Dolores. En el vado se divide en dos brazos, y lleg&#x00F3; la agua a las caballer&#x00ED;as m&#x00E1;s arriba del encuentro. Algunas que pasaron por m&#x00E1;s arriba del vado nadaron en partes. Tiene el r&#x00ED;o por todo lo que vimos mucha piedra y grande, por lo que en cualquier evento que sea preciso pasarlo alguna comitiva, ser&#x00E1; muy conveniente vadearlo antes en buenos caballos. Hoy cinco leguas.
</p><p n="44">
Esta noche observamos la altura y nos hallamos en 41 grados, 4 minutos. Y juzgando que no hab&#x00ED;amos subido tanto desde Santa M&#x00F3;nica, y recelando alg&#x00FA;n defecto en la observaci&#x00F3;n, determinamos hacerla por el sol el d&#x00ED;a siguiente, parando por no detenernos aqu&#x00ED; donde nos pod&#x00ED;an molestar todav&#x00ED;a los sabuaganas a hora proporcionada.	
</p><p n="45">

D&#x00ED;a 6 salimos de la vega y R&#x00ED;o de San Rafael (en que no hay lo preciso para poblaci&#x00F3;n) rumbo oeste. Anduvimos r&#x00ED;o abajo media legua, otra media por unas ca&#x00F1;adas al oes-noroeste dejando el r&#x00ED;o a la parte del sur, al noroeste un cuarto de legua, y por quebradas sin piedra legua y cuarto al oeste cuarta al oes-noroeste. Al oes-noroeste anduvimos como una milla, y andadas cerca de otras dos leguas al oeste por tierra quebrada de alguna piedra y mucho nopal chico, bajamos a un vallecito por el cual corre un r&#x00ED;o peque&#x00F1;o de buena agua. En su orilla junto al &#x00FA;nico &#x00E1;lamo que hay, y a las once del d&#x00ED;a, paramos, haciendo que prosiguiesen algunos compa&#x00F1;eros con las bestias sueltas y de carga. Observ&#x00F3;se por el meridiano, y hallamos estar en 41 grados, 6 minutos, 53 segundos de latitud, y que en la observaci&#x00F3;n de anoche no hab&#x00ED;a habido defecto. Alcanzamos a los dem&#x00E1;s compa&#x00F1;eros que estaban detenidos y disgustados con el gu&#x00ED;a, andadas dos leguas al noroeste; porque dejando un camino que r&#x00ED;o arriba iba al oeste, y parec&#x00ED;a seg&#x00FA;n noticias m&#x00E1;s recto, &#x00E9;l nos llevaba por otro que entrando en un ca&#x00F1;&#x00F3;n va al norte franco, diciendo que aunque el camino iba por el ca&#x00F1;&#x00F3;n hacia el norte volteaba al poniente.
Los compa&#x00F1;eros inteligentes en el idioma yuta quisieron persuadirnos que el gu&#x00ED;a Silvestre nos llevaba por aquel camino, o para entretenernos en vueltas y que no pas&#x00E1;ramos adelante, o para entregarnos a alguna emboscada de sabuaganas que nos pod&#x00ED;a estar esperando. Para hacernos m&#x00E1;s sospechoso al gu&#x00ED;a, nos aseguraron haber oido a muchos sabuaganas en la rancher&#x00ED;a que le hab&#x00ED;an dicho que nos llevase por camino que fuese a la laguna, y que despu&#x00E9;s que nos entretuviese ocho o diez d&#x00ED;as en vueltas in&#x00FA;tiles, nos hiciese volver atr&#x00E1;s. Y aunque no era totalmente incre&#x00ED;ble que algunos hubiesen dicho esto, nunca cre&#x00ED;mos que el gu&#x00ED;a hubiese convenido con ello. Ni aunque realmente hubiese sucedido, porque hasta aqu&#x00ED; ninguno de &#x00E9;stos nuestros compa&#x00F1;eros nos hab&#x00ED;a dicho semejante cosa, siendo as&#x00ED; que no omitieron en la rancher&#x00ED;a exagerarnos importunamente otros inconvenientes menos temibles y veris&#x00ED;miles, y que en cualquier mal evento arriezgaban ellos poco menos que nosotros.
Bien conoc&#x00ED;amos que yendo al norte se nos ofrec&#x00ED;a m&#x00E1;s rodeo, pero diciendo Silvestre que no llevaba por aquel camino porque en el otro hab&#x00ED;a una cuesta muy mala, quer&#x00ED;amos seguir su dict&#x00E1;men; mas los compa&#x00F1;eros todos, excepto Don Joaquin Lain, hac&#x00ED;an fuerza por seguir el otro camino, unos porque tem&#x00ED;an demasiado y sin fundamento a los comanches, y algunos porque aquel camino no cuadraba a sus singulares pensamientos opuestos en no poco a los nuestros. Leugo lleg&#x00F3; un yuta sabuagana de los m&#x00E1;s septentrionales, y dijo que el camino del norte sub&#x00ED;a muy arriba. Con esto tuvimos de seguir al oeste, y andadas dos leguas, y pasado otro rito m&#x00E1;s peque&#x00F1;o, paramos a su orilla nombr&#x00E1;ndolo La Contragu&#x00ED;a. Hoy siete leguas.

</p><p n="46">
Aqu&#x00ED; estaban tres ranchos de sabuaganas, de los cuales vinieron sies hombres al real, y entre ellos uno que acababa de llegar de la tierra de los comanches yamparicas a donde con otros cuatro hab&#x00ED;a ido a hurtar caballada, y dijo que los comanches se hab&#x00ED;an retirado, y que seg&#x00FA;n mostraban los rastros iban para el r&#x00ED;o de Napeste o para el oriente. Con la cual noticia se alentaron algo nuestros compa&#x00F1;eros. Estos sabuaganas fueron los &#x00FA;ltimos que vimos.
</p><p n="47">

D&#x00ED;a 7 salimos de La Contragu&#x00ED;a por una ca&#x00F1;ada ancha, en la cual andada una legua al oeste encontramos una vega de mucho pasto. Declinamos por la misma ca&#x00F1;ada al noroeste, y habiendo caminado tres leguas paramos un rato para que la caballada bebiese, porque no sab&#x00ED;amos si esta noche encontar&#x00ED;amos agua. Despu&#x00E9;s proseguimos el mismo rumbo y a poco m&#x00E1;s de cuarto de legua declinamos al nor-nordeste, subiendo una cuesta de tan dif&#x00ED;cil subida que no pensamos llegar a la cumbre porque, a m&#x00E1;s de ser muy escarpada en partes, ni aun senda hab&#x00ED;a; y siendo de tierra muy suelta, no pod&#x00ED;an las caballer&#x00ED;as asentar el pie con seguridad en parte alguna. Tendr&#x00E1; de subida media legua, y al encumbrar hay algunos bancos de laja muy fr&#x00E1;gil en los cuales perdieron pie dos mulas de carga y rodaron las que menos m&#x00E1;s de veinte varas. Pero quiso Dios a ninguno de los que ven&#x00ED;an atr&#x00E1;s atropellasen, y que ellas quedasen ilesas.
Sub&#x00ED;mosla a pie y padecimos mucha fatiga y grandes sustos. Por lo cual la nombramos La Cuesta del Susto. En ella nos dio el gu&#x00ED;a una prueba irrefragable de su sinceridad e inocencia. Subida la cuesta, anduvimos al nor-nordeste media legua, bajando una corta ca&#x00F1;ada, y paramos en un ojo de agua bien escaso, nombrando al paraje La Natividad de Nuestra Se&#x00F1;ora, en el cual hab&#x00ED;a mediano pasto para las caballer&#x00ED;as. Hoy poco m&#x00E1;s de cinco leguas y cuarto.
	
</p><p n="48">

D&#x00ED;a 8 salimos de la Natividad de Nuestra Se&#x00F1;ora rumbo norte, anduvimos media legua, pasando un arroyo de buena agua perenne, y subiendo una cuesta escarpada pero sin bancos y sin piedra tomamos una vereda y mejor tierra que la de ayer,
y andadas dos leguas y media al noroeste por lomas tendidas y algunos bosques de &#x00E1;lamo, llegamos a una ceja alta, desde la cual nos mostr&#x00F3; el gu&#x00ED;a Silvestre la sierra a cuya banda septentrional habitan los comanches yamparicas, que vienen a esta al norte de los sabuaganas, y a la punta de la misma sierra en que a la parte del oeste respecto del sitio desde que nos la mostr&#x00F3;, est&#x00E1;n sus gentes.
Bajamos a la ceja por una cuesta elevad&#x00ED;sima y en partes escarpada pero sin piedra, y con muchas matas de roble peque&#x00F1;o y capul&#x00ED;n que sirven de contener para que las caballer&#x00ED;as no resbalen ni rueden. Entramos en un ca&#x00F1;&#x00F3;n amplio y de buena tierra, y habiendo andado con la bajada de la ceja una legua al nornoroeste, declinamos por el mismo al norte legua y media, y paramos para que la caballada bebiese porque una buena porci&#x00F3;n de agua, que por lo andado del ca&#x00F1;&#x00F3;n corre de aqu&#x00ED; para abajo, o se sume o se seca. A la tarde proseguimos por el ca&#x00F1;&#x00F3;n r&#x00ED;o abajo; andada legua al oes-noroeste paramos sin agua, porque ya aqu&#x00ED; no la tiene el arroyo, en un anc&#x00F3;n de buen pasto que nombramos Santa Delfina. Hoy cinco leguas.
</p><p n="49">

D&#x00ED;a 9 salimos del Paraje de Santa Delfina por el mismo ca&#x00F1;&#x00F3;n, y andada media legua al noroeste declinamos al nor-noroeste, y habiendo caminado por todo el ca&#x00F1;&#x00F3;n nueve leguas a este rumbo por una vereda bien trillada, y con s&#x00F3;lo un mal paso que se puede evitar pasando poco antes el arroyo y atravesando un bosque de chamizo alto y jara de la que llaman latilla, salimos de &#x00E9;l. En la mitad de este ca&#x00F1;&#x00F3;n hacia el sur hay un pe&#x00F1;asco bastantemente elevado, en el cual vimos toscamente pintadas tres adargas o chimales, y una hoja de lanza. M&#x00E1;s abajo en el lado del norte vimos otra pintura que confusamente representaba a dos hombres peleando. Por lo cual lo nombramos El Ca&#x00F1;&#x00F3;n Pintado, y es por donde &#x00FA;nicamente se puede ir desde la ceja dicha hasta el r&#x00ED;o m&#x00E1;s inmediato, porque lo dem&#x00E1;s del intermedio es tierra muy quebrada y de mucha piedra.
En este mismo lado del ca&#x00F1;&#x00F3;n, ya cerca de la salida, se descubre una veta met&#x00E1;lica, mas ignoramos la especie y calidad, aunque un compa&#x00F1;ero cogi&#x00F3; una piedra de las que se descuelgan de la veta, y mostr&#x00E1;ndonosla dijo Don Bernardo Miera ser de las que los mineros llaman tepustete, y que era indicio de mineral de oro. Nosotros sobre esto nada aseguramos ni aseguraremos, as&#x00ED; por no tener pr&#x00E1;ctica de minas como porque necesita siempre de m&#x00E1;s prolijo examen que el que en la ocasi&#x00F3;n podr&#x00ED;amos hacer. Pasado el ca&#x00F1;&#x00F3;n, anduvimos media legua al nor-noroeste, llegamos a un r&#x00ED;o que nombramos de San Clemente; pas&#x00E1;moslo y paramos en su orilla septentrional en que hay una mediana vega de buen pasto. Este r&#x00ED;o es mediano, corre por aqu&#x00ED; al oeste, y el terreno inmediato a &#x00E9;l no tiene proporciones para poblaci&#x00F3;n. Hoy diez leguas.
	

</p><p n="50">

D&#x00ED;a 10 porque, seg&#x00FA;n el int&#x00E9;rprete, aseguraba el gu&#x00ED;a estar muy distante el aguaje siguiente y que, aunque sali&#x00E9;semos temprano, no podr&#x00ED;amos llegar a &#x00E9;l hoy, determinamos mediar la jornada, y as&#x00ED; despu&#x00E9;s de medio d&#x00ED;a salimos del R&#x00ED;o de San Clemente rumbo noroeste por lomas sin piedra y llanos cortos sin pasto ni &#x00E1;rboles, y de tierra muy suelta; y andada una legua declinamos al oesnoroeste por tierra casi llana pero de muchos arroyos secos y barrancos dos leguas. Y porque ya ven&#x00ED;a la noche, y con la obscuridad era el terreno inandable y peligroso, paramos en la caja de un arroyo que nombramos El Barranco. No hab&#x00ED;a en &#x00E9;l agua ni pasto, y as&#x00ED; fue preciso velar las caballer&#x00ED;as y tenerlas toda la noche acorraladas. Desde el r&#x00ED;o hasta aqu&#x00ED; anduvimos por derecera y sin senda porque, aunque hay varias, son del ganado c&#x00ED;bolo que baja a invernar por estas partes. Hoy tres leguas.
</p><p n="51">

D&#x00ED;a 11, luego que aclar&#x00F3; bien, salimos del Barranco rumbo oes-noroeste, y andada legua y media por arroyos y barrancos m&#x00E1;s altos algunos que los de ayer, encontramos en uno de ellos un ojo peque&#x00F1;o de agua en que no pudo beber la caballada. Proseguimos al oes-noroeste una legua y subimos una ceja de buena y no muy alta subida. Desde la cual anduvimos tres leguas por tierra buena y de medianos pastos. Divisamos una alameda y, preguntando a Silvestre si ah&#x00ED; estaba el aguaje a que nos conduc&#x00ED;a, dijo que no, que aquel era arroyo y no r&#x00ED;o pero que pod&#x00ED;a ahora tener agua. Con esto nos dirigimos para &#x00E9;l y hallamos bastante agua corriente para nosotros y para la caballada que ya ven&#x00ED;a muy fatigada de sed y hambre, y aun una mula de carga se cans&#x00F3; de modo que fue menester quitarle lo que tra&#x00ED;a. Para llegar al arroyo declinamos media legua al norte. Hoy seis leguas.
</p><p n="52">
A poca distancia del Barranco vimos un rastro reciente de c&#x00ED;bolo. En el llano lo volvimos a ver m&#x00E1;s fresco, y que segu&#x00ED;a el rumbo que llev&#x00E1;bamos. Ya tra&#x00ED;amos poco bastimento respecto de lo mucho que ten&#x00ED;amos que andar, por lo que desgastamos con los sabuaganas y dem&#x00E1;s yutas. Y as&#x00ED;, poco antes de llegar al arroyo, se apartaron dos compa&#x00F1;eros siguiendo el dicho rastro. Poco despu&#x00E9;s del medio d&#x00ED;a volvi&#x00F3; uno de ellos diciendo haber encontrado el c&#x00ED;bolo. Despachamos otros en los caballos m&#x00E1;s ligeros y, habi&#x00E9;ndolo corrido como tres leguas, lo mataron y trajeron gran porci&#x00F3;n de carne (mucha m&#x00E1;s de la que tiene un toro grande de los comunes) a las siete y media de la noche. Y para disponer la carne de modo que el calor no nos la da&#x00F1;ase, y al mismo tiempo se reforzase la caballada, estuvimos el d&#x00ED;a 12 sin hacer jornada en este paraje que nombramos el Arroyo del C&#x00ED;bolo. Esta noche estuvo lloviendo muchas horas.
</p><p n="53">

D&#x00ED;a 13 como a las once de la ma&#x00F1;ana salimos del Arroyo del C&#x00ED;bolo por el llano que est&#x00E1; al pie de una peque&#x00F1;a sierra que los yutas y lagunas llaman Sabuagari; se extiende de leste a oeste, y se miran sus pe&#x00F1;as blancas desde las lomas altas que est&#x00E1;n antes del Ca&#x00F1;&#x00F3;n Pintado. Andadas dos leguas y tres cuartos al oeste, llegamos al aguaje conocido del gu&#x00ED;a, que es una fuente escasa y est&#x00E1; al pie de la sierra casi en su punta occidental. Proseguimos al mismo rumbo un cuarto de legua por una vereda bien trillada, cerca de la cual hacia el sur nacen dos fuentes copiosas de bell&#x00ED;sima agua, distantes entre s&#x00ED; un tiro de escopeta, que nombramos Las Fuentes de Santa Clara. Con cuyas humedades produce mucho y buen pasto el corto llano, a que descienden y se consumen. De aqu&#x00ED; anduvimos una legua al noroeste por la dicha vereda, y pasamos un arroyo que viene del llano de las fuentes en que hab&#x00ED;a grandes bateques de agua. Desde aqu&#x00ED; para abajo hay en su caja, que es ancha y plana, mucho y buen pasto. Volvimos a pasarlo, subimos unas lomas bajas de alguna piedra menuda en partes, y andadas dos leguas al noroeste llegamos a un r&#x00ED;o grande que nombramos de San Buenaventura. Hoy seis leguas.
</p><p n="54">

Este r&#x00ED;o es el m&#x00E1;s caudaloso que hemos pasado, y el mismo que Fray lonso de Posada custodio, que fue el siglo de esta del Nuevo M&#x00E9;jico, dice en su informe dividir a la naci&#x00F3;n yuta de la comanche, seg&#x00FA;n las se&#x00F1;as que en &#x00E9;l da y la distancia a que lo pone respecto a Santa Fe. Y efectivamente es por el nordeste y norte el cont&#x00E9;rmino de estas dos naciones. Su curso por aqu&#x00ED; es al oes-sudoeste, m&#x00E1;s arriba hasta aqu&#x00ED; al oeste. Incorp&#x00F3;rase con el de San Clemente, mas no sabemos si con los antecedentes. Tiene aqu&#x00ED; una vega abundante de pasto y de buen terreno para siembras con proporci&#x00F3;n de riego, que de latitud tendr&#x00E1; algo m&#x00E1;s de una legua, y de longitud puede llegar a cinco, a la cual entra por entre dos crestones elevados, que despu&#x00E9;s de formar como un corral se llegan tanto uno al otro que apenas se distingue la abra por donde viene el r&#x00ED;o.
No se puede pasar por otra parte que por el &#x00FA;nico vado que, seg&#x00FA;n nuestro gu&#x00ED;a, tiene en estas inmediaciones, el cual est&#x00E1; a la parte del oeste del crest&#x00F3;n del norte, muy cerca de una cordillera de cerrillos de tierra suelta, de color de plomo unos y otros de color amarillo. Es de piedra menuda, y en &#x00E9;l no llega la agua al encuentro de las caballer&#x00ED;as, siendo as&#x00ED; que por todo lo dem&#x00E1;s que vimos no podr&#x00E1;n pasar sin nadar. Paramos en su orilla austral como una milla del vado; nombramos al paraje La Vega de Santa Cruz. Observ&#x00F3;se por la estrella polar la altura, y nos hallamos en 41 grados, 19 minutos de latitud.
	
</p><p n="55">

D&#x00ED;a 14 no hicimos jornada, deteni&#x00E9;ndonos aqu&#x00ED; para que la caballada, que ya ven&#x00ED;a algo d&#x00E9;bil, se reforzase. Antes de medio d&#x00ED;a se puso el cuadrante para aerar la observaci&#x00F3;n por el sol, y no hallamos m&#x00E1;s que 40 grados, 59 minutos, y 24 segundos. Hicimos juicio que esta discrepaci&#x00F3;n pod&#x00ED;a acaso provenir de que aqu&#x00ED; variase la aguja, y para averiguar esto dejamos asegurado el cuadrante puesto para el norte, en el meridiano de la aguja, hasta la noche. As&#x00ED; que se descubri&#x00F3; el norte o estrella polar, y estando el cuadrante en el meridiano dicho, observamos que nordesteaba la aguja. Volvimos a hacer la observaci&#x00F3;n de la latitud por la estrella polar, y hallamos los mismos 41 grados, 19 minutos que la noche antecedente.
En este sitio hay seis &#x00E1;lamos negros grandes que de dos en dos han crecido pegados uno al otro, y son los m&#x00E1;s inmediatos al r&#x00ED;o. Junto a ellos est&#x00E1; otro solo, en cuyo tronco en la parte que mira al noroeste excav&#x00F3; con azuela Don Joaqu&#x00ED;n La&#x00ED;n en forma de ventana semicuadrangular un corto pedazo, y con escoplo grav&#x00F3; en &#x00E9;l las letras y n&#x00FA;meros de esta inscripci&#x00F3;n: "A&#x00F1;o de 1776" y m&#x00E1;s abajo de letra diferente "La&#x00ED;n" con dos cruces a los lados, la mayor sobre la inscripci&#x00F3;n y la menor abajo.
</p><p n="56">
Aqu&#x00ED; logramos coger otro c&#x00ED;bolo m&#x00E1;s peque&#x00F1;o que el primero, aunque aprovechamos poca carne por haberse alcanzado tarde y muy distante del real. Sucedi&#x00F3; tambi&#x00E9;n esta ma&#x00F1;ana que el laguna Joaqu&#x00ED;n subi&#x00F3; por travesura en un caballo demasiadamente brioso, y corriendo por la vega meti&#x00F3; las manos el caballo en un hoyo y cay&#x00F3; despidiendo al jinete a mucha distancia. Nos asustamos, juzgando que con el golpe se hab&#x00ED;a lastimado mucho el laguna que, recobrado del susto, lloraba copiosas l&#x00E1;grimas; mas quiso Dios que todo el da&#x00F1;o lo recibi&#x00F3; el caballo, el cual se quebr&#x00F3; enteramente la cerviz, quedando inservible.
	
</p><p n="57">

D&#x00ED;a 15 tampoco hicimos jornada, por el motivo insinuado.
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D&#x00ED;a 16 salimos de la Vega de Santa Cruz (en el R&#x00ED;o de San Buenaventura), subimos como una milla al norte, llegamos al vado y pasamos el r&#x00ED;o. Tomamos al oeste, y andada una legua por la banda septentrional y vega del r&#x00ED;o pasamos otro peque&#x00F1;o que baja del noroeste, y entramos en &#x00E9;l. Por la misma vega declinamos al sur-sudoeste una legua, y pasamos otro riachuelo poco m&#x00E1;s grande que el primero que baja del mismo rumbo noroeste y entra en el r&#x00ED;o. De ambos se pueden sacar acequias para regar el terreno de esta banda, que tambi&#x00E9;n es muy bueno para siembras aunque no se pudiesen llevarlas del r&#x00ED;o grande. Proseguimos al sudoeste, apart&#x00E1;monos del r&#x00ED;o que inclina al sur por unas lomas y quebradas en partes de piedra menuda. Bajamos a un arroyo seco por una cuesta alta y de bastante piedra, cuya subida al otro lado no es tan mala.
Luego que encumbramos, hallamos una huella de uno o dos d&#x00ED;as impresa como de doce caballos y alguna gente de a pie, y registrando las inmediaciones se hallaron indicios de que en lo m&#x00E1;s alto del cerro hab&#x00ED;an estado asechando u espiando sin soltar los caballos alg&#x00FA;n tiempo. Sospechamos que pod&#x00ED;an ser algunos sabuaganas que nos hubiesen seguido para quitarnos la caballada en este paraje, en que era veris&#x00ED;mil atribuy&#x00E9;semos el hecho a los comanches m&#x00E1;s bien que a los yutas, por no estar ya en tierra de &#x00E9;stos sino de aquellos.
A m&#x00E1;s de esto, nos di&#x00F3; gran fundamento para la sospecha el gu&#x00ED;a Silvestre desde la noche antecedente, en que para dormir contingente e inadvertidamente se separ&#x00F3; del real un corto trecho. No se hab&#x00ED;a puesto en todo el camino la cobija que le dimos, y hoy sali&#x00F3; del paraje con ella sin quit&#x00E1;rsela todo el d&#x00ED;a, y sospech&#x00E1;bamos que por estar de acuerdo con los sabuaganas se la pon&#x00ED;a por ser conocido en caso que nos saliesen. M&#x00E1;s aument&#x00F3; nuestra sospecha deteni&#x00E9;ndose un rato antes de llegar al cerro en que hallamos la huella, compensativo y confuso, queriendo ya ir por la orilla del r&#x00ED;o, ya conducirnos por aqu&#x00ED;. No le dimos indicio alguno de nuestra sospecha, disimul&#x00E1;ndola enteramente, y en el progreso de nuestra derrota nos di&#x00F3; pruebas eficaces de su inocencia.
Proseguimos por donde mismo iba la huella, bajamos otra vez al R&#x00ED;o de San Buenaventura, y vimos que en la frondosa alameda y vega que &#x00E9;sta tiene hab&#x00ED;an estado muy de espacio los de la huella. Proseguimos sobre ella por la vega, pasamos unas lomas bajas, y paramos en otra vega de buen pasto a la orilla del r&#x00ED;o, nombrando al Paraje de las Llagas de Nuestro Padre San Francisco, y habiendo andado por las lomas quebradas y cuestas y vega dichas seis leguas al sudoeste, y en toda la jornada ocho leguas.

</p><p n="59">
Luego que paramos, fueron dos compa&#x00F1;eros sobre la huella al sudoeste para explorar el terreno inmediato, e hicieron juicio haber sido comanches.
</p><p n="60">

D&#x00ED;a 17 salimos de la Vega de las Llagas de Nuestro Padre San Francisco rumbo sudoeste, subimos unas lomas bajas, y andada una legua dejamos la vereda que tra&#x00ED;amos, por la cual segu&#x00ED;a la huella de los peones y caballos. D&#x00ED;jonos Silvestre que eran comanches que &#x00ED;ban en seguimiento de los yutas que, acaso andando en caza de c&#x00ED;bolos, hab&#x00ED;an sido sentidos. Persuad&#x00ED;mosnos a esto, as&#x00ED; por el rumbo a que &#x00ED;ban como por otros indicios que dejaban. Pasamos un arroyo seco, subimos una loma, y andada legua y media al oeste por tierra buena, casi llana y &#x00E1;rida, llegamos a una caja alta desde la cual nos mostr&#x00F3; el gu&#x00ED;a la junta de los r&#x00ED;os de San Clemente y San Buenaventura, que ya juntos se dirig&#x00ED;an respecto de aqu&#x00ED; al sur. Bajamos a un llano y vega grande de otro r&#x00ED;o, y andada otra legua y media al poniente, llegamos a la junta de dos r&#x00ED;os medianos que bajan de la sierra que est&#x00E1; cerca de aqu&#x00ED; y al norte del R&#x00ED;o de San Buenaventura, y corren al leste ya juntos por todo el llano hasta incorporarse con el dicho de San Buenaventura. El m&#x00E1;s oriental antes de la junta corre al sueste, y lo nombramos de San Dami&#x00E1;n; el otro al leste, y lo nombramos R&#x00ED;o de San Cosme. Por &#x00E9;ste arriba proseguimos, y andada una legua al oeste vimos cerca de &#x00E9;l ruinas de un pueblo muy antiguo en las que hab&#x00ED;a fragmentos de metates, jarros, y ollas de barro. La forma del pueblo era orbicular, seg&#x00FA;n manifiestan las ruinas ya casi enteramente terraplenes. Declinamos al sudoeste por el llano que est&#x00E1; entre los dos r&#x00ED;os, subimos unas lomas de piedra suelta y muy molesta a las caballer&#x00ED;as ya despeadas; bajamos otra vega del R&#x00ED;o de San Cosme, y habiendo andado al sudoeste media legua, y media al oeste por esta vega, paramos en ella, nombr&#x00E1;ndola La Ribera de San Cosme. Hoy ocho leguas.
</p><p n="61">
A poco de haber parado vimos al pi&#x00E9; de la sierra humos, y preguntando al gu&#x00ED;a quienes juzgaba los hab&#x00ED;an levantado, dijo que pod&#x00ED;an ser comanches o algunos de los lagunas que sol&#x00ED;an andar por aqu&#x00ED; cazando.
	
</p><p n="62">

D&#x00ED;a 18 salimos de la Ribera de San Cosme, y queriendo el gu&#x00ED;a pasar a la otra banda del r&#x00ED;o e ir por ella, nos meti&#x00F3; en un bosque o bre&#x00F1;al de jara casi impenetrable y en esteros cenegosos que nos obligaron a retroceder y pasar el r&#x00ED;o tres veces, dando muchas vueltas in&#x00FA;tiles. Luego por un llano inmediato a sus vegas anduvimos tres leguas al sudoeste, declinamos al oes-sudoeste una legua, pasamos el r&#x00ED;o quinta vez, y volvimos a tomar el oeste al que, ya por la vega del r&#x00ED;o ya por un llano inmediato, caminamos tres leguas y cuarto. Subimos [como de cuesta] una mesa no muy alta, arriba llana y de mucha piedra, anduvimos tres cuartos de legua, inclusas la subida y bajada, pasamos otro r&#x00ED;o peque&#x00F1;o que cerca de aqu&#x00ED; entra en el de San Cosme y nombramos Santa Catarina de Sena, y paramos en su orilla. Hoy nueve leguas.
</p><p n="63">
Desde la rancher&#x00ED;a de los Sabuaganas y Paraje de San Antonino M&#x00E1;rtir hasta aqu&#x00ED; numeramos ochenta y ocho leguas, y desde Sante Fe doscientas ochenta y siete.
</p><p n="64">

En estos tres r&#x00ED;os que hoy hemos pasado hay buen terreno, y bastante para siembras con proporci&#x00F3;n de riego, hermosas alamedas, buenos pastos, madera y le&#x00F1;a no muy distantes para tres poblaciones buenas.
</p><p n="65">
De la tierra de los comanches baja una sierra muy larga y alta que hasta los lagunas corre de nordeste a sudoeste, en lo que vimos m&#x00E1;s de setenta leguas, la cual hacia el norte del R&#x00ED;o de San Buenaventura ten&#x00ED;a en este tiempo los collados y picachos m&#x00E1;s altos cubiertos de nieve, por lo cual la nombramos Sierra Blanca de los Lagunas. La cual empezaremos a subir y atravesar ma&#x00F1;ana por donde se mira menos elevada.
	
</p><p n="66">

D&#x00ED;a 19 salimos del r&#x00ED;o de Santa Catarina de Sena rumbo sudoeste sin vereda, subimos una cuesta tendida y corta pero muy petrosa, y andado un cuarto de legua declinamos al oeste, bajamos a la orilla del r&#x00ED;o de San Cosme y por ella
anduvimos dos leguas y cuarto, dando varias vueltas por tierra casi intransitable, ya por la mucha piedra ya por los precipicios que hay de pe&#x00F1;ascos. Uno de los cuales nos lastim&#x00F3; un caballo y nos oblig&#x00F3; a retroceder como una milla y bajar a otra vega del r&#x00ED;o. Pas&#x00E1;rnosla, rompiendo un bosque de jara y carrizo alto, y a la media legua al oeste declinamos al noroeste tomando por camino la caja de un arroyo, subiendo la sierra y dejando el R&#x00ED;o de San Cosme.
Proseguimos por el arroyo que insensiblemente nos condujo en un ca&#x00F1;&#x00F3;n cerrado y alto por ambas partes, sin m&#x00E1;s terreno andable que la caja del arroyo. En la mitad del ca&#x00F1;&#x00F3;n hay otro arroyo que viene de norte a sur. Nosotros seguimos por el que tra&#x00ED;amos al noroeste, y andadas cuatro leguas, que por las varias vueltas vinieron a ser al oes-noroeste, salimos del ca&#x00F1;&#x00F3;n, que nombramos de las Golondrinas por haber en &#x00E9;l muchos nidos de estas aves, formadas con tal simetr&#x00ED;a que parecen pueblecillos. Luego proseguimos por un chamizal de buen terreno, y a la media legua al oes-noroeste declinamos al oeste subiendo una loma tendida y de alg&#x00FA;n monte, y bajada &#x00E9;sta, entramos en un llano por el cual atraviesa de norte a sur una vereda bien trillada.
Acabado el llano descendimos por una ceja alta, petrosa, y escarpada al aguaje que nombramos de San Eustaquio, habiendo andado dos leguas y media al oeste. Este aguaje es perenne y copioso, y en &#x00E9;l hay abundante pasto. Llegamos muy fatigados, ya por lo penoso de la jornada ya porque en todo el d&#x00ED;a no ces&#x00F3; de soplar reciamente un viento muy fr&#x00ED;o de oeste. Hoy diez leguas.
</p><p n="67">

D&#x00ED;a 20 salimos de San Eustaquio dejando por muerto uno de los caballos mas fuertes que llev&#x00E1;bamos, y fue el mismo que en Santa Cruz del R&#x00ED;o de San Buenaventura se hab&#x00ED;a quebrado la cerviz. Subimos rumbo sudoeste una cuesta dilatada pero tendida, luego declinamos al oeste poco menos de tres leguas y cuarto por un chamizal llano pero molesto y de mucho nopal chico.
Entramos en una ca&#x00F1;ada corta, amplia y tendida, y a un cuarto de legua al sur-sudoeste volvimos al oeste, bajamos a un r&#x00ED;o peque&#x00F1;o que corre al leste, y acaso es el que antes nombramos San Cosme. Pasamos el r&#x00ED;o, y rumbo oessudoeste subimos otra cuesta dilatada pero tendida y andable, y a una milla declinamos al sudoeste cerca de dos leguas por una ca&#x00F1;ada muy amena y alegre de abundant&#x00ED;simos pastos. Paramos al fin de la ca&#x00F1;ada en una ci&#x00E9;nega corta de mucho pasto, y en medio tiene un buen ojo de agua que nombramos Ojo de Santa Luc&#x00ED;a. Esta noche hizo tanto fr&#x00ED;o que aun la agua que toda la no&#x00E7;he estuvo inmediata a la lumbre amaneci&#x00F3; helada. Hoy neuve leguas.
</p><p n="68">

D&#x00ED;a 21 salimos del Ojo de Santa Luc&#x00ED;a rumbo sudoeste por la misma ca&#x00F1;ada que acabamos de subir por un bosque de &#x00E1;lamo blanco, y andado un cuarto de legua declinamos a oeste una legua y tres cuartos, ya por chamizales molestos ya por ca&#x00F1;adas bajas de tierra muy blanda y de muchos hoyos peque&#x00F1;os en que, por estar ocultos entre la hierba, se sum&#x00ED;an y tropezaban a cada instante las caballer&#x00ED;as. Luego descendimos a un r&#x00ED;o mediano en que se cr&#x00ED;an con abundancia buenas truchas de las que con flecha mat&#x00F3; y cogi&#x00F3; dos el laguna Joaqu&#x00ED;n, que cada una pesar&#x00ED;a algo m&#x00E1;s de dos libras. Corre &#x00E9;ste al sueste por un valle ameno de buenos pastos, muchas fuentes, y hermosos bosques de &#x00E1;lamo blanco no muy alto ni grueso. Hay en &#x00E9;l todas las comodidades que para una poblaci&#x00F3;n se requieren. Nombr&#x00E1;moslo Valle de la Pur&#x00ED;sima.
D&#x00ED;jonos el gu&#x00ED;a que en &#x00E9;l hab&#x00ED;an habitado alg&#x00FA;n tiempo porci&#x00F3;n de lagunas quienes en la pesca de dicho r&#x00ED;o ten&#x00ED;an su m&#x00E1;s ordinario alimento, y que se retiraron por temor de los comanches que empezaban sus excursiones por esta parte de la sierra.
Pasado el r&#x00ED;o y subida la loma, entramos en el plano del valle, y andada una legua al sur-sudoeste por una ca&#x00F1;ada de mucho chamizo y mal piso, y a tres cuartos de legua pasamos un r&#x00ED;o chico de agua muy fr&#x00ED;a. Proseguimos al oeste otro cuarto de legua y entramos en un bosque espeso de &#x00E1;lamo blanco, roble peque&#x00F1;o, capul&#x00ED;n y pino real, y por el mismo bosque tomamos la ladera austral de una ca&#x00F1;ada montuosa, y andada una legua al oeste cuarta al sur pasamos al otro lado. El gu&#x00ED;a, ansioso de llegar m&#x00E1;s presto de lo que pod&#x00ED;amos, iba con tanta prisa que a cada paso s&#x00E9; nos ocultaba en el bosque y no sab&#x00ED;amos por d&#x00F3;nde seguirlo, porque a m&#x00E1;s de la mucha espesura del monte, ni hab&#x00ED;a senda ni se conoc&#x00ED;a en muchas partes su rastro. Orden&#x00E1;sele que fuese poco a poco siempre a nuestra vista.
Proseguimos por el bosque que cuanto m&#x00E1;s adelante estaba m&#x00E1;s cerrado, y andada media legua al oeste salimos de &#x00E9;l llegando a un collado de mucha elevaci&#x00F3;n. Desde el cual nos mostr&#x00F3; el gu&#x00ED;a la parte a que ca&#x00ED;a la laguna, y al sueste de esta otra parte de la sierra en que nos dijo habitar gran n&#x00FA;mero de gente del mismo idioma y car&#x00E1;cter de los lagunas. Por este collado anduvimos al sudoeste un cuarto de legua y lo bajamos rompiendo bandas casi impenetrables de capul&#x00ED;n y roble peque&#x00F1;o, y pasando otro bosque de &#x00E1;lamo tan cerrado que no juzgamos pudiesen pasar las cargas sin desmontar primero. En este bosque volvi&#x00F3; el gu&#x00ED;a a mortificarnos con su acceleraci&#x00F3;n, de modo que nos oblig&#x00F3; a contenerlo y no dejarlo solo. En esta espesura recibi&#x00F3; contra un &#x00E1;lamo un fuerte golpe en una rodilla el padre Fray Francisco Atanasio.
Bajamos finalmente con mucha dificultad y trabajo a una profunda y angosta ca&#x00F1;ada, en que hallando pasto suficiente que hay en toda esta sierra, y agua para nosotros y para la caballada, paramos en ella despu&#x00E9;s de haber andado en la bajada una legua al oeste, nombrando el sitio San Mateo. Hoy seis leguas y media. Esta noche tuvimos m&#x00E1;s fr&#x00ED;o que en las antecedentes.

</p><p n="69">

D&#x00ED;a 22 salimos de San Mateo rumbo sueste por la ladera septentrional de esta ca&#x00F1;ada en que hab&#x00ED;a muchos desfiladeros y deslices peligrosos, sin m&#x00E1;s vereda que la que &#x00ED;bamos abriendo; y por las arrugas y aspereza de la sierra por aqu&#x00ED;,
a cada paso nos obligaban a mudar de rumbo y dar much&#x00ED;simas vueltas, solo se dice que andadas subiendo y bajando lomas y collados altos, escarpados de piedra algunos, como cinco leguas, descendimos por una cuchilla andable, tendida y de muchos pastos, a un corto llano que est&#x00E1; entre dos riachuelos que en &#x00E9;l se juntan, andada por la cuchilla una legua al sudoeste. Tra&#x00ED;amos muy fatigadas las caballer&#x00ED;as, hab&#x00ED;a mucho pasto, y as&#x00ED; paramos en &#x00E9;l, nombr&#x00E1;ndolo San Lino. Hoy anduvimos seis leguas largas, y por las muchas vueltas vendr&#x00ED;an a salir respecto de San Mateo tres leguas al oes-sudoeste.
</p><p n="70">
Desde lo m&#x00E1;s alto de la &#x00FA;ltima cuchilla vimos levantar muchos y grandes humos, no muy distantes en la misma sierra y en frente de nosotros. Dijo el gu&#x00ED;a Silvestre que eran de algunos de su gente que andar&#x00ED;an cazando. Correspond&#x00ED;moslos con otros para evitar que, si nos hab&#x00ED;an visto, nos tuviesen por gente enemiga y as&#x00ED; se ahuyentasen o nos recibiesen con las flechas. Volvieron a levantar mayores humaredas en el puerto por donde hab&#x00ED;amos de entrar a la laguna, y esto nos hizo creer que ya nos hab&#x00ED;an visto, porque este es el aviso m&#x00E1;s pronto y ordinario que en cualquiera novedad usan todas las gentes de esta parte de Am&#x00E9;rica. Por lo que advertimos a Silvestre que esta noche estuviese con cuidado, por si alguno de los suyos que sab&#x00ED;an nuestro arrivo se acercaba al real para ver qu&#x00E9; gente ven&#x00ED;a. Y como a las dos de la ma&#x00F1;ana, hora en que seg&#x00FA;n su juicio pod&#x00ED;amos tener alguno o algunos cerca, habl&#x00F3; largo rato en su idioma, dandoles &#x00E1; entender que eramos gente pac&#x00ED;fica, amiga y buena. No supimos que alguno nos oyese.
</p><p n="71">

D&#x00ED;a 23, sabiendo que lleg&#x00E1;bamos a la laguna, para que los dos, Silvestre y Joaqu&#x00ED;n, entrasen m&#x00E1;s alegres y afectos a nosotros a su tierra o lugar, dimos a cada uno nuevamente una vara de chalona y otra de list&#x00F3;n encarnado con que luego procuraron adornarse. El gu&#x00ED;a Silvestre se puso la cobija antes recibida a modo de manto o capa, y la chalona que ahora le dimos como faja ancha en la cabeza, dejando dos puntas largas pendientes y sueltas a la espalda. As&#x00ED; cabalg&#x00F3; representando al vivo los cautivos que los Padres Redentores sacan en su procesi&#x00F3;n este d&#x00ED;a de Nuestra Se&#x00F1;ora de la Merced. Cuya contingencia parec&#x00ED;a ser feliz auspicio de la buena disposici&#x00F3;n de estos cautivos cuya libertad dese&#x00E1;bamos y ped&#x00ED;amos al Redentor del Mundo mediante la intercesi&#x00F3;n de su Pur&#x00ED;sima Madre, que para alentarnos a esto quiso tomar la advocacion con que hoy la celebra la Iglesia.
Temprano salimos de San Lino rumbo sudoeste, subimos una corta loma, y en la cumbre de ella hallamos un hormiguero grande, todo de piedra alumbre muy menuda, purificada y cristalina. Bajamos al peque&#x00F1;o R&#x00ED;o de San Lino, y andada una legua por sus cortas vegas que son muy planas, sin dejar el r&#x00ED;o y por &#x00E9;l abajo declinamos al oeste. Aqu&#x00ED; le entra otro m&#x00E1;s peque&#x00F1;o, y en ambos hay bellos ancones y todo lo dem&#x00E1;s para ranchos de pastor&#x00ED;as. Andadas al oeste r&#x00ED;o abajo tres cuartos de legua, vimos y pasamos tres ojos copiosos de agua caliente que tocamos y gustamos, y es de la misma calidad azufrosa que la que es inmediata al pueblo de San Diego de los J&#x00E9;mez en el Nuevo M&#x00E9;jico.
Proseguimos al oeste otros tres cuartos de legua, entramos en lo m&#x00E1;s estrecho del ca&#x00F1;&#x00F3;n del r&#x00ED;o y declinamos una milla al norte. Aqu&#x00ED; hay otros tres ojos de agua como los inmediatos precedentes, y todos nacen del pie de un elevad&#x00ED;simo cerro muy cercano al r&#x00ED;o en esta banda septentrional y entran en el r&#x00ED;o. Por cuyo motivo lo nombramos R&#x00ED;o de Aguas Calientes. En esta angostura del ca&#x00F1;&#x00F3;n hay algunos pasos dif&#x00ED;ciles pero componibles.
Proseguimos al noroeste media legua, pasamos a la otra banda del r&#x00ED;o, subimos una corta cuesta, y divisamos la Laguna y dilatado Valle de Nuestra Se&#x00F1;ora de la Merced de los Timpanogotzis (as&#x00ED; lo nombramos desde aqu&#x00ED;). Tambi&#x00E9;n vimos que por todas partes levaban succesivamente humos, corriendo as&#x00ED; el aviso de nuestra entrada. Bajamos al llano entrando ya en el valle; pasamos el r&#x00ED;o otra vez, y andado por sus dilatadas vegas y orilla septentrional algo m&#x00E1;s de una legua, pasamos a la otra banda y en una de sus vegas meridionales, que nombramos Vega del Dulc&#x00ED;simo Nombre de Jes&#x00FA;s, paramos. Hoy cinco leguas y media.
</p><p n="72">
Hallamos reci&#x00E9;n abrazados los pastos de las vegas por donde ven&#x00ED;amos, y otros inmediatos ardiendo. De que inferimos que estos indios nos hab&#x00ED;an juzgado comanches u otra gente enemiga, y que como hab&#x00ED;an acaso visto que tra&#x00ED;amos caballer&#x00ED;as, hab&#x00ED;an intentado quemar los pastos de nuestro tr&#x00E1;nsito para que la falta de ellos nos obligase a salir m&#x00E1;s presto del plano. Pero como &#x00E9;ste es tan grande y dilatado, no pudieron hacerlo en tan breve tiempo aunque hab&#x00ED;an puesto fuego por muchas partes. Por esto, qued&#x00E1;ndose aqu&#x00ED; nuestra corta comitiva, luego que paramos parti&#x00F3; para los primeros ranchos el padre Fray Francisco Atanasio con el gu&#x00ED;a Silvestre, su compa&#x00F1;ero Joaqu&#x00ED;n, y el int&#x00E9;rprete Andr&#x00E9;s Mu&#x00F1;iz. Y habiendo corrido por llegar esta tarde cuanto pudieron los caballos hasta cansarse, y seis leguas y media al nor-noroeste, llegaron a ellos.
Sali&#x00E9;ronlos a recibir algunos hombres con las armas en la mano para defender sus habitaciones y familias; mas luego que Silvestre les habl&#x00F3;, se convirti&#x00F3; el aparato de guerra en las m&#x00E1;s finas y cari&#x00F1;osas expresiones de paz y cari&#x00F1;o. Llev&#x00E1;ronlos muy alegres a sus pobres casillas, y despu&#x00E9;s de haberlos acariciado singularmente, y haberles significado que &#x00ED;bamos de paz y que los am&#x00E1;bamos como a nuestros mayores amigos, les di&#x00F3; el padre tiempo para que hablasen de espacio con nuestro gu&#x00ED;a Silvestre, el cual les hizo una narraci&#x00F3;n de lo que hab&#x00ED;a observado y visto desde que nos empez&#x00F3; a comunicar tan a favor nuestro y del designo que llev&#x00E1;bamos, que no lo pod&#x00ED;amos desear mejor.
Cont&#x00F3;les muy por extenso lo bien que lo hab&#x00ED;amos tratado y el amor que le ten&#x00ED;amos. Y entre otras cosas les dijo con grande admiraci&#x00F3;n que, habiendo dicho los sabuaganas que nos matar&#x00ED;an sin duda los comanches, o nos quitar&#x00ED;an la caballada, y habiendo pasado nosotros por las partes que ellos m&#x00E1;s frecuentan y aun hallado rastros de ellos muy frescos, no nos hab&#x00ED;an salido ni los hab&#x00ED;amos visto, verific&#x00E1;ndose lo que los padres hab&#x00ED;an dicho; esto es, que Dios nos librar&#x00ED;a de todos los enemigos; y de este modo que aunque pas&#x00E1;semos por su misma tierra no nos sentir&#x00ED;an ni nosotros los ver&#x00ED;amos, concluyendo con decir que solamente los padres hablaban la verdad, que en su compa&#x00F1;&#x00ED;a se pod&#x00ED;a andar toda la tierra sin riezgo, y que solo eran buena gente.
Confirm&#x00F3;los m&#x00E1;s en esta creencia ver que el muchacho Joaqu&#x00ED;n estaba tan engre&#x00ED;do con nosotros que sin hacer aprecio de los suyos no se separaba del padre m&#x00E1;s que para cuidar de las caballer&#x00ED;as que hab&#x00ED;an llevado. Apenas quer&#x00ED;a hablarles y de ninguna suerte estar junto a ellos, sino pegado al padre durmiendo lo que tuvieron de vaco esta noche, lo que fue muy poco a su lado, cosa bien digna de que la admirasen, no s&#x00F3;lo sus gentes mas aun nosotros por caer en un ni&#x00F1;o e indio tan remoto que jam&#x00E1;s hab&#x00ED;a fuera de esta ocasi&#x00F3;n visto padres ni espa&#x00F1;oles.
Despu&#x00E9;s que hablaron largo tiempo sobre esto, habiendo concurrido muchos individuos de los ranchos inmediatos, y d&#x00E1;doles de chupar a todos, les di&#x00F3; el padre a entender por medio del int&#x00E9;rprete y de Silvestre, que ya tra&#x00ED;a algunas luces, los motivos de nuestra venida, y que el principal era solicitar la salvaci&#x00F3;n de sus almas y manifestarles los medios con que &#x00FA;nicamente pod&#x00ED;an conseguirla, siendo el principal, primero y necesario, creer en un solo Dios verdadero, amarlo y obedecerlo enteramente, haciendo lo que en su santa e inmaculada Ley se contiene, y que todo esto se les ense&#x00F1;ar&#x00ED;a con m&#x00E1;s claridad y extensi&#x00F3;n, y se les echar&#x00ED;a el agua del santo bautismo, si ellos quer&#x00ED;an ser cristianos y que viniesen padres a instruirlos y espa&#x00F1;oles a vivir con ellos. Y que en este caso se les ense&#x00F1;ar&#x00ED;a tambi&#x00E9;n a sembrar y criar ganados, con lo que entonces tendr&#x00ED;an todo lo necesario que comer y vestir como los espa&#x00F1;oles. Porque sujet&#x00E1;ndose a vivir como Dios manda y los padres les ense&#x00F1;ar&#x00ED;an, les enviar&#x00ED;a todo lo necesario nuestro Capit&#x00E1;n Grande que nosotros llam&#x00E1;bamos Rey; pues viendo que quer&#x00ED;an cristianizarse ya los tendr&#x00ED;a por sus hijos y los cuidar&#x00ED;a como que ya eran gente suya.
Despu&#x00E9;s les dijo que si&#x00E9;ndonos preciso seguir nuestra derrota para saber del otro padre nuestro hermano, necesit&#x00E1;bamos que otro de ellos nos guiase hasta otra naci&#x00F3;n conocida que nos franquease otro gu&#x00ED;a. En todo esto nos ayudaba Silvestre en sus buenos oficios. Oyeron con gusto y respondieron que a todo estaban prontos, manifestando desde luego su gran docilidad. Aunque hab&#x00ED;an concurrido dos capitanes, no hab&#x00ED;a el que como mayor mandaba a estas gentes, y as&#x00ED; suplic&#x00F3; el padre que estas gentes lo llamasen. Respondieron que estaba su casa distante y que por la ma&#x00F1;ana vendr&#x00ED;a. Con esto se retiraron a sus albergues, quedando algunos en conversaci&#x00F3;n toda la noche con nuestro Silvestre.
	
</p><p n="73">

D&#x00ED;a 24 avisamos por medio del int&#x00E9;rprete dicho, Joaqu&#x00ED;n y otro laguna, a los compa&#x00F1;eros para que viniesen del Dulc&#x00ED;simo Nombre de Jes&#x00FA;s al rancho en que est&#x00E1;bamos, y en que concurr&#x00ED;an succesivamente los indios de &#x00E9;sta y otras rancher&#x00ED;as, al cual llegaron poco antes del medio d&#x00ED;a. Vino temprano el capit&#x00E1;n mayor con los otros dos, varios ancianos, y muchos particulares. Propus&#x00ED;mosles con mayor extensi&#x00F3;n lo ya referido, y todos un&#x00E1;nimamente respondieron que viniesen los padres, que vivir&#x00ED;an como los tatas (as&#x00ED; nombran los yutas a los religiosos) les mandasen y ense&#x00F1;asen, y que ofrec&#x00ED;an a los espa&#x00F1;oles toda su tierra para que hiciesen sus casas en donde les cuadrase, a&#x00F1;adiendo que ellos recorrer&#x00ED;an la tierra y estar&#x00ED;an siempre de esp&#x00ED;as en las entradas de los comanches, para cuando quisiesen entrar al valle e inmediaciones de la sierra, pudiesen tener pronto aviso a los espa&#x00F1;oles y salir todos juntos a castigarlos.
Viendo tan admirable docilidad, y logrado nuestro intento, les dijimos que conclu&#x00ED;do nuestro viaje volver&#x00ED;amos con m&#x00E1;s padres y espa&#x00F1;oles para bautizarlos y vivir con ellos, pero que desde ahora mirasen bien lo que dec&#x00ED;an para que despu&#x00E9;s no se hallasen arrepentidos. Respondieron que estaban firmes en lo que promet&#x00ED;an, a&#x00F1;adiendo con grandes s&#x00FA;plicas que no nos tard&#x00E1;semos mucho tiempo en volver. Dij&#x00ED;mosles que aunque todos los nuestros creer&#x00ED;an cuanto de ellos les habl&#x00E1;semos, que nos diesen una se&#x00F1;a de que quer&#x00ED;an ser cristianos, etc&#x00E9;tera, para mostrarla al capit&#x00E1;n grande nuestro y a los dem&#x00E1;s espa&#x00F1;oles, para que con ella creyesen m&#x00E1;s bien sus buenos deseos y se adelantasen a venir m&#x00E1;s presto. Esto hicimos para sondear m&#x00E1;s bien sus &#x00E1;nimos, y respondieron que de muy buena gana y voluntad la dar&#x00ED;an a otro d&#x00ED;a por la ma&#x00F1;ana.

</p><p n="74">
Consecutivamente regalamos al capit&#x00E1;n, que era bien apersonado, un belduque y cuentas de abalorio, y Don Bernardo Miera una hacha peque&#x00F1;a. A todos los dem&#x00E1;s individuos dimos cuentas blancas, pocas a cada uno porque ellos eran muchos, de lo cual quedaron muy gustosos y agradecidos. Despu&#x00E9;s les acordamos la promesa del gu&#x00ED;a, y les dijimos que si lo permit&#x00ED;an nos traer&#x00ED;amos a Joaqu&#x00ED;n, que quer&#x00ED;a seguir con nosotros. Respondieron que ya hab&#x00ED;an confabulado sobre esto y que hab&#x00ED;an determinado que no s&#x00F3;lo Joaqu&#x00ED;n mas tambi&#x00E9;n el nuevo gu&#x00ED;a, si quisiese, siguiera con nosotros hasta nuestra tierra, y que con nosotros se regresar&#x00ED;an cuando volvi&#x00E9;semos, a&#x00F1;adiendo que ninguno de ellos conoc&#x00ED;a mucha tierra por el rumbo que sab&#x00ED;an hab&#x00ED;amos de tomar; pero que con los dos, Joaqu&#x00ED;n y el gu&#x00ED;a, ir&#x00ED;amos preguntando por las naciones de nuestro tr&#x00E1;nsito. Esta expresi&#x00F3;n tan clara y adecuada de la mayor sinceridad nos llen&#x00F3; de un imponderable gozo, y nos asegur&#x00F3; enteramente en que sin la menor doblez y con espont&#x00E1;nea y libre voluntad, movida de la divina gracia, admit&#x00ED;an y deseaban el cristianismo.
Pus&#x00ED;mosles delante lo mismo que hab&#x00ED;amos dado a Silvestre, para que vi&#x00E9;ndolo se declarase el que hab&#x00ED;a de ir con nosotros en calidad de gu&#x00ED;a. Al punto lo recibi&#x00F3; uno de los circunstantes y qued&#x00F3; ya por nuestro gu&#x00ED;a y compa&#x00F1;ero. Al cual desde aqu&#x00ED; impusimos por nombre Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a. Con esto determinamos proseguir el d&#x00ED;a siguiente nuestra derrota para los establecimientos y puerto de Monterey.
</p><p n="75">
Avisaron nos que estaba un ni&#x00F1;o enfermo para que pas&#x00E1;semos a verlo y bautizarlo. Fuimos, y hall&#x00E1;ndolo ser ya algo grande y estar ya casi restablecido de una larga enfermedad sin peligro actual, no tuvimos por conveniente echarle el agua del bautismo. Despu&#x00E9;s lo trajo su madre a donde est&#x00E1;bamos solicitando que lo bautis&#x00E1;semos, mas la consolamos diciendo que pronto volver&#x00ED;amos y se bautizar&#x00ED;an todos, grandes y peque&#x00F1;os.
</p><p n="76">
&#x00FA;ltimamente les significamos que ya ten&#x00ED;amos poco bastimento, y que les agredecer&#x00ED;amos que nos vendiesen un poco de pescado seco. Traj&#x00E9;ronlo y compramos un buen tercio. Todo el d&#x00ED;a y parte de la noche estuvieron viniendo y conversando con nosotros, y a todos experimentamos muy sencillos, d&#x00F3;ciles, apacibles, y cari&#x00F1;osos. Ya nuestro Silvestre era mirado con respeto, y lograba autoridad entre ellos por habernos llevado y ser atendido de nosotros.
</p><p n="77">

D&#x00ED;a 25 por la ma&#x00F1;ana volvieron a concurrir, nos entregaron la se&#x00F1;a pedida, explic&#x00E1;ndonos lo que conten&#x00ED;a. Luego que se la pedimos el d&#x00ED;a antecedente, advertimos al int&#x00E9;rprete que ni &#x00E9;l ni los dem&#x00E1;s dijesen a los indios cosa alguna sobre esto, para ver lo que ellos por s&#x00ED; produc&#x00ED;an. Pero al traer la se&#x00F1;a vi&#x00F3; un compa&#x00F1;ero, que no sab&#x00ED;a el &#x00F3;rden dado, las figuras de ella, y mostr&#x00E1;ndoles la cruz del rosario, les di&#x00F3; a entender que la pintasen sobre una de las figuras. Y entonces la volvieron a llevar y sobre cada una pintaron una cruz peque&#x00F1;a. Lo dem&#x00E1;s qued&#x00F3; como antes, y nos la dieron diciendo que la figura que por uno y otro lado ten&#x00ED;a m&#x00E1;s almagre, o como ellos dicen sangre, representaba al capit&#x00E1;n mayor, porque en las batallas con los comanches hab&#x00ED;a recibido m&#x00E1;s heridas. Las otras dos que no estaban tan ensangrentadas, a los capitanes inferiores al primero; y la que no ten&#x00ED;a sangre alguna, a uno que no era capit&#x00E1;n de guerra pero lo era de autoridad entre ellos. Estas cuatro figuras de hombres estaban rudamente pintadas con tierra y almagre en un corto pedazo de gamuza.
Recib&#x00ED;rnoslas, dici&#x00E9;ndoles que el Capit&#x00E1;n grande de los espa&#x00F1;oles tendr&#x00ED;a mucho gusto de verla, y que cuando volvi&#x00E9;semos la hab&#x00ED;amos de traer para que viesen el aprecio que de sus cosas hac&#x00ED;amos, y para que ella misma les acordase sus promesas y todo lo que hab&#x00ED;amos tratado. Dij&#x00ED;mosles que si mientras ven&#x00ED;amos ten&#x00ED;an alg&#x00FA;n trabajo de enfermedades o enemigos, clamasen a Dios diciendo: "Dios verdadero, soc&#x00F3;rrenos, favor&#x00E9;cenos." Y viendo que no pod&#x00ED;an articular bien estas palabras, les dijimos que solo dijesen: "Jes&#x00FA;s, Mar&#x00ED;a, Jes&#x00FA;s, Mar&#x00ED;a." Esto empezaron a repetir con facilidad, precedi&#x00E9;ndoles muy fervoroso nuestro Silvestre, y en &#x00ED;nter nos preven&#x00ED;amos para la partida, no cesaron de repetir tan santos nombres.
Lleg&#x00F3; &#x00E9;sta, y todos se despidieron de nosotros con gran ternura, especialmente Silvestre que nos abraz&#x00F3; estrechamente casi llorando. Y volvieron a encargarnos que no tard&#x00E1;semos mucho tiempo en volver, diciendo que dentro un a&#x00F1;o nos esperaban.
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<head>Descripci&#x00F3;n del Valle y Laguna de Nuestra Se&#x00F1;ora de la Merced de los Timpanogotzis o T&#x00ED;mpanocuitzis, o Come-Pescado. Todos estos Nombres les dan.</head>
<p n="78">Por la parte septentrional del R&#x00ED;o de San Buenaventura, como ya indicamos arriba, hay una sierra que en lo que alcanzamos a ver extiende de nordeste a sudoeste m&#x00E1;s de setenta leguas, y de ancho o traves&#x00ED;a tendr&#x00E1; por donde m&#x00E1;s cuarenta, y por donde nosotros la pasamos treinta. En esta sierra en la parte del oeste, y en los 40 grados, 49 minutos como al noroeste cuarta al norte de la Villa de Santa Fe, est&#x00E1; el Valle de Nuestra Se&#x00F1;ora de la Merced de los Timpanocuitzis, circundado de las eminencias de la sierra, de las cuales salen cuatro r&#x00ED;os medianos que lo ba&#x00F1;an, corriendo por &#x00E9;l hasta entrar en la laguna que tiene en medio. El plano del valle tendr&#x00E1; de sueste a noroeste diez y seis leguas espa&#x00F1;olas (que son las que en este diario numeramos), y de nordeste a sudoeste diez o doce. Es todo limpio, y a excepci&#x00F3;n de las ci&#x00E9;negas que est&#x00E1;n a orillas de la laguna, de muy buena calidad de tierras para todo g&#x00E9;nero de siembras.
De los cuatro r&#x00ED;os que lo ba&#x00F1;an, el primero hacia el sur es el de Aguas Calientes, en cuyas dilatadas vegas hay terreno suficiente de riego para dos poblaciones buenas. El segundo, siguiendo para el norte tres leguas del primero, y de m&#x00E1;s agua que &#x00E9;l, puede sostener una poblaci&#x00F3;n buena grande o dos medianas con abundancia de tierras buenas de riego todas. Este antes de la laguna se divide en dos brazos; en sus riberas a m&#x00E1;s de los &#x00E1;lamos hay alisos grandes. Nombr&#x00E1;moslo R&#x00ED;o de San Nicol&#x00E1;s. Tres leguas y media de &#x00E9;ste al noroeste est&#x00E1; el tercero, cuyo intermedio es de vegas planas de buen terreno para siembras; es m&#x00E1;s caudaloso que los dos antecedentes, tiene m&#x00E1;s grande alameda y vegas de buen terreno con proporci&#x00F3;n de riego, todas para dos y aun tres poblaciones buenas. Junto &#x00E1; &#x00E9;l estuvimos los d&#x00ED;as 24 y 25, y lo nombramos R&#x00ED;o de San Antonio de Padua.
Al cuarto r&#x00ED;o no llegamos, aunque divisamos su alameda. Est&#x00E1; al noroeste del de San Antonio y tiene a este rumbo mucha tierra llana, y seg&#x00FA;n lo visto buena. Nos dijeron ser de tanta agua como los otros, y as&#x00ED; podr&#x00E1;n establecerse en &#x00E9;l algunos pueblos. Nombr&#x00E1;moslo R&#x00ED;o de Santa Ana. A m&#x00E1;s de estos r&#x00ED;os hay en el plano muchos ojos de agua buena, y varias fuentes que bajan de la sierra.
Lo que acabamos de decir de las poblaciones se entiende queriendo dar a cada uno m&#x00E1;s tierras de las que precisamente necesita. Pues si s&#x00F3;lo tomase cada pueblo una legua de tierras de labor, caben en el valle tantos pueblos de indios como tiene el Nuevo M&#x00E9;jico, porque aunque por los rumbos de arriba le damos la extensi&#x00F3;n dicha (que tiene m&#x00E1;s), por el sur y otros tiene &#x00E1;ngulos muy capaces y todos de buen terreno. Hay en todo &#x00E9;l buenos y muy abundantes pastos, y en algunas partes produce lino y c&#x00E1;&#x00F1;amo con tanta abundancia que parece lo han sembrado de prop&#x00F3;sito. Y el temperamento aqu&#x00ED; es bueno, porque habiendo nosotros padecido bastante fr&#x00ED;o desde que salimos del r&#x00ED;o de San Buenaventura, en todo el valle de noche y de d&#x00ED;a sent&#x00ED;amos calor.
A m&#x00E1;s de estas bell&#x00ED;simas proporciones tiene en la sierra inmediata que lo circunda le&#x00F1;a y madera bastante, muchos abrigos, aguas, y pastos para criar ganados y caballadas. Esto es por el norte, nordeste y leste, y sueste. Por el sur y sudoeste tiene inmediatos otros dos dilatados valles, tambi&#x00E9;n de abundantes pastos y suficientes aguajes. A uno de estos llega la laguna, y despu&#x00E9;s de ella sigue un gran pedazo del valle bastantemente salitroso. La laguna tendr&#x00E1; de ancho seis leguas y de largo quince; corre al noroeste, y por una angostura seg&#x00FA;n nos informaron se comunica con otra mucho m&#x00E1;s grande.
Esta de los Timpanogotzis abunda de varios g&#x00E9;neros de pescado bueno, de &#x00E1;nsaras, nutrias, y otros animales anf&#x00ED;bios que no tuvimos lugar de ver. En su circuito habitan los indios dichos, que se mantienen con la abundante pesca de la laguna, por lo que los yutas sabuaganas los nombran Come-Pescado. A m&#x00E1;s de este recogen en el plano semillas de hierbas y de ellas hacen atole, a que a&#x00F1;aden la casa de liebres, conejos y gallinas, de que hay aqu&#x00ED; mucha abundancia. Tienen tambi&#x00E9;n c&#x00ED;bolos no muy distantes al nor-noroeste, pero el temor de los comanches les impide la caza de ellos.
Sus habitaciones son unas chozas o jacalillos de mimbres, de las que tienen curiosos cu&#x00E9;vanos y otros utensilios necesarios. En el vestido son muy pobres. El m&#x00E1;s decente que usan es un saco de gamuza y botas largas de lo mismo. Para tiempo de fr&#x00ED;o tienen frezadas de pieles de liebres y conejos. Usan el idioma yuta pero con notable variedad en el accento, y aun en algunas voces. Son de buena fisiognom&#x00ED;a, y cerrados de barba los m&#x00E1;s. Pueblan todas las partes de esta sierra por el sueste, sur-sudoeste y oeste gran n&#x00FA;mero de gentes de la misma naci&#x00F3;n, idioma, y docilidad que estos lagunas, con los cuales se puede formar una provincia muy poblada y extensa.

</p><p n="79">
Los nombres proprios de los capitanes contenidos en la se&#x00F1;a arriba explicada son en su idioma; del capit&#x00E1;n mayor Turunianchi, del segundo Cuitzapununchi, del tercero, que es nuestro Silvestre, Panchucunquibiran (que quiere decir Hablador); del cuarto, que no es capit&#x00E1;n y es hermano del capit&#x00E1;n mayor, Picuchi.
</p><p n="80">
La otra laguna con quien &#x00E9;sta se comunica ocupa seg&#x00FA;n nos informaron muchas leguas, y sus aguas son nocivas o extremadamente saladas, porque nos aseguraron los timpanois que el que se mojaba alguna parte del cuerpo con ellas al punto sent&#x00ED;a mucha comez&#x00F3;n en la parte mojada. En su circuito nos dijeron habita una naci&#x00F3;n numerosa y quieta que se nombra Puaguampe, que en nuestro vulgar dice Hechiceros, la cual usa el idioma comanche, se alimenta de hierbas, bebe de varias fuentes u ojos de buena agua que est&#x00E1;n en circuito de la laguna, y tienen sus casillas de zacate y tierras, que ser&#x00E1; el techo de ellas. No son enemigos de los lagunas seg&#x00FA;n insinuaron, pero desde cierta ocasi&#x00F3;n que se acercaron y les mataron un hombre no los tienen tan neutrales como antes. En esta ocasi&#x00F3;n entraron por la puerta final de la Sierra Blanca de los Timpanois (que es la misma en que est&#x00E1;n) por el norte cuarta al noroeste de ellos. Y por aqu&#x00ED; mismo dicen hacer sus entradas los comanches, las que no parecen ser muy frecuentes.
</p><p n="81">
Los timpanogotzis se nombran as&#x00ED; por la laguna en que viven, a la que llaman Timpanog&#x00F3;, y &#x00E9;ste es nombre peculiar de esta laguna, porque el nombre o voz con que significan cualquiera laguna en com&#x00FA;n es Pagariri. Tendr&#x00E1; &#x00E9;sta de ancho seis leguas y de largo quince hasta la angostura y comunicaci&#x00F3;n con la otra grande.
</p><p n="82">

D&#x00ED;a 25 como a la una de la tarde salimos de los dichos primeros ranchos y R&#x00ED;o de San Antonio por donde mismo hab&#x00ED;amos ido, y andadas tres leguas y media poco m&#x00E1;s, paramos a hacer noche en la orilla del R&#x00ED;o de San Nicol&#x00E1;s.
	
</p><p n="83">

D&#x00ED;a 26 salimos con los dos lagunas, Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a y Joaqu&#x00ED;n, del R&#x00ED;o de San Nicol&#x00E1;s, llegamos al de Aguas Calientes, pas&#x00E1;moslo, y andadas dos leguas al sur de &#x00E9;ste, paramos todav&#x00ED;a en el plano y junto a un arroyo de buena agua que nombramos de San Andr&#x00E9;s. Parece de agua perenne, y as&#x00ED; m&#x00E1;s bien es peque&#x00F1;o r&#x00ED;o o fuente que arroyo. En sus orillas hay una especie de &#x00E1;rboles medianamente grandes, que en las hojas cr&#x00ED;an gran copia de unos animalillos tan extra&#x00F1;os a nuestro conocimiento como ellos. Hoy dos leguas.
</p><p n="84">


D&#x00ED;a 27 salimos del Arroyo de San Andr&#x00E9;s rumbo sur, y andada una legua todav&#x00ED;a por el plano pasamos otro riachuelo de tanta agua como la de una acequia mediana, y corre al pelo de la tierra por do pasa, la cual es muy buena para siembras. Proseguimos al sur por el mismo plano una legua y media, pasamos el puerto austral de &#x00E9;l, que nombramos Puerto de San Pedro, y entramos en otro dilatado valle que, por estar muy cerca de &#x00E9;l al leste las salinas de que los Timpanois se proveen, nombramos Valle de las Salinas. El cual es uno de los arriba inmediate dichos, y tendr&#x00E1; de norte a sur catorce leguas, de leste a oeste cinco. Es todo de tierra llana muy abundante de agua y pastos, aunque no corre por &#x00E9;l m&#x00E1;s que un peque&#x00F1;o r&#x00ED;o. En &#x00E9;l cr&#x00ED;anse mucha copia de gallinas, de las que ya hablamos en este diario. Anduvimos otras cuatro leguas al sur por el plan del valle, y paramos en una fuente copiosa de buena agua que nombramos Ojo de San Pablo.
Luego que paramos trajeron Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a y Joaqu&#x00ED;n cinco indios de los ranchos inmediatos. D&#x00ED;mosles de comer y chupar, y les propusimos lo mismo que a los otros en la laguna seg&#x00FA;n respectivamente conven&#x00ED;a. Hall&#x00E1;moslos tan d&#x00F3;ciles y afables como a los dem&#x00E1;s, mostrando gran alegr&#x00ED;a al o&#x00ED;r que hab&#x00ED;an de venir m&#x00E1;s padres, y los espa&#x00F1;oles, &#x00E1; vivir con ellos. Estuvieron con nosotros hasta cerca de la media noche. Hoy seis leguas y media al sur.
</p><p n="85">

D&#x00ED;a 28 salimos del Ojo de San Pablo rumbo sur, y andadas cuatro leguas llegamos a un peque&#x00F1;o r&#x00ED;o que baja de la misma parte oriental (al r&#x00ED;o) de la sierra en que, seg&#x00FA;n nos dijeron, est&#x00E1;n las salinas. Detuv&#x00ED;mosnos aqu&#x00ED; un corto rato a la sombra de los &#x00E1;lamos de su orilla para aliviarnos del mucho calor que hac&#x00ED;a; y apenas nos hubimos sentado cuando por entre unas espesas matas de mimbres se acercaron a nosotros con gran miedo ocho indios, los m&#x00E1;s desnudos con solo un pedazo de gamuza en las verendas. Habl&#x00E1;mosles y nos hablaron, mas sin que mutuamente nos entendi&#x00E9;semos, porque los dos lagunas y el int&#x00E9;rprete iban adelante. Por se&#x00F1;as les dimos a entender que &#x00E9;ramos gente amiga de ellos, pac&#x00ED;fica. Proseguimos al sur, y andadas tres leguas declinamos al sueste media; otra media al sur, paramos todav&#x00ED;a en el valle cerca de una fuente que nombramos de San Bernardino. Hoy ocho leguas, todas casi al sur.
</p><p n="86">

D&#x00ED;a 29 salimos de San Bernardino rumbo sur-sudoeste. Luego encontramos seis indios, platicamos largo rato con ellos, y mediante el int&#x00E9;rprete y los lagunas les predicamos, atendiendo ellos con gran docilidad. Andadas dos leguas y media declinamos al sudoeste, saliendo ya del Valle de las Salinas que todav&#x00ED;a sigue al sur. Aqu&#x00ED; encontramos un indio anciano de venerable aspecto. Estaba en un jacalillo solo, y ten&#x00ED;a tan cerrada la barba que parec&#x00ED;a uno de los antiguos eremitas de Europa. Di&#x00F3;nos noticia de un r&#x00ED;o inmediato y de alguna tierra de la que restaba andar. Anduvimos al sudoeste media legua, declinamos m&#x00E1;s al oes-noroeste por unas ca&#x00F1;aditas y lomas &#x00E1;ridas, y andadas legua y media llegamos al r&#x00ED;o sin descubrirlo hasta la misma orilla, y paramos en una corta vega de buen pasto que nombramos Santa Isabel. En la cual observamos la altura por la estrella polar, y nos hallamos en 39 grados, 4 minutos de latitud.
</p><p n="87">
A poco de haber parado llegaron a la otra banda cuatro indios. Hic&#x00ED;moslos pasar a donde estabamos, obsequi&#x00E1;moslos, y toda la tarde estuvieron con nosotros. Nos dieron noticia del terreno que sab&#x00ED;an y del aguaje a que hab&#x00ED;amos de ir el d&#x00ED;a siguiente.
</p><p n="88">

Este r&#x00ED;o, seg&#x00FA;n el nombre que estos indios le dan, parece ser el de San Buenaventura, pero dudamos sea porque aqu&#x00ED; lleva mucho menos agua que por donde nosotros lo pasamos en 41 grados, 19 minutos, siendo as&#x00ED; que despu&#x00E9;s se incorpora con el de San Clemente, le entran los de San Cosme y San Dami&#x00E1;n y otros varios riachuelos. A m&#x00E1;s de esto, parece veris&#x00ED;mil que cuando lo pasamos en dicha altura nos hubiera dicho Silvestre que ese r&#x00ED;o corr&#x00ED;a cerca de su tierra, como nos dijo otras cosas sobre la sierra, dem&#x00E1;s r&#x00ED;os y laguna que tra&#x00ED;amos conformes a su relaci&#x00F3;n, en la que incluy&#x00F3; &#x00E9;ste que pasa por Santa Isabel.
</p><p n="89">

D&#x00ED;a 30 muy temprano llegaron al real veinte indios con los que ayer tarde vinieron, todos cobijados con frezadas de pieles de conejo y liebre. Estuvieron conversando con nosotros muy alegres hasta las nueve de la ma&#x00F1;ana, tan d&#x00F3;ciles y afables como los antecedentes. Ya &#x00E9;stos mucho m&#x00E1;s cerrados de barba que los lagunas, tienen la ternilla de la nariz agujerada, y en el agujero traen por galaneta atravesado un hueso peque&#x00F1;o y pulido de ciervo, gallina, u otro animal. En la fisiognom&#x00ED;a se parecen a los espa&#x00F1;oles m&#x00E1;s que a todos los dem&#x00E1;s indios hasta ahora conocidos en esta Am&#x00E9;rica, de quienes se diferencian en lo dicho. Usan el mismo idioma que los timpanogotzis. Desde este r&#x00ED;o y paraje de Santa Isabel empiezan estos indios barbones, los cuales dieron acaso motivo a la relaci&#x00F3;n de los espa&#x00F1;oles que se dec&#x00ED;an estar a la otra banda del R&#x00ED;o del Tiz&#x00F3;n; que seg&#x00FA;n varias noticias combinadas, es el R&#x00ED;o Grande que se compone del de Dolores y dem&#x00E1;s, y se incorpora con el de Navaj&#x00F3;.
</p><p n="90">
A las nueve salimos de Santa Isabel, pasamos el r&#x00ED;o, y por un llano chamizoso molesto a las caballer&#x00ED;as, anduvimos tres leguas y media al sur. Entramos en un ca&#x00F1;oncito de buen terreno, y a poca distancia en un llano abundante de pastos pero sin agua, y andadas por &#x00E9;l una y media legua al sur, detr&#x00E1;s de unas lomas bajas hallamos un buen ojo de agua que nombramos El Ojo de Cisneros. En el cual est&#x00E1;n dos &#x00E1;rboles peque&#x00F1;os que lo manifiestan. Hoy cinco leguas al sur.
</p><p n="91">

D&#x00ED;a 1 de octubre salimos del Ojo de Cisneros, retrocediendo cerca de media legua para el norte. Volvimos a tomar el sur, y andado cuarto de legua por una ca&#x00F1;ada en partes petrosa subiendo por ella una cuchilla de la sierra (que desde el Valle de las Salinas sigue al sur), declinamos al sudoeste un cuarto de legua y descubrimos un llano dilatad&#x00ED;simo rodeado de sierras, en el que nos hab&#x00ED;an dicho entraba en otra laguna el R&#x00ED;o de Santa Isabel, y que volviendo a salir de ella segu&#x00ED;a al oeste.
Bajada la ca&#x00F1;ada o puerto, tomamos al oes-noroeste por lomas bajas de mucha piedra, y andadas dos leguas largas entramos en un chamizal, y por la orilla de un arroyo seco y sin vereda anduvimos tres leguas al oeste. Dejamos el arroyo, y andadas dos leguas oeste cuarta al norte declinamos al llano. Pareci&#x00F3;nos hab&#x00ED;a cerca agua de ci&#x00E9;nega o laguna, abreviamos el paso, y hallamos que lo que hab&#x00ED;amos juzgado agua era por unas partes sal, en otras salitre, y en otras tequesquite. Proseguimos al oeste cuarta al sur por un llano y salinas, y andadas m&#x00E1;s de seis leguas paramos sin haber hallado agua potable ni pasto para las caballer&#x00ED;as, porque &#x00E9;stas ya no pod&#x00ED;an andar m&#x00E1;s. Alg&#x00FA;n pasto hab&#x00ED;a donde paramos, pero malo y escaso. En todo lo precedente del llano ni bueno ni malo hab&#x00ED;a. Hoy catorce leguas.
Dos compa&#x00F1;eros se hab&#x00ED;an adelantado buscando agua, y dijeron que una legua m&#x00E1;s adelante de este sitio la hab&#x00ED;an visto. Con esta noticia determinamos que luego que la luna saliese, llevasen poco a poco la caballada para que bebiese, y trajesen agua para la gente. No acertaron con la agua vista, y as&#x00ED; dejando dos con la caballada se fueron los otros tres busc&#x00E1;ndola por el rumbo a que, seg&#x00FA;n nos hab&#x00ED;an dicho, estaba respecto de nosotros el R&#x00ED;o de Santa Isabel.
	
</p><p n="92">

D&#x00ED;a 2 de octubre amaneci&#x00F3; sin que supi&#x00E9;ramos de los cinco que hab&#x00ED;an &#x00ED;do en solicitud del agua, ni de la caballada. Uno de los dos que con &#x00E9;sta hab&#x00ED;an quedado vino a las seis de la ma&#x00F1;ana sin poder dar raz&#x00F3;n de ella, de su compa&#x00F1;ero, ni de los dem&#x00E1;s, porque estos dos se durmieron. La caballada, impelida de la sed, se extravi&#x00F3;, y ellos dispertaron sucesivamente y cada uno tom&#x00F3; por diferente rumbo busc&#x00E1;ndola. Luego parti&#x00F3; sobre la huella Don Juan Pedro Cisneros en un caballo en pelo, y la alcanz&#x00F3; siete leguas atr&#x00E1;s, esto es, en la mitad de la jornada antecedente, y vino con ella casi al medio d&#x00ED;a. Poco despu&#x00E9;s llegaron los que hab&#x00ED;an ido en busca del agua con unos Indios, a cuyos ranchos contingentemente llegaron, los cuales estaban en la orilla del R&#x00ED;o de Santa Isabel.
Eran &#x00E9;stos de los barbones y narices agujeradas, y en su idioma se nombraban tirangapui. Ten&#x00ED;an los cinco que con su capit&#x00E1;n vinieron primero tan crecida la barba que parec&#x00ED;an padres capuchinos o betlemitas. El capit&#x00E1;n era ya de edad crecida aunque no viejo, y de muy buen aspecto. Estuvieron muy alegres platicando con nosotros, y en brev&#x00ED;simo tiempo nos cobraron gran cari&#x00F1;o.
Supo el capit&#x00E1;n que todav&#x00ED;a faltaba un compa&#x00F1;ero nuestro; al punto mand&#x00F3; a sus cuatro indios que con la mayor brevedad lo buscasen por el llano y lo condujesen donde est&#x00E1;bamos, yendo cada uno por diverso rumbo. Acci&#x00F3;n digna de la mayor gratitud y admiraci&#x00F3;n en gente tan silvestre que jam&#x00E1;s hab&#x00ED;a visto gente semejante a nosotros. Estando en estas disposiciones, el capit&#x00E1;n vi&#x00F3; que ya ven&#x00ED;a el que faltaba, y muy gustoso nos di&#x00F3; el aviso. Anunci&#x00E1;mosles el Evangelio seg&#x00FA;n pudo insinuarse el int&#x00E9;rprete, explic&#x00E1;ndoles la unidad de Dios, el castigo que tiene para los malos, el premio que da a los buenos, la necesidad del santo bautismo y del conocimiento y observancia de la divina ley.
Estando en esto, se dejaron ver otros tres de ellos que ven&#x00ED;an hacia nosotros, y entonces el capit&#x00E1;n nos dijo que aquellos tambi&#x00E9;n eran de su gente, y que suspendi&#x00E9;semos la conversaci&#x00F3;n &#x00ED;nterin llegaban, para que tambi&#x00E9;n oyesen todo lo que les dec&#x00ED;amos para su bien; y habiendo llegado les dijo que nosotros eramos padres y que los est&#x00E1;bamos instruyendo en lo que hab&#x00ED;an de hacer para ir al cielo, y as&#x00A1; estuviesen atentos. Con tanta eficacia les dijo esto que, entendiendo nosotros solo uno u otro t&#x00E9;rmino del yuta, percibimos lo que les hablaba s&#x00F3;lo por las acciones con que se explicaba, antes que el int&#x00E9;rprete nos lo diese traducido. Dij&#x00ED;mosles que si quer&#x00ED;an conseguir el bien propuesto que volver&#x00ED;amos con m&#x00E1;s padres, para que todos pudiesen ser ense&#x00F1;ados como ser&#x00ED;an los de la Laguna que ya quedaban esperando religiosos; pero que entonces no hab&#x00ED;an de vivir dispersos como ahora sino juntos en un pueblo.
Respondieron todos muy alegres que volvi&#x00E9;semos con los dem&#x00E1;s padres, que ellos har&#x00ED;an lo que les ense&#x00F1;&#x00E1;semos y mand&#x00E1;semos, a&#x00F1;adiendo el capit&#x00E1;n que entonces, si quer&#x00ED;amos y lo juzg&#x00E1;bamos m&#x00E1;s conveniente, se ir&#x00ED;an a vivir con los lagunas (lo cual les hab&#x00ED;amos tambi&#x00E9;n propuesto). Desped&#x00ED;mosnos de ellos, y todos, especialmente el capit&#x00E1;n,nos cog&#x00ED;an la mano con gran ternura y cari&#x00F1;o. Pero donde m&#x00E1;s se expresaron fu&#x00E9; ya que &#x00ED;bamos saliendo de este sitio. Apenas nos vieron partir cuando todos, imitando a su capit&#x00E1;n que empez&#x00F3; primero, se soltaron llorando copiosas l&#x00E1;grimas, de modo que ya &#x00ED;bamos bien distantes y todav&#x00ED;a o&#x00ED;amos los tiernos lamentos de estas miserables ovejuelas de Cristo extraviadas solamente por falta de la Luz. Nos enternecieron de modo que algunos de nuestros compa&#x00F1;eros no pudieron contener las l&#x00E1;grimas.
En este sitio que nombramos Llano Salado, en que por algunas conchas blancas y delgadas que hallamos parece haber habido una laguna mucho m&#x00E1;s grande que la que hay, observamos la altura y se halla en 39 grados, 34 minutos, 36 segundos. Esta observaci&#x00F3;n se hizo por el sol casi en la mitad del llano, que de norte a sur tendr&#x00E1; poco menos de treinta leguas, y de leste a oeste catorce. Es en las m&#x00E1;s partes muy escaso de pastos; y aunque entran en &#x00E9;l dos r&#x00ED;os, el de Santa Isabel por el norte y el otro mediano por la parte del leste, cuyas aguas son muy salobres, no vimos sitio alguno proporcionado para poblaci&#x00F3;n.

</p><p n="93">
A la tarde proseguimos nuestra derrota rumbo sur-sueste, porque las ci&#x00E9;negas y lagunas no nos permit&#x00ED;an ir al sur, que era el rumbo recto para el puerto por donde hab&#x00ED;amos de salir del llano. Andadas tres leguas paramos cerca de un cerro peque&#x00F1;o que est&#x00E1; en &#x00E9;l. Por lo que nombramos al paraje en que hab&#x00ED;a ci&#x00E9;negas de mucho pasto pero de agua salobre, El Cerrillo. Hoy tres leguas sur-sueste.
</p><p n="94">

D&#x00ED;a 3 salimos de El Cerrillo, dimos varias vueltas porque est&#x00E1;bamos cercados de ci&#x00E9;negas, y determinamos cortar pasando el dicho r&#x00ED;o del leste que parece consumirse en ellas y en las otras lagunas del llano, y abunda de pescado. El vado estaba atascoso, y en &#x00E9;l cay&#x00F3; la caballer&#x00ED;a en que iba el int&#x00E9;rprete Andr&#x00E9;s y lo ech&#x00F3; al agua d&#x00E1;ndole un fuerte golpe en una mejilla. Pasado ya con alg&#x00FA;n trabajo, y andadas seis leguas sur cuarta al oeste por tierra llana y buena, llegamos a un arroyo que parec&#x00ED;a traer mucha agua, pero s&#x00F3;lo hallamos unos bateques en que con dificultad podr&#x00ED;a beber la caballada. No obstante, porque hab&#x00ED;a buen pasto paramos aqu&#x00ED;. Hab&#x00ED;a en todo el arroyo una especie de lama blanca, seca y delgada, que de lejos parec&#x00ED;a lienzo tendido, por lo que lo nombramos Arroyo del Tejedor. Hoy seis leguas sur cuarta al oeste.
</p><p n="95">

D&#x00ED;a 4 salimos de El Tejedor arroyo arriba y rumbo sur, y al cuarto de legua declinamos al sur-sudoeste poco, y andadas poco menos de cinco leguas llegamos al puerto austral y salida del Llano Salado. Hallamos en el dicho arroyo m&#x00E1;s agua y menos mala que la de ayer, y hermosas vegas muy abundantes de buen pasto para las caballer&#x00ED;as, las cuales ven&#x00ED;an muy fatigadas porque las aguas salobres les hab&#x00ED;an hecho mucho da&#x00F1;o. Y as&#x00ED; paramos aqu&#x00ED;, nombrando el sitio Las Vegas del Puerto. Hoy cinco leguas.
	
</p><p n="96">

D&#x00ED;a 5 salimos de las Vegas del Puerto rumbo sur por la orilla del mismo arroyo, y andadas dos leguas declinamos al sudoeste tres leguas y paramos en otra vega del arroyo, nombr&#x00E1;ndola San Aten&#x00F3;genes. Hoy cinco leguas.

</p><p n="97">
Esta ma&#x00F1;ana, antes que sali&#x00E9;ramos de las Vegas del Puerto, se nos volvi&#x00F3; sin despedirse el laguna Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a. V&#x00ED;mosle salir del real, mas no quisimos decirle cosa alguna, ni que lo siguiesen y trajesen, por dejarlo en su entera voluntad. No supimos qu&#x00E9; lo motivase a esta revoluci&#x00F3;n aunque, seg&#x00FA;n nos dijo despu&#x00E9;s el int&#x00E9;rprete, ya ven&#x00ED;a algo desconsolado viendo que nos alej&#x00E1;bamos tanto de su tierra. Pero sin duda lo violent&#x00F3; un suceso no esperado de la noche antecedente. Fue este que, llamando Don Juan Pedro Cisneros a su mozo Sim&#x00F3;n Lucero para que con &#x00E9;l y los dem&#x00E1;s rezasen el rosario de la Virgen y, resistiendo &#x00E9;ste venir, lo reprendi&#x00F3;; y est&#x00E1;ndole reprendiendo su pereza e indevoci&#x00F3;n, le acometi&#x00F3; el mozo abraz&#x00E1;ndose con &#x00E9;l brazo a brazo.
Luego que nosotros, desde donde est&#x00E1;bamos actualmente rezando Maitines del d&#x00ED;a siguiente o&#x00ED;mos el alboroto, los seguimos, mas no tan a tiempo, ya no hubiese causado gran susto al dicho Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a, a quien procuramos persuadir que no estaban los dichos enojados, y que aunque un padre reprendiese a su hijo como ahora hab&#x00ED;a sucedido, jam&#x00E1;s llegaban a querer matarse como &#x00E9;l pensaba, y que as&#x00ED; no tuviese miedo. Sin embargo, &#x00E9;l se regres&#x00F3; desde aqu&#x00ED;, quedando nosotros sin quien ni aun por noticias conociese el terreno de adelante. Sentimos mucho esta contingencia porque dese&#x00E1;bamos anticiparle la salud que ahora no podr&#x00E1; conseguir tan presto.
Luego que paramos, fueron dos a reconocer si la parte occidental de la sierra y aun el valle que en ella hab&#x00ED;a eran transitables y daban alguna esperanza de hallar en ella aguas y pastos para las caballer&#x00ED;as. Ya de noche volvieron diciendo no haber hallado puerto alguno para atravesar la sierra, que era muy fragosa y alta por este rumbo, y que estaba antes un dilatado llano sin pasto ni aguaje alguno. Con esto ya no pudimos tomar este rumbo, que era el mejor para Monterey donde era nuestra derrota, y determinamos seguir el sur hasta pasar dicha sierra por un valle muy dilatado, que empieza desde este Paraje de San Aten&#x00F3;genes y que nombramos Valle de Nuestra Se&#x00F1;ora de la Luz. Por el cual sigue el Arroyo del Tejedor con suficientes bateques o rebalses de buena agua y vegas muy espaciosas y abundantes de pasto, de que el valle es muy escaso.
</p><p n="98">
Los dos d&#x00ED;as antecedentes hab&#x00ED;a soplado fuertemente un viento de sur muy fr&#x00ED;o sin cesar. Del que result&#x00F3; una nevada tan copiosa que no solo las eminencias de la sierra, mas todos los llanos, se cubrieron esta noche de nieve.
	
</p><p n="99">

D&#x00ED;a 6 amaneci&#x00F3; nevando y prosigui&#x00F3; sin cesar todo el d&#x00ED;a, y asimismo no pudimos hacer jornada. Lleg&#x00F3; la noche, y viendo que no cesaba imploramos la intercesi&#x00F3;n de Nuestra Madre y Patrona, rezando a coros las tres partes de su rosario, y la de Todos los Santos cantando las Letan&#x00ED;as. Y quiso Dios que a las nueve de la noche cesase de nevar, granizar, y llover.
	
</p><p n="100">

D&#x00ED;a 7 tampoco pudimos salir de San Aten&#x00F3;genes, aunque est&#x00E1;bamos con mucha necesidad sin le&#x00F1;a y con sobrado fr&#x00ED;o, porque con tanta nieve y agua estaba la tierra, que aqu&#x00ED; es muy blanda, inandable.
	
</p><p n="101">

D&#x00ED;a 8 salimos de San Aten&#x00F3;genes por el llano rumbo sur. Anduvimos solamente tres leguas y media con mucho trabajo, porque estaba todo tan blando y tan atascoso que muchas bestias de carga y de silla, y aun las sueltas, o ca&#x00ED;an o se sumerg&#x00ED;an del todo. Paramos como una milla al oeste del arroyo, nombrando el paraje Santa Br&#x00ED;gida, en que habiendo observado por la estrella polar hallamos 38 grados, 3 minutos, 30 segundos de latitud. Hoy tres leguas y media al sur.

</p><p n="102">
Hoy padecimos mucho fr&#x00ED;o porque en todo el d&#x00ED;a no ces&#x00F3; de soplar el norte, y muy delgado. Hasta aqu&#x00ED; ten&#x00ED;amos intento de llegar al presidio y nuevos establecimientos de Monterey. Pero consider&#x00E1;ndonos todav&#x00ED;a distantes porque, aunque solo nos restaba bajar un grado y veinte y tres y medio minutos hasta este Paraje de Santa Br&#x00ED;gida, no hab&#x00ED;amos avanzado al poniente seg&#x00FA;n los rumbos diarios m&#x00E1;s que ciento treinta y seis leguas y media. Y seg&#x00FA;n el juicio que hac&#x00ED;amos, ya por no haber hallado en todas estas &#x00FA;ltimas gentes noticia alguna de los espa&#x00F1;oles y padres de dicho Monterey, ya por la grande diferencia en longitud con que en los mapas se demarcan este puerto y la Villa de Santa Fe, nos restaban muchas m&#x00E1;s leguas al oeste.
Ya habiendo empezado con gran rigor el invierno, pues todas las sierras que por todos vientos alcanz&#x00E1;bamos a ver estaban cubiertas de nieve, el tiempo muy revuelto, y as&#x00ED; temimos que mucho antes de llegar se nos cerrar&#x00ED;an los puertos, de modo que nos obligasen a estar dos o tres meses en alguna sierra en que no hubiese gentes ni de que echar mano para el sustento preciso. Pues el bastimento que tra&#x00ED;amos era ya muy poco, y as&#x00ED; nos expon&#x00ED;amos a perecer de hambre cuando no fuese de fr&#x00ED;o. Tambi&#x00E9;n reflexionamos que, aun dado que lleg&#x00E1;semos este invierno a Monterey, no pod&#x00ED;amos estar en la Villa de Santa Fe hasta el mes de junio del a&#x00F1;o pr&#x00F3;ximo futuro.
Cuya demora, junta con la que habr&#x00E1; en los pasos regulares y precisos de un negocio tan interesante como el que ya tratamos, pod&#x00ED;a ser muy prejudicial a las almas que, seg&#x00FA;n arriba dicho, desean su eterna salud mediante el santo bautismo. Quienes viendo tanta demora en lo de nuestra parte prometido, considerar&#x00ED;an fallidas sus esperanzas, o juzgar&#x00ED;an que de intento los hab&#x00ED;amos enga&#x00F1;ado. Con lo cual se dificultar&#x00ED;a mucho para en adelante su conversi&#x00F3;n y la extensi&#x00F3;n de los dominios de su Majestad por esta parte. A que pod&#x00ED;a agregarse que el laguna Joaqu&#x00ED;n, horrorizado y hostigado de tantos trabajos y necesidades, se nos extraviase y revolviese para su tierra u otras gentes de que hubiese tenido noticia, como lo hizo el otro.
Considerando pues todo esto, y que siguiendo el sur de Santa Br&#x00ED;gida pod&#x00ED;amos descubrir m&#x00E1;s breve y mejor camino que el de los sabuaganas para ir de Santa Fe a la Laguna de los Timpanois y estos otros indios barbones, y acaso alguna otra naci&#x00F3;n hasta ahora no conocida que siempre haya habitado en la parte septentrional del R&#x00ED;o Grande, y as&#x00ED; determinamos seguir al sur cuanto el terreno permitiese hasta el R&#x00ED;o Colorado, y de aqu&#x00ED; dirigirnos para Cosnina, Moqui, y Zu&#x00F1;i.
</p>
</div1>



<div1>

<head rend="bold">Nueva derrota, y principio de nuestro regreso, desde los 38 grados, 3 minutos, 30 segundos de latitud</head>

<p n="103">
D&#x00ED;a 9 salimos de Santa Br&#x00ED;gida rumbo sur, y andadas seis leguas con menos trabajo que ayer, por ser la tierra menos blanda y no estar ya tan mojada, paramos cerca de un &#x00E1;ngulo que hace el valle y gran llano de Nuestra Se&#x00F1;ora de la Luz, desde el cual sigue m&#x00E1;s ancho y por muchas leguas al sudoeste. Nombramos al paraje San R&#x00FA;stico, en el cual sin sernos preciso acercarnos al arroyo por el agua, ni a sus vegas por el pasto, lo hallamos todo muy bueno. El agua era llovediza y no perenne. Hoy seis leguas sur.
</p><p n="104">

D&#x00ED;a 10 salimos de San R&#x00FA;stico rumbo sur, anduvimos una legua, y andadas otras tres leguas al sur-sudoeste llegamos a una loma corta y muy baja que est&#x00E1; en medio del llano; por registrar con la vista la extensi&#x00F3;n de este valle y llano de la Luz, subimos la loma y vimos que desde aqu&#x00ED; para el sudoeste se extend&#x00ED;a m&#x00E1;s de treinta y cinco o cuarenta leguas, pues apenas se descubr&#x00ED;an las sierras en que por esta parte finaliza, siendo como despu&#x00E9;s vimos mejor muy altas. Vimos tambi&#x00E9;n tres ojos de agua caliente y sulf&#x00FA;rea que hay en la cima y falda oriental de dicha loma. En cuyo circuito abajo de ella hay otros cortos pedazos de tierra salitrosa. Proseguimos por el llano, y andadas dos leguas al sur paramos temiendo no encontrar agua m&#x00E1;s adelante para esta noche. Aqu&#x00ED; la hab&#x00ED;a buena y mucha de la nieve derretida, rebalsada a modo de laguna; tambi&#x00E9;n hab&#x00ED;a buen pasto. Nombramos al paraje San Eleuterio. Hoy seis leguas.
</p><p n="105">

Hasta aqu&#x00ED; llegan por la parte del sur los yutas barbones, y aqu&#x00ED; parece terminar su tierra.
	
</p><p n="106">

D&#x00ED;a 11 salimos de San Eleuterio rumbo sur cuarta al leste. Dejamos adelantarse a los compa&#x00F1;eros para ir confiriendo entre los dos el medio que deber&#x00ED;amos tomar, y que ser&#x00ED;a m&#x00E1;s proporcionado para quitar a los compa&#x00F1;eros, principalmente Don Bernardo Miera, Don Joaqu&#x00ED;n La&#x00ED;n, y al int&#x00E9;rprete Andr&#x00E9;s Mu&#x00F1;iz, el sumo disgusto con que dejaban la derrota de Monterey y segu&#x00ED;an &#x00E9;sta que entend&#x00ED;amos ser por ahora conveniente y seg&#x00FA;n la voluntad sant&#x00ED;sima de Dios, por quien &#x00FA;nicamente dese&#x00E1;bamos andar y est&#x00E1;bamos dispuestos a padecer, y si fuese necesario morir. Ya les hab&#x00ED;amos manifestado los motivos de nuestra nueva determinaci&#x00F3;n en Santa Br&#x00ED;gida, y en vez de atender a la fuerza de ellos dirig&#x00ED;an sus pensamientos contra nosotros.
Y as&#x00ED; desde este paraje ven&#x00ED;an muy displicentes, todo les era sumamente gravoso, y todo insufriblemente molesto. No ten&#x00ED;an otro asunto sus conversaciones que el ning&#x00FA;n fruto que tendr&#x00ED;an de tan dilatado viaje, porque para ellos no lo era haber ya descubierto tan gran porci&#x00F3;n de tierra y gente tan bien dispuestas para agregarse con facilidad a la vi&#x00F1;a del Se&#x00F1;or y a los dominios de su Majestad (que Dios guarde), ni haber conocido tan dilatadas provincias hasta ahora inc&#x00F3;gnitas, ni finalmente traer ya casi asegurada una alma al gremio de la Iglesia. Cuyo logro es premio m&#x00E1;s grande y digno de viajes m&#x00E1;s dilatados, de mayores trabajos y fatigas, y aun para ir despu&#x00E9;s a Monterey ten&#x00ED;amos ya mucho adelantado.
Pero a nada de esto atend&#x00ED;an, porque el primero de los aqu&#x00ED; mencionados hab&#x00ED;a concebido sin motivo alguno, a lo menos de nuestra parte, grandes esperanzas de honor y provecho en sola la llegada a Monterey, y las hab&#x00ED;a dado a los dem&#x00E1;s, erigiendo en el aire elevad&#x00ED;simas torres de viento. Y ahora les aseguraba que nosotros les quitamos estos bienes en su imaginaci&#x00F3;n tan grandes, de modo que hasta los mozos nos daban bastante que padecer. Poco antes de esta determinaci&#x00F3;n dec&#x00ED;a Don Bernardo que hab&#x00ED;amos avanzado poco al poniente y nos restaba mucha tierra para llegar a Monterey, y ahora frecuentemente aseguraba aun hasta a los mozos que dentro de ocho d&#x00ED;as llegar&#x00ED;amos.
Muchas veces antes de salir de la Villa de Santa Fe hab&#x00ED;amos insinuado a todos y a cada uno de nuestros compa&#x00F1;eros que nosotros en este viaje no llev&#x00E1;bamos m&#x00E1;s destino que el que Dios nos diese; ni esto nos estimulaba fin temporal ninguno; y que cualquiera de ellos que intentase, o comerciar con los infieles o seguir sus particulares ideas sin proponerse el fin &#x00FA;nico de esta empresa que ha sido y es la mayor honra de Dios y extensi&#x00F3;n de la Fe, tuviese por bien no ir en nuestra compa&#x00F1;&#x00ED;a. En el camino les amonestamos repetidas veces que rectificasen sus intenciones (algunos), porque de lo contrario padecer&#x00ED;amos trabajos y contratiempos y no conseguir&#x00ED;amos todo lo que intent&#x00E1;bamos, como en parte vieron verificado en circunstancias que, sino cierran los ojos a la Luz jam&#x00E1;s podr&#x00ED;an atribuirlo a contingencia. Con todo esto nos mortificaban cada d&#x00ED;a m&#x00E1;s, y nos desconsolaba mucho ver que en los negocios del Cielo se buscaba primero y principalmente la tierra.
Y as&#x00ED;, para que quedase m&#x00E1;s justificada la causa de Dios, y para darles a conocer con m&#x00E1;s claridad que no por temor ni nuestra absoluta voluntad hab&#x00ED;amos mudado de intento, determinamos abandonar enteramente el grave peso de las reflexiones dichas, y habiendo implorado la divina clemencia y la intercesi&#x00F3;n de nuestros santos patronos, inquirir de nuevo la voluntad de Dios por medio de las suertes, poniendo en una Monterey y en otra Cosnina, y seguir la derrota que saliese.
Alcanzamos a los compa&#x00F1;eros, hic&#x00ED;moslos bajar de las caballer&#x00ED;as. Ya juntos todos les represent&#x00F3; el padre Fray Francisco Atanasio los inconvenientes y dificultades que en la ocasi&#x00F3;n padec&#x00ED;a la prosecuci&#x00F3;n para Monterey, lo que pod&#x00ED;amos conseguir en el regreso por Cosnina, finalmente los desaciertos y atrasos que hubi&#x00E9;ramos tenido antes de aqu&#x00ED; si Dios no hubiera embarazado algunos de sus proyectos. H&#x00ED;zoles cargo de todo lo malo que resultar&#x00ED;a de seguir ahora para Monterey, especialmente del extrav&#x00ED;o o regreso del Lagunita Joaqu&#x00ED;n. Advirtioles tambi&#x00E9;n que si la suerte sal&#x00ED;a para Monterey, no hab&#x00ED;a de haber m&#x00E1;s director ni gu&#x00ED;a que Don Bernardo Miera, pues lo juzgaba tan cerca y de sus pensamientos se originaba todo. Luego les hizo una breve exhortaci&#x00F3;n para que, deponiendo todo g&#x00E9;nero de pasiones, se sujetasen enteramente a la voluntad de Dios y le pidiesen con firme esperanza y fe viva nos la declarase.
Rindi&#x00E9;ronse todos cristianamente, y con fervorosa devoci&#x00F3;n rezaron la tercera parte del rosario y otras deprecaciones &#x00ED;nterin nosotros rez&#x00E1;bamos los Psalmos Penitenciales con las Letan&#x00ED;as y otras oraciones que le siguen. Concluido esto echamos las suertes, y sali&#x00F3; la de Cosnina. Esta abrazamos todos ya, gracias a Dios, conformes y gustosos.
</p><p n="107">
Proseguimos abreviando el paso lo posible, andadas desde San Eleuterio diez leguas, dos al sur cuarta al leste, tres al sur-sueste (saliendo ya del llano de Nuestra Se&#x00F1;ora de la Luz), un cuarto al sueste, una legua y un cuarto al sursueste, tres y media al sueste de buena tierra; y pasando un monte de pi&#x00F1;&#x00F3;n y sabina por una ca&#x00F1;ada tendida de mucho pasto, y despu&#x00E9;s algunas lomas bien empastadas, descendimos a un hermoso valle y paramos ya de noche cerca de un peque&#x00F1;o r&#x00ED;o en una de sus vegas, que son abundant&#x00ED;simas de pasto. Nombr&#x00E1;rnoslos Valle y R&#x00ED;o del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9;. Hoy diez leguas.
</p><p n="108">
Observ&#x00F3;se por la estrella polar, y nos hallamos en 37 grados, 33 minutos de latitud.
</p></div1>






<div1>
<head rend="bold">Prosigue el Diario y Derrotero desde los 37 grados, 33 minutos de latitud, y desde el peque&#x00F1;o R&#x00ED;o del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9; Derrota para el Colorado y Cosnina.</head>
<p n="109">

D&#x00ED;a 12 de octubre salimos del peque&#x00F1;o R&#x00ED;o del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9;, y porque en &#x00E9;l hab&#x00ED;a algunos atascaderos, atravesamos una ci&#x00E9;nega grande de mucha agua y pasto por medio de la cual corre otra porci&#x00F3;n de agua a modo de acequia. Y habi&#x00E9;ndola pasado rumbo noroeste, tomamos el sur franco por la banda occidental de las vegas del llano; y andadas por buena tierra cuatro leguas y media, vimos que los compa&#x00F1;eros que iban adelante alguna distancia de nosotros se apartaron del camino con acceleraci&#x00F3;n. Abreviamos el paso para saber el motivo, y cuando los alcanzamos ya estaban hablando con dos indias que hab&#x00ED;an detenido a fuerza, porque desde que los vieron iban huyendo con otras que estaban recogiendo semillas de hierba en el llano, las cuales llegar&#x00ED;an a veinte.
Condol&#x00ED;mosnos de verlas tan asustadas que ni hablar pod&#x00ED;an, y procuramos quitarles el miedo y temor por medio del int&#x00E9;rprete y del Laguna Joaqu&#x00ED;n. Ya que recobraron alg&#x00FA;n &#x00E1;nimo, nos dijeron que por estas inmediaciones hab&#x00ED;a mucha gente de la suya, que hab&#x00ED;an o&#x00ED;do decir que hacia el sur tra&#x00ED;an ropa azul, y que el R&#x00ED;o Grande no estaba muy lejos de aqu&#x00ED;. No pudimos sacarles con claridad de qu&#x00E9; naci&#x00F3;n vendr&#x00ED;an estas ropas o trapos azules, ni formar sobre esto alguna conjectura por su relaci&#x00F3;n, porque sab&#x00ED;amos que a los payuchis s&#x00F3;lo vienen cosas encarnadas. Pero luego nos occurri&#x00F3; que los cosninas compran en Moqui cotones azules de lana, y as&#x00ED; hicimos juicio que de estos hablaban. De que inferimos estar ya cerca del R&#x00ED;o Colorado y Cosnina.
Estaban estas indias tan pobremente vestidas que solo tra&#x00ED;an unos cortos pedazos de gamuza pendientes de la cintura que apenas cubr&#x00ED;an lo que no se puede mirar sin peligro.. Despid&#x00ED;moslas, dici&#x00E9;ndoles que avisasen a su gente que nosotros ven&#x00ED;amos de paz, que a ninguno hac&#x00ED;amos da&#x00F1;o, que a todos am&#x00E1;bamos, y que as&#x00ED; viniesen sin recelo los hombres que pudiesen a donde &#x00ED;bamos a dormir. Proseguimos por el llano y valle del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9;, y andadas otras tres leguas al sur vimos otros indios que iban huyendo. Despachamos al int&#x00E9;rprete con el Laguna Joaqu&#x00ED;n y otro compa&#x00F1;ero para que procurasen traer uno al paraje que ya estaba cerca, para indagar si el R&#x00ED;o Grande estaba inmediato como aseguraban los Yutas, y ver si alguno de ellos quer&#x00ED;a acompa&#x00F1;arnos en calidad de gu&#x00ED;a hasta Cosnina. Corr&#x00ED;an con tanta ligereza que apenas pudieron contener uno. Tr&#x00E1;jolo Don Joaqu&#x00ED;n La&#x00ED;n en ancas de su caballo a donde ya hab&#x00ED;amos parado, andada otra media legua al sur junto a un peque&#x00F1;o riachuelo que nombramos R&#x00ED;o de Nuestra Se&#x00F1;ora del Pilar de Zaragoza, en el cual hab&#x00ED;a como en todo el valle mucho y buen pasto. Hoy ocho leguas sur.

</p><p n="110">
Este indio que acabamos de decir trajeron los compa&#x00F1;eros al real era de bastante viveza, y estaba tan acobardado que parec&#x00ED;a estar demente. A todas partes miraba, a todos atend&#x00ED;a, y cualquiera acci&#x00F3;n o movimiento nuestro lo asustaba sobremanera. Y por libertar de lo que por su extremada pusilanimidad recelaba, pon&#x00ED;a tanta atenci&#x00F3;n cuando le habl&#x00E1;bamos y respond&#x00ED;a tan pronto, que m&#x00E1;s parec&#x00ED;a adivinar las preguntas que entenderlas. Soseg&#x00E1;se, d&#x00ED;mosle de comer y un list&#x00F3;n que nosotros mismos le pusimos. Tra&#x00ED;a una red grande de c&#x00E1;&#x00F1;amo muy bien beneficiada de que dijo usaba para coger liebres y conejos. Pregunt&#x00E1;ndole que de d&#x00F3;nde tra&#x00ED;an aquellas redes, respondi&#x00F3; que de otros indios que habitaban Rio Grande abajo, de donde tambi&#x00E9;n supimos despu&#x00E9;s tra&#x00ED;an las conchas de colores, y seg&#x00FA;n la distancia y rumbo a que los pon&#x00ED;a parecen ser los cocomaricopas. En &#x00F3;rden a la distancia del R&#x00ED;o Grande y a la ropa azul, dijo lo mismo que las indias, a&#x00F1;adiendo que unos hilos de lana te&#x00F1;ida que tra&#x00ED;a los hab&#x00ED;a comprado este verano a dos de los que tra&#x00ED;an la dicha ropa azul que hab&#x00ED;an pasado el r&#x00ED;o.
Pregunt&#x00E1;mosle de diferentes modos por los cosninas, pero no nos dio raz&#x00F3;n de ellos, o porque estos les dan otro nombre o porque acaso juzgaba que si declaraba conocerlos lo hab&#x00ED;amos de llevar a fuerza para que nos condujese a ellos, o finalmente porque no los conoc&#x00ED;a. Pregunt&#x00E1;mosle que si hab&#x00ED;a o&#x00ED;do decir que por el oeste o oes-noroeste, se&#x00F1;al&#x00E1;ndole estos rumbos, hab&#x00ED;a padres y espa&#x00F1;oles, y respondi&#x00F3; que no, que aunque por all&#x00ED; habitaban muchas gentes, &#x00E9;stas eran de su mismo idioma e indios como &#x00E9;l. Ense&#x00F1;&#x00E1;ronle un grano de ma&#x00ED;z, y entonces dijo que hab&#x00ED;a visto como se beneficiaba, y que en un rancho que al otro d&#x00ED;a encontrar&#x00ED;amos hab&#x00ED;a un poco de esta semilla que hab&#x00ED;an tra&#x00ED;do de donde la sembraban. Hicimos bastantes diligencias para que nos declarase qu&#x00E9; gente era &#x00E9;sta que sembraba ma&#x00ED;z y otras cosas de que daba confusa noticia, y s&#x00F3;lo pudimos sacar que habitaban de esta banda del R&#x00ED;o Grande en otro peque&#x00F1;o. Toda la noche estuvo con nosotros y prometi&#x00F3; llevarnos al dicho rancho.
</p><p n="111">

D&#x00ED;a 13 salimos del riachuelo y paraje de Nuestra Se&#x00F1;ora del Pilar rumbo sur, acompa&#x00F1;ados de dicho indio a quien hab&#x00ED;amos prometido un belduque por que nos guiase hasta donde hall&#x00E1;semos otros. Anduvimos dos leguas y media al sur y llegamos al rancho arriba dicho, que era el suyo. En &#x00E9;l estaban un indio anciano, un joven, varios ni&#x00F1;os y tres mujeres, y todos bien parecidos. Ten&#x00ED;an pi&#x00F1;&#x00F3;n muy bueno, d&#x00E1;til, y unas taleguillas de ma&#x00ED;z. Estuvimos en conversaci&#x00F3;n con el viejo largo rato, mas solo nos dijo lo que los antecedentes. D&#x00ED;mosle al que nos hab&#x00ED;a conducido hasta all&#x00ED; el belduque prometido, y les propusimos que si alguno de los tres nos quer&#x00ED;a acompa&#x00F1;ar hasta los que dec&#x00ED;an sembrar el ma&#x00ED;z les pagar&#x00ED;amos bien.
Por la respuesta conocimos que todav&#x00ED;a se recelaban mucho de nosotros y nos ten&#x00ED;an mucho miedo, pero a instancia de los compa&#x00F1;eros les pusimos delante un belduque y algunas cuentas de abalorio. Cogi&#x00F3;lo el viejo impelido de su mucho recelo, y se ofreci&#x00F3; a guiarnos por sacarnos de ah&#x00ED;, seg&#x00FA;n despu&#x00E9;s nos hizo patente, y dar tiempo a que su familia pudiese ponerse en salvo, retir&#x00E1;ndose a la sierra inmediata. Proseguimos acompa&#x00F1;&#x00E1;ndonos dicho anciano y el otro que hab&#x00ED;a pasado la noche antecedente con nosotros.
Anduvimos una y media leguas al sur, bajamos al peque&#x00F1;o R&#x00ED;o del Pilar que aqu&#x00ED; tiene una frondosa alameda, pas&#x00E1;rnoslo saliendo ya del valle del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9;, entramos en una cuchilla toda de mal pa&#x00ED;s que est&#x00E1; entre dos sierras altas en forma de puerto. En lo m&#x00E1;s fragoso de esta cuchilla se nos desparecieron los dos gu&#x00ED;as, de modo que no los volvimos a ver m&#x00E1;s. Celebramos su advertencia en habernos tra&#x00ED;do por paraje tan proporcionado a la ejecuci&#x00F3;n segura y libre de su pensamiento. El cual ya hab&#x00ED;amos penetrado solamente por su gran puntualidad y por el modo con que aceptaron guiarnos. Proseguimos sin gu&#x00ED;a con gran trabajo por la mucha piedra una legua al sur, bajamos segunda vez al dicho R&#x00ED;o del Pilar, y paramos en su orilla y alegre alameda, nombrando al paraje San Daniel. Hoy cinco leguas sur.
</p><p n="112">
El Valle del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9; que acabamos de pasar se halla por la parte m&#x00E1;s septentrional en 37 grados, 33 minutos de latitud, y tiene de norte a sur cerca de doce leguas; y de leste a oeste en partes m&#x00E1;s de tres, en partes dos, y en partes menos. Es abundant&#x00ED;simo de pastos, tiene grandes vegas y medianas ci&#x00E9;negas y terreno suficiente y muy bueno para una buena poblaci&#x00F3;n para siembras de temporal, porque aunque no tiene agua para regar m&#x00E1;s que algunas tierras en los dos riachuelos del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9; y del Pilar, la mucha humedad del terreno puede suplir esta falta sin que se eche menos el riego; porque es tanta la humedad en todo lo m&#x00E1;s del valle que no s&#x00F3;lo las vegas y bajos, mas aun los altos, ten&#x00ED;an ahora los pastos tan verdes y frescos como las vegas m&#x00E1;s f&#x00E9;rtiles de los r&#x00ED;os por los meses de junio y julio.
Hay muy cerca en su circuito mucha copia de madera y le&#x00F1;a de pinavete y pi&#x00F1;&#x00F3;n, y buenos sitios para criar ganados mayores y menores. Los indios que habitan en &#x00E9;l y en sus inmediaciones por oeste, norte, y leste se nombran en su idioma Huascari; visten muy pobremente, comen semillas de hierbas, liebres, pi&#x00F1;&#x00F3;n en su tiempo, y d&#x00E1;til. Ma&#x00ED;z no siembran, y seg&#x00FA;n vimos adquieren muy poco. Son con extremo pusil&#x00E1;nimes y diferentes de los lagunas y de los barbones. Con &#x00E9;stos confinan por noroeste y norte, y usan su idioma aunque con alguna diferencia. En este Paraje de San Daniel finaliza la tierra de los lagunas, que desde el Valle de las Salinas corre al sur franco hasta aqu&#x00ED;, y desde aqu&#x00ED; para el R&#x00ED;o Grande todo es tierra de meser&#x00ED;a e indica ser muy mineral.
</p><p n="113">

D&#x00ED;a 14 salimos de San Daniel rumbo sur cuarta al oeste por el lado occidental del r&#x00ED;o, retir&#x00E1;ndonos algo de &#x00E9;l, y andadas dos leguas por lomas de arena blanca muy brillante y de bastantes pe&#x00F1;as en partes, pasamos dos fuentes copios&#x00ED;simas de buena agua que entran en el r&#x00ED;o arriba dicho. Declinamos al sur, ya por piedra de mal pa&#x00ED;s (que es como escoria aunque m&#x00E1;s pesada y de menos oquedades) no muy molesta, ya por entre pe&#x00F1;as areniscas ya por bancos de arena, y andadas otras dos leguas descendimos tercera vez al r&#x00ED;o y paramos en su orilla, nombrando al Paraje San Hugolino, en el cual hab&#x00ED;a buen pasto.
Aqu&#x00ED; ya es tierra muy templada porque, a m&#x00E1;s de haber sentido bastante calor ayer, anoche y hoy, estaban los &#x00E1;lamos del r&#x00ED;o tan verdes y frondosos, las flores y rosas que produce el terreno tan flamantes y sin lesi&#x00F3;n alguna, que indicaban no haber todav&#x00ED;a helado ni escarchado por aqu&#x00ED;. Tambi&#x00E9;n vimos palo de mesquite, el cual no se cr&#x00ED;a en tierras muy fr&#x00ED;as. Hoy cuatro leguas sur.
	
</p><p n="114">

D&#x00ED;a 15 salimos de San Hugolino por la banda occidental del r&#x00ED;o y por la ladera de unas lomas inmediatas, y andadas dos leguas y media al sur-sudoeste volvimos a la orilla y alameda del r&#x00ED;o. Aqu&#x00ED; hallamos un tapestle bien hecho con bastantes elotes y hoja de ma&#x00ED;z que en &#x00E9;l se hab&#x00ED;a repuesto. Cerca de &#x00E9;l en el corto plan y ribera del r&#x00ED;o estaban tres milpas peque&#x00F1;as con sus acequias muy bien sacadas. Todav&#x00ED;a estaban intactos los rastrojos del ma&#x00ED;z que ya hab&#x00ED;an alzado este a&#x00F1;o. De lo cual tuvimos especial alegr&#x00ED;a, ya por la esperanza que nos daba de poder proveernos m&#x00E1;s adelante de bastimento conocido, ya y principalmente porque era indicio de la aplicaci&#x00F3;n de estas gentes al cultivo de la tierra, y hallar esto adelantado para reducirlo a pol&#x00ED;tica y a la Fe cuando el Alt&#x00ED;simo lo disponga.
Pues ya se sabe lo que cuesta imponer en esto a los otros indios, y lo mucho que dificulta su conversi&#x00F3;n, su aversi&#x00F3;n a este trabajo tan necesario para vivir principalmente en pol&#x00ED;tica y pueblos. Desde aqu&#x00ED; r&#x00ED;o abajo y en las mesas de una y otra banda por largo espacio, seg&#x00FA;n supimos, habitan estos indios que se aplican a las siembras de ma&#x00ED;z, calabaza, y en su idioma se nombran Parussi.
Proseguimos r&#x00ED;o abajo rumbo sur, y andada media legua declinamos al sudoeste, apart&#x00E1;ndonos del r&#x00ED;o; pero un barranco alto sin bajada nos oblig&#x00F3; a retroceder m&#x00E1;s de un cuarto de legua hasta volver al r&#x00ED;o, que aqu&#x00ED; corre al sudoeste. Entranle aqu&#x00ED; otros dos peque&#x00F1;os r&#x00ED;os, uno que viene del nor-nordeste y otro del leste. Este por la mayor parte se compone de aguas calientes y azufrosas, por lo que lo nombramos R&#x00ED;o Sulf&#x00FA;reo. Hay aqu&#x00ED; una bella alameda de &#x00E1;lamo negro grande, algunos sauces, y parrones de uva silvestre. En el espacio que desanduvimos hay cenizeros, vetas, y otros indicios de minerales, y muchas piedras con embije talcoso.
Pasamos el R&#x00ED;o del Pilar y el Sulf&#x00FA;reo cerca de donde se juntan, y rumbo sur subimos una mesa baja por entre riscos de piedra negra y relumbrosa. Subida &#x00E9;sta, tomamos tierra abierta y buena, pasamos un corto llano que al oriente tiene una cordillera de mesas muy altas, y al oeste lomas de chamizo (es lo que en Espa&#x00F1;a brezo) y arena colorada. En el llano pudimos haber tomado la orilla de las mesas y concluir por buena tierra y llana nuestra jornada, pero los que iban adelante mudaron de rumbo por seguir unos rastros frescos de indios, y nos llevaron por las lomas y bajos de arena dichos en que se nos fatigaron mucho las caballer&#x00ED;as. Anduvimos por ellas tres leguas al sudoeste (habiendo antes caminado por los dichos mesa y llano otras dos leguas al sur). Declinamos al sur poco m&#x00E1;s de dos leguas y avistamos un corto valle rodeado de mesas, en una de las cuales nos hall&#x00E1;bamos sin poder bajar al valle. No hab&#x00ED;a en ella agua ni pasto para las caballer&#x00ED;as, que ya no podian dar paso, y as&#x00ED; nos esforzamos a bajar por una ceja alta escarpada y de mucha piedra, y andados tres cuartos de legua al sur paramos ya metido el sol en un arroyo en que hallamos buenos y grandes bateques de agua con pasto suficiente para la caballada. Nombramos al paraje San D&#x00F3;nulo, o arroyo del Taray, por haber aqu&#x00ED; de los &#x00E1;rboles o palo as&#x00ED; nombrado. Hoy diez leguas, que en rumbo directo ser&#x00ED;an siete sur cuarta al oeste. Observamos por la estrella polar, y nos hallamos en 36 grados, 52 minutos, 30 segundos de latitud.

</p><p n="115">
Hay en este llano o vallecito a m&#x00E1;s del taray mucha hediondilla, que es su rama muy medicinal seg&#x00FA;n se ha experimentado en el Nuevo M&#x00E9;jico. Esta noche se nos acab&#x00F3; totalmente el bastimento, sin quedarnos m&#x00E1;s que dos tablillas de chocolate para la ma&#x00F1;ana.
</p><p n="116">

D&#x00ED;a 16 salimos de San D&#x00E1;nulo con &#x00E1;nimo de seguir al sur hasta el R&#x00ED;o Colorado, mas a poco que anduvimos o&#x00ED;mos que atr&#x00E1;s gritaba gente, y volviendo a ver de donde ven&#x00ED;a el eco vimos ocho indios sobre los cerritos del paraje de donde acab&#x00E1;bamos de salir. Los cuales est&#x00E1;n en medio del llano, lo atraviesan casi todo y abundan de yeso trasparente y talco. Volvimos para ellos, dando &#x00F3;rden de que viniese tambi&#x00E9;n el int&#x00E9;rprete, que iba adelante. Llegamos al pie del cerrillo y les dimos a entender que bajasen sin recelo porque ven&#x00ED;amos de paz y &#x00E9;ramos amigos. Con esto se animaron y bajaron mostr&#x00E1;ndonos para el cambio unas sartas o hilos de chalchihuite con una concha de colores cada uno. Con que nos dieron algo que pensar porque desde abajo los hilos de chalchihuite nos parec&#x00ED;an rosarios, y las conchas medallas de santos.
Estuvimos aqu&#x00ED; con ellos un corto rato, pero hablan el yuta tan diferente de todos los dem&#x00E1;s que ni el int&#x00E9;rprete ni el laguna Joaqu&#x00ED;n pod&#x00ED;an darseles a entender plenamente, ni entender lo m&#x00E1;s de lo que ellos hablaban. No obstante, ya por se&#x00F1;as ya porque en algunas cosas hablan el yuta m&#x00E1;s conformes a los lagunas, les entendimos que dec&#x00ED;an ser todos (menos uno que hablaba m&#x00E1;s en ar&#x00E1;bigo que en yuta y juzgamos ser jomajaba) parussis, y que ellos eran los que siembran en las riberas del R&#x00ED;o del Pilar y habitan r&#x00ED;o abajo por largo espacio. Tuv&#x00ED;moslos por Cosninas, mas despu&#x00E9;s averiguamos que no lo eran. Ofrecieron sus chalchihuites al cambio, y dici&#x00E9;ndoles que all&#x00ED; no ten&#x00ED;amos cosa alguna para cambio, y que si quer&#x00ED;an viniesen con nosotros hasta alcanzar a los dem&#x00E1;s compa&#x00F1;eros, entonces les dar&#x00ED;amos lo que ped&#x00ED;an y hablar&#x00ED;amos por espacio, vinieron todos muy alegres pero con gran temor y recelo los que parec&#x00ED;an m&#x00E1;s advertidos.
Hicimos alto y platicamos mas de dos horas y media o tres. Nos dijeron que en dos d&#x00ED;as llegar&#x00ED;amos al R&#x00ED;o Grande, pero que no pod&#x00ED;amos ir por donde quer&#x00ED;amos porque no hab&#x00ED;a aguajes, ni por aqu&#x00ED; pod&#x00ED;amos pasar al r&#x00ED;o por ir muy encajonado, estar muy hondo, y tener por una y otra banda elevad&#x00ED;simos riscos y pe&#x00F1;ascos; y en fin que de aqu&#x00ED; al r&#x00ED;o hab&#x00ED;a muy mala tierra. Regal&#x00E1;mosles dos belduques, y a cada uno un hilo de cuentas de abalorio. Luego les propusimos que si alguno de ellos nos quer&#x00ED;a conducir hasta el r&#x00ED;o le pagar&#x00ED;amos. Respondieron que nos ir&#x00ED;an a encaminar por un ca&#x00F1;&#x00F3;n que estaba en la mesa oriental al llano, y que desde all&#x00ED; ya pod&#x00ED;amos ir solos, porque ellos estaban descalzos y no pod&#x00ED;an andar mucho.
Nosotros no quer&#x00ED;amos dejar el sur hasta el r&#x00ED;o, sin embargo de esta relaci&#x00F3;n; porque sospechabamos que los moquinos se hubiesen indispuesto con los cosninas por haberles llevado al padre Garc&#x00E9;s, y que recelosos de que volviesen a introducir en moqui otros padres o espa&#x00F1;oles, hubiesen procurado contenerlos con amenazas. Y que extendida la noticia intentaban ahora &#x00E9;stos extraviarnos para que no lleg&#x00E1;semos a los Cosninas ni a los Jomajabas sus vecinos. Pero a instancia de todos los compa&#x00F1;eros, a quienes no conven&#x00ED;a por ahora manifestar nuestra sospecha, condescendimos a tomar el ca&#x00F1;&#x00F3;n.
Ofrecimos a estos indios cueros de suela de petaca para zapatos porque nos diesen gu&#x00ED;a. Dijeron que dos ir&#x00ED;an con nosotros hasta ponernos en camino recto y bueno. Entramos con ellos en el ca&#x00F1;&#x00F3;n dicho, anduvimos por &#x00E9;l legua y media con sumo trabajo y atraso de las caballer&#x00ED;as por la mucha piedra de guija, pedernal, y frecuentes pasos dif&#x00ED;ciles y peligrosos que hab&#x00ED;a. Llegamos a una angostura tan mala que en m&#x00E1;s de media hora solo a tres bestias de silla pudimos hacer entrar en ella. A esta seguilla una cuesta de pe&#x00F1;asquer&#x00ED;as tan escarpada que aun a pie costar&#x00ED;a trabajo subirla.
Viendo los indios que no pod&#x00ED;amos seguirlos, se ahuyentaron, impelidos sin duda de su nimia pusilanimidad. Con esto fue preciso retroceder para tomar otra vez el sur. Paramos antes un rato para que las bestias tomasen alg&#x00FA;n aliento y bebiesen agua que hab&#x00ED;a aqu&#x00ED;, pero tan mala que muchas caballer&#x00ED;as no bebieron. A la tarde retrocedimos todo el ca&#x00F1;&#x00F3;n, y andada media legua por el llano al sur paramos cerca del puerto austral del valle sin agua para nosotros ni para la caballada. Ten&#x00ED;amos mucha necesidad esta noche y ning&#x00FA;n g&#x00E9;nero de alimento, y as&#x00ED; determinamos quitar la vida a un caballo para no perder la nuestra; pero por no haber agua diferimos la ejecuci&#x00F3;n hasta donde la hubiese. Hoy en tan penosa jornada s&#x00F3;lo avanzamos una y media legua al sur.
	
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D&#x00ED;a 17 proseguimos nuestra derrota rumbo sur, pasamos el puerto dicho del vallecito por la caja de un arroyo en que hallamos un bateque de agua buena, y bebi&#x00F3; toda la caballada. Anduvimos al sur dos leguas, y declinando al sueste otras dos, hallamos en otro arroyo gran porci&#x00F3;n de buena agua, no solo en una parte sino en muchas. Y aunque es llovediza, de la que queda en las avenidas, parece no consumirse en todo el a&#x00F1;o. Aqu&#x00ED; encontramos algunas de las hierbas que llaman quelites. juzgamos poder subvenir a nuestra urgent&#x00ED;sima necesidad con ellas, pero s&#x00F3;lo pudimos recojer muy pocas, y &#x00E9;sas muy peque&#x00F1;as.
Proseguimos al sueste, y andadas cuatro leguas y media por tierra llana y buena aunque algo bofa paramos, ya por ver si en los derramaderos de la mesa hab&#x00ED;a agua, ya para dar de las dichas hierbas sazonadas alg&#x00FA;n alimento a Don Bernardo Miera que, como desde ayer ma&#x00F1;ana no hab&#x00ED;amos tomado cosa alguna, ven&#x00ED;a ya tan debilitado que apenas pod&#x00ED;a hablar. Mandamos registrar las petacas y dem&#x00E1;s trastos en que hab&#x00ED;amos tra&#x00ED;do el bastimento, para ver si hab&#x00ED;a algunas reliquias, y s&#x00F3;lo hallamos unos fragmentos de calabaza que los mozos hab&#x00ED;an adquirido ayer de los indios parussis, y los hab&#x00ED;an ocultado para no verse obligados a convidar a los dem&#x00E1;s. Con esto, y un pedazo de piloncillo que tambi&#x00E9;n hallamos, hicimos para todos un guizo y tomamos alg&#x00FA;n alimento. No hallamos agua para poder pasar aqu&#x00ED; la noche, y determinamos proseguir al sur la jornada.
Los compa&#x00F1;eros, sin darnos parte, fueron a reconocer la mesa oriental y terreno que segu&#x00ED;a por aqu&#x00ED;. Vinieron los que fueron a este reconocimiento diciendo estar muy buena la subida de la mesa, y que despu&#x00E9;s segu&#x00ED;a tierra llana con muchos arroyos en que no pod&#x00ED;a menos de haber agua, y que les parec&#x00ED;a estar el r&#x00ED;o al fin del llano que estaba despu&#x00E9;s de la mesa. Con esto todos se inclinaron a mudar de rumbo. Nosotros bien conocimos que como otras veces se enga&#x00F1;aban, y que en tan corto tiempo no pod&#x00ED;an haber visto tanto, y &#x00E9;ramos de parecer contrario porque para el sur ten&#x00ED;amos mucha tierra buena y llana a la vista, y hab&#x00ED;amos hallado hoy tanta agua contra la relaci&#x00F3;n de los indios, y andado toda la jornada por buena tierra, con esto crec&#x00ED;a nuestra indicada sospecha.
Pero como ya nos hallamos sin bastimento y el agua pod&#x00ED;a estar muy distante, porque el llevar adelante nuestro dictamen no les hiciese m&#x00E1;s intolerable la sed y hambre que por ambos rumbos pod&#x00ED;an ofrec&#x00E9;rsenos, (para nuestro bien) les dijimos que tomasen por donde mejor les pareciese. Llev&#x00E1;ronos por la mesa rumbo sueste, subi&#x00E9;ndola por un derramadero fragoso o arroyo de mucha piedra en que hay yeso piedra muy bueno del que se usa para blanquear. Acabamos de subir la mesa por una ladera bien escarpada y mucha piedra negra. Lleg&#x00F3; la noche y paramos sobre la mesa en un corto llano de buen pasto pero sin agua, nombr&#x00E1;ndolo San &#x00E1;ngel. Hoy nueve leguas.
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Mucho sentimos haber mudado de rumbo, porque seg&#x00FA;n la altura en que nos hall&#x00E1;bamos, siguiendo el sur hubi&#x00E9;ramos llegado muy presto al r&#x00ED;o. Luego que paramos nos dijeron los que hab&#x00ED;an estado antes en la mesa que a poca distancia de aqu&#x00ED; les parec&#x00ED;a haber visto agua. Fueron dos a traerla para la gente, mas no volvieron en toda la noche y amaneci&#x00F3; el d&#x00ED;a siguiente sin que supi&#x00E9;semos de ellos. Bien que mostr&#x00F3; hicimos juicio que hab&#x00ED;an proseguido buscando ranchos de indios en que reparar cuanto antes su necesidad. Por cuyo motivo y por no haber aqu&#x00ED; agua, determinamos proseguir sin esperarlos.
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D&#x00ED;a 18 salimos de San &#x00E1;ngel rumbo les-sueste, y andada media legua declinamos al leste cuarta al sur dos leguas por lomas y ca&#x00F1;adas tendidas, bien empastadas, pero de mucha piedra; y no hallando agua declinamos al leste cuarta al norte otras dos leguas, subiendo y bajando lomas de piedra muy molesta a las caballer&#x00ED;as. Estaban cinco indios espi&#x00E1;ndonos desde una mesa corta pero alta; al pasar nosotros dos que &#x00ED;bamos detr&#x00E1;s de los compa&#x00F1;eros al pie de ella nos hablaron. Al inclinar para donde estaban, se ocultaron los cuatro y s&#x00F3;lo qued&#x00F3; uno a nuestra vista. Conocimos el mucho temor con que estaban; no pudimos persuadirle que bajase, y subimos los dos a pie con bastante trabajo. A cada paso que d&#x00E1;bamos acerc&#x00E1;ndonos a &#x00E9;l quer&#x00ED;a echar a huir. D&#x00ED;mosle a entender que no tuviese miedo, que lo am&#x00E1;bamos como a hijo y quer&#x00ED;amos hablar con &#x00E9;l. Y con esto nos esper&#x00F3;, haciendo mil ademanes en demostraci&#x00F3;n de que nos ten&#x00ED;a mucho miedo.
Ya que subimos a donde estaba lo acariciamos, y sent&#x00E1;ndonos junto a &#x00E9;l hicimos que subieran el int&#x00E9;rprete y el laguna. Ya recobrado nos dijo que all&#x00ED; estaban escondidos otros cuatro, que si quer&#x00ED;amos los llamar&#x00ED;a para que los vi&#x00E9;semos. Y dici&#x00E9;ndole que s&#x00ED;, puso sus flechas y arco en el suelo, tom&#x00F3; al int&#x00E9;rprete de la mano, y fueron a traerlos. Vinieron, estuvimos como una hora en conversaci&#x00F3;n, y nos dijeron que ya ten&#x00ED;amos agua cerca. Suplic&#x00E1;mosles que nos la fuesen a ense&#x00F1;ar, prometi&#x00E9;ndoles un pedazo de chalona; y despu&#x00E9;s de muchas instancias convinieron en ir tres de ellos con nosotros. Proseguimos con ellos muy fatigados de sed y hambre rumbo sueste una legua, y andada otra al sur por mal camino y de mucha piedra, llegamos a un monte de sabina y a un arroyo que en las oquedades despe&#x00F1;adas manten&#x00ED;a dos grandes bateques de agua buena. Cogimos para nosotros la suficiente, y arrimamos la caballada, que come ven&#x00ED;a tan sedienta, agot&#x00F3; ambos bateques. Aqu&#x00ED; determinamos pasar la noche, nombrando al paraje San Samuel. Hoy seis leguas.
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Ven&#x00ED;an los dichos tres indios con tanto miedo con nosotros que no quer&#x00ED;an ir adelante, ni que nos acerc&#x00E1;semos a ellos, hasta que se informaron del laguna Joaqu&#x00ED;n y con lo que &#x00E9;ste les dijo de nosotros se aquietaron. Entre otras cosas le preguntaron muy admirados de su valor, que c&#x00F3;mo se hab&#x00ED;a atrevido a venir con nosotros. &#x00E9;l, que deseaba quitarles el miedo para socorrer la necesidad que con gran dolor nuestro padec&#x00ED;a, les respondi&#x00F3; lo m&#x00E1;s oportunamente que pudo. Y as&#x00ED; les quit&#x00F3; mucho del temor y recelo que tra&#x00ED;an, por lo que sin duda no nos dejaron antes de llegar al dicho aguaje.
Luego que paramos les dimos la chalona prometida, con lo que se alegraron mucho. Y sabiendo que ven&#x00ED;amos sin bastimento, dijeron que envi&#x00E1;semos uno de los nuestros con uno de los suyos para que fuesen a sus casillas, que estaban algo distantes, y lo trajesen; que los dem&#x00E1;s se quedar&#x00ED;an &#x00ED;nterin con nosotros. Enviamos a uno de los gen&#x00ED;zaros con el laguna Joaqu&#x00ED;n, d&#x00E1;ndoles con qu&#x00E9; comprar bastimento y bestia de carga para en que traerlo. Partieron con el otro indio, y despu&#x00E9;s de media noche llegaron de regreso, trayendo una corta porci&#x00F3;n de carnero silvestre, de tuna seca hecha torta, y semillas de hierbas. Trajeron tambi&#x00E9;n noticia de uno de los dos que la noche antecedente hab&#x00ED;an ido por agua, diciendo que hab&#x00ED;a estado en este rancho. El otro hab&#x00ED;a llegado esta noche como a las diez.
	
</p><p n="121">

D&#x00ED;a 19 concurrieron al real veinte de estos indios con alguna tuna en torta o masa, y varios zurrones de semillas de diferentes hierbas para que les compr&#x00E1;semos. Pag&#x00E1;mosles cuanto trajeron y les encargamos que si ten&#x00ED;an carne, pi&#x00F1;&#x00F3;n, y m&#x00E1;s tuna los trajesen, que todo lo comprar&#x00ED;amos, especialmente la carne. Dijeron que s&#x00ED;, pero que los hab&#x00ED;amos de esperar hasta medio d&#x00ED;a. Admitimos la condici&#x00F3;n y se fueron. Uno de ellos qued&#x00F3; en acompa&#x00F1;arnos hasta el r&#x00ED;o si nos deten&#x00ED;amos hasta la tarde, y tambi&#x00E9;n admitimos. Despu&#x00E9;s del medio d&#x00ED;a volvieron muchos m&#x00E1;s de los que hab&#x00ED;an antes estado con nosotros, y entre ellos uno que dec&#x00ED;an ser apache mescalero y haber venido con otros dos de su tierra a esta, pasando el r&#x00ED;o pocos d&#x00ED;as hab&#x00ED;a. Era de fisiognom&#x00ED;a poco agradable, y se distingu&#x00ED;a de estos indios en el disgusto con que nos miraba por aqu&#x00ED;, y en el mayor &#x00E1;nimo que de intento mostraba, seg&#x00FA;n advertimos. Dijeron que estos apaches eran sus amigos.
No trajeron carne alguna, pero s&#x00ED; muchos zurrones de dichas semillas y algunas tunas frescas ya asoleadas y otras secas en tortas. Compr&#x00E1;mosles como una fanega de semillas y toda la tuna, conversamos largo rato sobre la distancia del r&#x00ED;o, el camino para &#x00E9;l, el numero y modo de vivir de ellos, sobre las gentes confinantes y sobre el gu&#x00ED;a que solicit&#x00E1;bamos. Nos mostraron por donde hab&#x00ED;amos de tomar para el r&#x00ED;o, dando algunas se&#x00F1;as confusas del vado y diciendo que en dos o tres d&#x00ED;as llegar&#x00ED;amos. Nos dijeron que ellos se nombraban Yubuincariri, que no sembraban ma&#x00ED;z, que su bastimento eran aquellas semillas, tunas, el pi&#x00F1;&#x00F3;n que cogen muy poco, seg&#x00FA;n lo escasearon, y lo que cazaban de liebres, conejos, y carnero silvestre, a&#x00F1;adiendo que de esta banda s&#x00F3;lo los parussis sembraban ma&#x00ED;z y calabaza; pero que de la otra luego pasado el r&#x00ED;o, estaban los ancamuchis (por quienes entendimos los cosninas), y que &#x00E9;stos sembraban mucho ma&#x00ED;z. A mas de esto nos nombraron otras gentes, sus confinantes por el sur-sudoeste en esta banda occidental del r&#x00ED;o, y fueron estos los payatammunis. Tambi&#x00E9;n nos dieron noticia de los huascaris que ya nosotros hab&#x00ED;amos visto en el Valle del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9;.
Sobre los espa&#x00F1;oles de Monterey ni aun el menor indicio de haber o&#x00ED;do hablar de ellos. Uno de los que pasaron la noche antecedente con nosotros nos dio a entender que hab&#x00ED;a tenido noticia del viaje del reverendo padre Garc&#x00E9;s; lo cual, junto con negar todos estos que conoc&#x00ED;an a los cosninas (si no los entienden por el nombre arriba puesto: ancamuchi) parece probar lo que ya dijimos haber sospechado. Conclu&#x00ED;da la conversaci&#x00F3;n, se fueron yendo sin que pudi&#x00E9;semos conseguir que alguno de ellos se determinase a acompa&#x00F1;arnos hasta el r&#x00ED;o.
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Hoy estuvo muy malo del est&#x00F3;mago don Bernardo Miera, y as&#x00ED; no pudimos salir de aqu&#x00ED; esta tarde. Y poco m&#x00E1;s distantes hallamos otros bateques de agua para esta noche.
</p><p n="123">

D&#x00ED;a 20 salimos de San Samuel rumbo nor-nordeste, dirigi&#x00E9;ndonos para el vado del r&#x00ED;o Colorado, y desechada una sierra baja, montuosa y de mucha piedra que est&#x00E1; antes, y andadas dos leguas poco m&#x00E1;s, declinamos al nordeste, entramos en tierra llana y sin piedra, y andadas cuatro leguas hallamos en un arroyo varios rebalses de agua buena. Y habiendo andado una legua al les-nordeste paramos en su orilla entre dos cerros que est&#x00E1;n en el llano junto al arroye en que hab&#x00ED;a gran copia de agua y buen pasto. Nombramos a este paraje Santa Gertrudis, cuya latitud observamos por la estrella polar y es de 36 grados, 30 minutos. Hoy siete leguas.

</p><p n="124">

D&#x00ED;a 21 salimos de Santa Gertrudis rumbo leste, y andada media legua declinamos al nordeste. Pasamos varias veces el Arroyo de Santa Gertrudis que en las m&#x00E1;s partes ten&#x00ED;a grandes rebalses de agua; y andadas por no muy buen terreno y algunas vueltas cinco leguas y media al nordeste, tomamos por chamizales no molestos y buen terreno. Y andadas cuatro leguas poco m&#x00E1;s al les-nordeste paramos ya de noche cerca de una ca&#x00F1;adita de buen pasto, pero sin agua aun para la gente. Lorenzo de Olivares, impelido de la sed por haber comido demasiado de las semillas, pi&#x00F1;&#x00F3;n y tuna que compramos, buscando agua en los arroyos inmediatos se apart&#x00F3; luego que paramos, y no apareci&#x00F3; en toda la noche; lo que nos di&#x00F3; bastante cuidado. Hoy diez leguas. Nombramos al paraje Santa B&#x00E1;rbara.
</p><p n="125">

D&#x00ED;a 22 salimos de Santa B&#x00E1;rbara rumbo nor-nordeste buscando al dicho Olivares. Como a las dos leguas lo hallamos junto a un bateque escaso de agua que solo tuvo para que la gente bebiese, y un peque&#x00F1;o barril que llev&#x00E1;bamos por si esta noche no encontr&#x00E1;bamos agua. Proseguimos por el llano, y andadas cuatro leguas al nordeste vimos una vereda que iba al sur; y diciendo el int&#x00E9;rprete que los yubuincariris le hab&#x00ED;an dicho que &#x00E9;sta hab&#x00ED;amos de tomar para el r&#x00ED;o, la cogimos; pero andada una legua al sur por ella hallamos estar equ&#x00ED;voco en las se&#x00F1;as el int&#x00E9;rprete, porque a poca distancia retroced&#x00ED;a dicha vereda. Y as&#x00ED; subimos rumbo leste la sierra baja que intent&#x00E1;bamos evitar, la cual se extiende casi de norte a sur por toda la parte oriental de este llano. Atraves&#x00E1;mosla con bastante trabajo y fatiga de las caballer&#x00ED;as, porque a m&#x00E1;s de tener muchas quebradas es muy petrosa.
Cogi&#x00F3;nos la noche al bajar al otro lado en una cuchilla bien alta, fragosa, y de mucha guija. Desde la cual vimos abajo despu&#x00E9;s de un corto llano varias lumbres. Juzgamos que el int&#x00E9;rprete Andr&#x00E9;s y el laguna Joaqu&#x00ED;n, que se hab&#x00ED;an adelantado buscando agua para esta noche, las hab&#x00ED;an hecho para que supi&#x00E9;semos donde estaban. Mas habiendo acabado de bajar, y andado desde que dejamos la dicha vereda cinco leguas al les-nordeste dando algunas vueltas en las ca&#x00F1;adas de la sierra, llegamos a las lumbres en que estaban tres ranchillos de indios, y con ellos nuestro int&#x00E9;rprete y Joaqu&#x00ED;n. Determinamos pasar aqu&#x00ED; la noche por haber a poca distancia hacia el leste y oeste agua y pasto para la caballada, que ya casi totalmente estaba cansada, nombrando al paraje San Juan Capistrano. Hoy doce leguas.
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Como era de noche cuando llegamos a estos ranchos, y los indios no pod&#x00ED;an distinguir el n&#x00FA;mero de gente que ven&#x00ED;a, se asustaron de modo que, sin embargo de las persuasiones del int&#x00E9;rprete y del laguna Joaqu&#x00ED;n, al llegar nosotros huyeron los m&#x00E1;s de ellos, quedando solamente tres hombres y dos mujeres; las cuales dec&#x00ED;an muy afligidas a nuestro laguna: "Hermanito, t&#x00FA; eres de la misma especie de nosotros, no permitas que esta gente con quien vienes nos maten." 
Acarici&#x00E1;moslos y procuramos por todos los medios posibles que se nos ocurrieron quitarles el recelo y temor que nos ten&#x00ED;an. Algo se aquietaron y procurando complacernos nos regalaron dos liebres azadas y algunos pi&#x00F1;ones. Fueron tambi&#x00E9;n dos de ellos, aunque con mucho miedo, a ense&#x00F1;ar el aguaje a los mozos para que bebiese la caballada. Est&#x00E1; este paraje al leste de la punta septentrional de dicha peque&#x00F1;a sierra, junto a una porci&#x00F3;n de cerrillos de tierra colorada. Al sur de los cuales muy cerca, sobre unas lomas pe&#x00F1;ascosas y de algunos &#x00E1;rboles de pi&#x00F1;&#x00F3;n y sabina, est&#x00E1;n dos estanques buenos de agua llovediza. M&#x00E1;s hacia ellos en un peque&#x00F1;o arroyo hay tambi&#x00E9;n unos bateques de agua, pero &#x00E9;sta poca y no tan buena. Al oes-sudoeste de los mismos cerrillos al pie de la sierra hay tambi&#x00E9;n una fuente peque&#x00F1;a de agua perenne.
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Estos indios se nombran en su idioma pagampachi, y sus confinantes inmediatos por el norte y nor-noroeste Ytimpabichi.
</p><p n="128">
Despu&#x00E9;s de habernos recogido a descanzar fueron algunos compa&#x00F1;eros, y entre ellos don Bernardo Miera, a una de las chozas a platicar con los indios. Dij&#x00E9;ronles que dicho don Bernardo ven&#x00ED;a enfermo, y un indio viejo de los concurrentes, o porque los nuestros se lo mandaron o porque &#x00E9;l quiso, se puso a curarlo con cantos y ceremonias, ya que no abiertamente idolatr&#x00ED;as (que s&#x00ED; lo ser&#x00ED;an), totalmente supersticiosas. Todos los nuestros las permitieron gustosos y entre ellos el enfermo, y las celebraron como graciosidades indiferentes cuando deb&#x00ED;an impedirlas como opuestas a la ley evang&#x00E9;lica y divina que profesan, o a lo menos haberse retirado. Nosotros o&#x00ED;mos los cantos del indio, mas ignor&#x00E1;bamos a qu&#x00E9; se dirig&#x00ED;an. Luego que por la ma&#x00F1;ana nos refirieron la serie del suceso, tuvimos grand&#x00ED;simo sentimiento de tan nociva inadvertencia y los reprendimos, instruy&#x00E9;ndoles para que otra vez no aprobasen con voluntaria asistencia ni de otro modo semejantes errores.
Esta es una de las causas principales por las que los infieles que m&#x00E1;s tratan a los espa&#x00F1;oles y cristianos de estas partes resisten m&#x00E1;s a la verdad evang&#x00E9;lica, y se dificulta cada d&#x00ED;a su conversi&#x00F3;n. Predicando nosotros a los sabuaganas primeros que vimos la necesidad del santo bautismo, el int&#x00E9;rprete, por no disgustarlos o por no perder la antigua amistad que por el vil comercio de pieles que con ellos frecuentan (aun contra justas prohibiciones de los se&#x00F1;ores gobernadores de este Reino, por los que repetidas veces se ha mandado que ning&#x00FA;n indio, gen&#x00ED;zaro, o vecino entre a tierra de infieles sin haber obtenido licencia para ello de su Se&#x00F1;or&#x00ED;a), les tradujo estas formales palabras: "Dice el padre que los apaches, navaj&#x00F3;s, y comanches que no se bautizan no pueden entrar en el cielo, y que van al infierno en donde Dios los castiga, y arder&#x00E1;n siempre como la le&#x00F1;a en el fuego," con la que se alegraron mucho los sabuaganas por o&#x00ED;rse excluidos, e inclusos a sus enemigos en la necesidad indispensable, o de bautizarse o de perderse y padecer eternamente. Fue reprendido el int&#x00E9;rprete, y viendo descubierta su necia infidelidad se enmend&#x00F3;.
Otros casos pudi&#x00E9;ramos a&#x00F1;adir, o&#x00ED;dos a los mismos que entre los yutas han presenciado, y acaso celebrado y aun cooperado a muchas acciones idol&#x00E1;tricas, pero bastan los dos referidos que evidentemente nos constan. Pues si en nuestra compa&#x00F1;&#x00ED;a, si habiendo o&#x00ED;do refutar y condenar muchas veces estas idolatr&#x00ED;as y supersticiones, las presencian, dan motivo a ellas y las celebran, &#x00BF;qu&#x00E9; no har&#x00E1;n cuando andando tres y cuatro meses entre los yutas y navaj&#x00F3;s infieles sin que haya quien los corrija o los contenga?
Fuera de esto nos han dado (algunos) motivos suficientes en este viaje para sospechar que si unos van a los yutas y est&#x00E1;n tanto tiempo entre ellos por la codicia de los cueros, otros van por la de la carne que all&#x00ED; tienen a su brutal satisfacci&#x00F3;n. Y as&#x00ED; de todos modos blasfeman el nombre de Cristo e impiden, o por mejor decir se oponen a la extensi&#x00F3;n de su Fe. O, y con cu&#x00E1;nta severidad se debe ocurrir a semejantes males. Dios por su bondad infinita inspire el medio m&#x00E1;s conveniente y eficaz.

</p><p n="129">

D&#x00ED;a 23 no hicimos jornada, por dar tiempo a que los de aqu&#x00ED; se aquietasen y pudiesen concurrir los de las inmediaciones. Las semillas de hierbas y dem&#x00E1;s que hab&#x00ED;amos comprado y comido nos hicieron notable da&#x00F1;o y nos debilitaban en lugar de alimentarnos. No pod&#x00ED;amos conseguir que &#x00E9;stos nos vendiesen alguna carne usual, y as&#x00ED; mandamos matar un caballo y disponer la carne para poderla llevar.
</p><p n="130">
Hoy estuvo muy malo el padre Fray Francisco Atanasio de un vehemente dolor en el ano, de modo que ni aun moverse pod&#x00ED;a.
</p><p n="131">
Todo el d&#x00ED;a estuvieron viniendo indios de los ranchos inmediatos, a todos los cuales acarici&#x00E1;bamos y obsequi&#x00E1;bamos en lo que pod&#x00ED;amos. Ya &#x00E9;stos nos dieron m&#x00E1;s clara noticia de los cosninas y moquinos, d&#x00E1;ndoles estos mismos nombres. Tambi&#x00E9;n nos dijeron por donde hab&#x00ED;amos de ir para el r&#x00ED;o (que de aqu&#x00ED; dista doce leguas cuando m&#x00E1;s), d&#x00E1;ndonos las se&#x00F1;as del vado. Compr&#x00E1;mosles como una fanega de pi&#x00F1;&#x00F3;n, y les regalamos m&#x00E1;s de media de semilla de hierbas.
</p><p n="132">
El d&#x00ED;a siguiente muy temprano concurrieron 26 indios, siendo algunos de los que ayer tarde estuvieron con nosotros, y otros que no hab&#x00ED;amos visto. Anunci&#x00E1;mosles el evangelio, reprendiendo y declar&#x00E1;ndoles la malicia e inutilidad de sus abusos, se&#x00F1;aladamente en las curas supersticiosas de sus enfermos. Amonest&#x00E1;mosles que solo al Dios verdadero y &#x00FA;nico deb&#x00ED;an acudir en sus trabajos, porque s&#x00F3;lo su Majestad tiene a su disposici&#x00F3;n la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, y puede favorecer a todos. Y aunque nuestro int&#x00E9;rprete no pod&#x00ED;a explicarles bien esto, uno de ellos que sin duda hab&#x00ED;a tratado mucho con los yutas payuchis, lo entend&#x00ED;a bien y explicaba a los dem&#x00E1;s lo que o&#x00ED;a. Y viendo nosotros que atend&#x00ED;an con gusto, les propusimos que si quer&#x00ED;an cristianizarse vendr&#x00ED;an padres y espa&#x00F1;oles a instruirlos y vivir con ellos. Respondieron que s&#x00ED;. Y pregunt&#x00E1;ndoles que d&#x00F3;nde los hallar&#x00ED;amos cuando vini&#x00E9;semos, dijeron que en esta peque&#x00F1;a sierra y en las mesas inmediatas.
Luego para irlos aficionando a nosotros les repartimos trece varas de list&#x00F3;n encarnado, dando a cada uno media, de lo cual quedaron muy gustosos y agradecidos. Ya hab&#x00ED;a convenido uno en ir con nosotros hasta el r&#x00ED;o para dirijirnos al vado. Pero habi&#x00E9;ndose despedido todos los otros y andado &#x00E9;l en nuestra compa&#x00F1;&#x00ED;a media legua, le entr&#x00F3; tanto miedo que no pudimos persuadirle siguiese. Los compa&#x00F1;eros poco reflexivos quer&#x00ED;an que a fuerza le hici&#x00E9;semos cumplir su palabra, mas nosotros, conocida su repugnancia, lo dejamos ir libremente.
</p><p n="133">

D&#x00ED;a 24 como a las nueve de la ma&#x00F1;ana o poco m&#x00E1;s, salimos de San Juan Capistrano por una ca&#x00F1;ada rumbo sur-sueste, y andadas cuatro leguas declinamos por la misma ca&#x00F1;ada al sueste. Hay aqu&#x00ED; al pie de la mesa oriental de la ca&#x00F1;ada tres estiladeros de agua buena, mas no hubo suficiente para la caballada. Desde el paraje hasta aqu&#x00ED; caminamos por buena tierra. Andadas otras dos leguas al sueste declinamos al les-sueste como tres leguas por tierra arenosa y molesta. Y aunque no hallamos agua para la caballada, hallando pasto paramos porque ven&#x00ED;a muy cansada, y ya era de noche. Nombramos al paraje San Bartolom&#x00E9;. Aqu&#x00ED; hay valle dilatado pero de mal terreno, pues lo que no es de arena es un g&#x00E9;nero de tierra que en la superficie tiene como cuatro dedos de cascajo y despu&#x00E9;s tierra suelta de diferentes colores. Hay muchas minas de yeso trasparente, algunas de talco, y tambi&#x00E9;n parece haber algunas met&#x00E1;licas. Hoy nueve leguas.
</p><p n="134">

Por esta parte corre el R&#x00ED;o Colorado de nor-nordeste a sur-sudoeste muy hondo y encajonado, de modo que para sembrar en &#x00E9;l, aunque el terreno fuese bueno, no es de &#x00FA;til alguno el r&#x00ED;o. Nosotros vimos esta tarde los barrancos y pe&#x00F1;ascos de la caja del r&#x00ED;o, que vistos por la parte occidental parecen una cordillera larga de casas, pero juzgamos ser caja de alg&#x00FA;n arroyo de los muchos que hay en el llano.
	
</p><p n="135">

D&#x00ED;a 25 salimos de San Bartolom&#x00E9; rumbo les-sueste, anduvimos una legua y menos de media al leste; no quisimos llegar a la que realmente era caja del R&#x00ED;o Grande porque pasamos varios arroyos que ten&#x00ED;an ca&#x00F1;ones tan grandes como ella, y as&#x00ED; nos persuadimos a que no iba por all&#x00ED; el r&#x00ED;o sino alg&#x00FA;n otro arroyo; por esto nos dirijimos para el nor-nordeste del valle en que nos pareci&#x00F3; poder desechar por aqu&#x00ED; las mesas que lo circundan. Tomamos la caja de un arroyo buscando agua para las caballer&#x00ED;as que ya ven&#x00ED;an muy fatigadas de la sed, y habiendo caminado por ella dos leguas al nordeste no pudimos seguir, y salimos de ella para la parte del oeste subiendo una cuesta muy mala. Tomamos al nornordeste, y andadas dos leguas vimos &#x00E1;lamos al pie de la mesa. Dirij&#x00ED;mosnos para donde estaban y hallamos una buena fuente de agua. Ten&#x00ED;a &#x00E9;sta por las orillas como salitre; pensamos fuese agua salada, mas prob&#x00E1;ndola hallamos ser de buen gusto. Paramos aqu&#x00ED; nombrando al paraje San Fructo. Hoy cinco leguas.
</p><p n="136">
&#x00E1; la tarde fue Don Juan Pedro Cisneros a reconocer por el rinc&#x00F3;n septentrional del valle si hab&#x00ED;a paso, y si hallaba o divisaba el r&#x00ED;o y su vado. Volvi&#x00F3; despu&#x00E9;s de media noche con la deseada noticia de haber llegado ya al r&#x00ED;o, pero diciendo que no sab&#x00ED;a si podr&#x00ED;amos pasar unas mesas y crestones que estaban en la orilla opuesta. Sin embargo, porque dijo parecerle bueno el r&#x00ED;o y tener aqu&#x00ED; vado, determinamos ir para all&#x00E1;.
	
</p><p n="137">

D&#x00ED;a 26 salimos de San Fructo rumbo norte, anduvimos tres leguas y media, y llegamos a donde antes juzg&#x00E1;bamos estar el puerto septentrional del valle; y es un rinc&#x00F3;n todo cercado de cerros y crestones muy elevados de tierra colorada que, teniendo varias formas y siendo el plan intermedio de abajo del mismo color, tiene un aspecto agradablemente confuso. Proseguimos al mismo rumbo con sobrada molestia porque las caballer&#x00ED;as se sum&#x00ED;an hasta las rodillas en la tierra, roto el cascajo superficial; y andada legua y media llegamos al R&#x00ED;o Grande de los Cosninas. Aqu&#x00ED; le entra otro peque&#x00F1;o que nombramos de Santa Teresa. Pasamos &#x00E9;ste y paramos en la orilla del grande junto a un pe&#x00F1;asco alto de piedra parda, nombrando al paraje San Benito de Salsipuedes. Todo el terreno desde San Fructo hasta aqu&#x00ED; es muy molesto, y con poca humedad que tenga de nieve o lluvia totalmente inandable. Hoy cinco leguas.
</p><p n="138">
Determinamos reconocer esta tarde si pasado el r&#x00ED;o podr&#x00ED;amos seguir desde aqu&#x00ED; al sueste o leste. Por todas partes nos rodeaban mesas y crestones inaccesibles. Para lo cual dos qu&#x00E9; sab&#x00ED;an bien nadar entraron en el r&#x00ED;o desnudos con sus vestiduras sobre la cabeza. Estaba tan hondo y ancho que los nadadores, sin embargo su habilidad, apenas pudieron llegar a la otra banda, dejando en medio del r&#x00ED;o su ropa, la cual no volvieron a ver m&#x00E1;s. Y como llegaron muy fatigados, desnudos y descalzos, no pudieron andar lo preciso para el dicho reconocimiento, regres&#x00E1;ndose despu&#x00E9;s de haber tomado alg&#x00FA;n aliento. 
</p><p n="139">


D&#x00ED;a 27 fu&#x00E9; don Juan Pedro Cisneros por la caja del r&#x00ED;o de Santa Teresa a ver si por ella hallaba alg&#x00FA;n paso para atravesar la mesa oriental y volver al R&#x00ED;o Grande por tierra m&#x00E1;s abierta en que, logrando la amplitud, fuese vadeable o a lo menos pudiese pasar la caballada sin el peligro que aqu&#x00ED; hab&#x00ED;a de que quedase sepultada en sus aguas. Anduvo todo el d&#x00ED;a y parte de la noche, y no hall&#x00F3; paso. Vi&#x00F3; una cuesta por la que muy cerca de aqu&#x00ED; se pod&#x00ED;a atravesar la mesa, pero le pareci&#x00F3; que era muy dificultosa. Otros fueron a reconocer por diferentes rumbos y no hallaron m&#x00E1;s que dificultades insuperables para ir al vado sin retroceder mucha tierra.
</p><p n="140">

D&#x00ED;a 28 volvimos a las mismas diligencias, y todas en vano. Construy&#x00E1;se en breve rato una balsa de palos, y con ella intent&#x00F3; el padre Fray Silvestre, acompa&#x00F1;ado de los mozos, pasar el r&#x00ED;o; pero como los palos que serv&#x00ED;an para su impulso, aunque ten&#x00ED;an de largo m&#x00E1;s de cinco varas, a poca distancia de la orilla no alcanzaban la tierra, la conten&#x00ED;an las olas impelidas del viento contrario. Y as&#x00ED; tres veces volvi&#x00F3; a la orilla de donde sal&#x00ED;a sin poder llegar ni a&#x00FA;n a la mitad del r&#x00ED;o. A m&#x00E1;s de ser &#x00E9;ste tan hondo y ancho tiene aqu&#x00ED; por ambas orillas tales atascaderos que en ellos pod&#x00ED;amos perder toda o la mayor parte de la caballada.
Nos hab&#x00ED;an asegurado los indios yubuincariris y pagampachis que todo el r&#x00ED;o estaba muy hondo pero no en el vado, pues cuando ellos pasaban solo a la cintura y poco m&#x00E1;s arriba les llega el agua. Por esto y por otras se&#x00F1;as que nos dieron, conjecturamos estar el vado m&#x00E1;s arriba. Y as&#x00ED; despachamos a Andr&#x00E9;s Mu&#x00F1;iz y a su hermano Lucrecio con &#x00F3;rden de que anduviesen hasta hallar por donde pudi&#x00E9;semos atravesar la dicha mesa, y de que llegando otra vez al r&#x00ED;o buscasen buen vado o a lo menos alguna parte por donde, pasando nosotros en balsa, pudiesen nadar sin peligro las caballer&#x00ED;as.
</p><p n="141">

D&#x00ED;a 29, no sabiendo cu&#x00E1;ndo podr&#x00ED;amos salir de aqu&#x00ED;, y acab&#x00E1;ndosenos ya la carne del primer caballo y los pi&#x00F1;ones y dem&#x00E1;s que hab&#x00ED;amos comprado, mandamos matar otro caballo.
</p><p n="142">

D&#x00ED;a 30, y 31, permanecimos esperando a los que fueron a buscar paso y vado.
</p><p n="143">


D&#x00ED;a 1 de noviembre volvieron ya a la una de la tarde, diciendo haber hallado paso aunque dif&#x00ED;cil, y vado en el r&#x00ED;o. El paso de la mesa era la cuesta que hab&#x00ED;a visto Cisneros, y siendo &#x00E9;sta muy alta y escarpada determinamos acercarnos esta tarde a ella. Salimos de la orilla del R&#x00ED;o Grande y paraje penoso de San Benito de Salsipuedes, tomamos por el R&#x00ED;o de Santa Teresa, y andada una legua al noroeste paramos en su orilla al pie de la dicha cuesta. Hoy una legua. 
</p><p n="144">
Esta tarde desde que el sol se meti&#x00F3; hasta las siete de la ma&#x00F1;ana sentimos bastante fr&#x00ED;o.
</p><p n="145">

D&#x00ED;a 2 salimos del R&#x00ED;o de Santa Teresa y subimos la cuesta que nombramos de las &#x00E1;nimas, y tendr&#x00ED;a media legua. Tardamos en subirla m&#x00E1;s de tres horas porque al principio tiene un arenal muy escarpado, y despu&#x00E9;s pasos sumamente dif&#x00ED;ciles y bancos peligros&#x00ED;simos de pe&#x00F1;as, y por &#x00FA;ltimo es intransitable. Acabada de subir rumbo leste con much&#x00ED;simo trabajo, descendimos al otro lado por quebradas de pe&#x00F1;asquer&#x00ED;a rumbo norte, y andada una legua declinamos media al nordeste por un arenal colorado bien molesto a las caballer&#x00ED;as. Subimos un peque&#x00F1;o alto, y andadas tambi&#x00E9;n al nordeste dos y media leguas bajamos a un arroyo que ten&#x00ED;a en partes agua corriente, pero salobre aunque potable. Hab&#x00ED;a tambi&#x00E9;n pasto y as&#x00ED; paramos en &#x00E9;l, nombr&#x00E1;ndolo San Diego. Hoy cuatro leguas y media.
</p><p n="146">
Hoy paramos como tres leguas en distancia directa de San Benito de Salsipuedes al nordeste, junto a una multitud de barrancos, mesillas, y picachos de tierra colorada que a primera vista parecen ruinas de plaza de armas.
	
</p><p n="147">

D&#x00ED;a 3 salimos de San Diego rumbo les-sueste, y andadas dos leguas llegamos segunda vez al r&#x00ED;o, esto es, a la orilla del ca&#x00F1;&#x00F3;n que por aqu&#x00ED; le sirve de caja. Cuya bajada para el r&#x00ED;o es muy larga, alta, escarpada, y pe&#x00F1;ascosa, y de tan malos bancos de piedra que dos bestias de carga que bajaron el primero ni aun sin los aparejos pod&#x00ED;an subirlo de regreso. No nos hab&#x00ED;an dado noticia de esta cuesta los que hab&#x00ED;an venido antes; y aqu&#x00ED; supimos que ni hab&#x00ED;an hallado el vado ni hab&#x00ED;an hecho en tantos d&#x00ED;as el debido reconocimiento de tan corto espacio de tierra por haber gastado el tiempo en buscar indios de los que por aqu&#x00ED; habitaban, y nada consiguieron.
El r&#x00ED;o estaba muy hondo aunque no tanto como en Salsipuedes, pero por largo trecho era preciso nadasen las caballer&#x00ED;as. Lo bueno era que no atascaba, ni a la entrada ni a la salida. Instaban los compa&#x00F1;eros a que baj&#x00E1;semos al r&#x00ED;o, pero no habiendo de la otra banda por donde proseguir pasado el r&#x00ED;o, m&#x00E1;s que un alto y estrecho ca&#x00F1;&#x00F3;n de otro peque&#x00F1;o que aqu&#x00ED; le entra, y no habi&#x00E9;ndose visto si &#x00E9;ste era o no transitable, temimos vernos precisados (si baj&#x00E1;bamos y pas&#x00E1;bamos el r&#x00ED;o) al retroceso que en este pe&#x00F1;asco ser&#x00ED;a extremadamente dif&#x00ED;cil. Por no exponernos a esto paramos arriba, y enviamos al gen&#x00ED;zaro Juan Domingo para que pasando el r&#x00ED;o reconociese si dicho ca&#x00F1;&#x00F3;n ten&#x00ED;a salida; pero que si en esta tarde no la hallaba, se revolviese para que prosigui&#x00E9;semos de esta banda r&#x00ED;o arriba hasta encontrar el vado y camino de los indios.
Despachado &#x00E9;ste a pie, dijo Lucrecio Mu&#x00F1;iz que si lo permit&#x00ED;amos ir&#x00ED;a tambi&#x00E9;n &#x00E9;l en un caballo en pelo, llevando instrumentos para hacer lumbre y levant&#x00E1;rnos humos si hallaba salida, para que con este aviso procur&#x00E1;semos ir bajando, y fuese menos la demora. Dij&#x00ED;mosle que fuese, pero advirti&#x00E9;ndole que hallase o no salida, lo esper&#x00E1;bamos esta tarde. No vinieron, y as&#x00ED; pasamos aqu&#x00ED; la noche sin poder dar agua a la caballada estando tan inmediatos al r&#x00ED;o. Nombramos al paraje el Vado de los Chamas, o San Carlos. Hoy dos leguas les-sueste.
	

</p><p n="148">

D&#x00ED;a 4 amaneci&#x00F3; sin que supi&#x00E9;semos de los dos que ayer despachamos al reconocimiento dicho. Se nos hab&#x00ED;a acabado la carne del segundo caballo, no hab&#x00ED;amos hoy tomado alimento alguno, y as&#x00ED; nos desayunamos con pencas de nopal chico tostadas y atole de una frutilla que trajeron de la orilla del r&#x00ED;o. Esta frutilla es por s&#x00ED; de buen gusto, pero molida y hervida en agua como hoy la tomamos es muy ins&#x00ED;pida. Viendo que ya era tarde y no parec&#x00ED;an los dos dichos, mandamos que hiciesen diligencia de bajar la caballada al r&#x00ED;o, y que en la orilla matasen otro caballo. Con gran dificultad la bajaron, lastim&#x00E1;ndose algunas caballer&#x00ED;as porque perdiendo pie en las pe&#x00F1;as, rodaron largo espacio.
Poco antes que llegase la noche volvi&#x00F3; el gen&#x00ED;zaro Juan Domingo asegurando no haber hallado salida, y que el otro, dejando el caballo en la mitad del ca&#x00F1;&#x00F3;n, hab&#x00ED;a proseguido sobre unos rastros frescos de indios. Con esto determinamos seguir r&#x00ED;o arriba hasta hallar vado bueno y terreno andable de una y otra banda.
	
</p><p n="149">

D&#x00ED;a 5 salimos de San Carlos sin embargo de no haber venido Lucrecio, qued&#x00E1;ndose su hermano Andr&#x00E9;s con orden de que s&#x00F3;lo hasta la tarde lo esperase, y de que en esta noche procurase alcanzarnos. Anduvimos por esta banda occidental y por muchas arrugas y quebradas legua y media al norte; bajamos a un arroyo seco y ca&#x00F1;&#x00F3;n muy alto en que hab&#x00ED;a mucha alcaparrosa. Hallamos en &#x00E9;l una vereda no muy usada; segu&#x00ED;mosla y por ella salimos del ca&#x00F1;&#x00F3;n, pasando un corto banco de piedra blanca dif&#x00ED;cil pero componible. Proseguimos, y andada legua y cuarto al nor-nordeste hallamos agua aunque poca, y pasto suficiente; y porque ya era casi de noche paramos junto a una mesa alta, nombrando al paraje Santa Francisca Romana. Hoy tres leguas cortas.
</p><p n="150">
Esta noche llovi&#x00F3; aqu&#x00ED; mucho, y en algunas partes nev&#x00F3;. Amaneci&#x00F3; lloviendo y continu&#x00F3; algunas horas. Como a las seis de la ma&#x00F1;ana lleg&#x00F3; Andr&#x00E9;s M&#x00FA;niz diciendo no haber parecido su hermano. Dionos bastante cuidado esta noticia porque llevaba tres d&#x00ED;as de andar sin bastimento y sin m&#x00E1;s abrigo que la camisa, pues ni aun calzones hab&#x00ED;a llevado; porque aunque &#x00E9;l pas&#x00F3; el r&#x00ED;o cabalgando, nad&#x00F3; el caballo largo espacio, y donde se fatigaba le llegaba el agua hasta cerca de los hombros. As&#x00ED; determin&#x00E1;ndose el dicho gen&#x00ED;zaro a ir a buscarlo, siguiendo el rastro desde donde lo vio la &#x00FA;ltima vez, lo enviamos d&#x00E1;ndole carne de bastimento y orden de que si la caballer&#x00ED;a no pod&#x00ED;a salir del ca&#x00F1;&#x00F3;n la dejase y siguiese a pie; y que si lo hallaba de la otra banda, por ella buscasen nuestra huella y nos siguiesen; si de &#x00E9;sta, procurasen alcanzarnos con la brevedad posible.
</p><p n="151">

D&#x00ED;a 6, habiendo cesado de llover, salimos de Santa Francisca rumbo nordeste, y andadas tres leguas nos contuvo largo rato una fuerte borrasca y tormenta de agua, granizo grueso, con horrorosos truenos y rel&#x00E1;mpagos. Rezamos la letan&#x00ED;a de la Virgen para que nos impetrase alg&#x00FA;n alivio, y quiso Dios cesase la tormenta. Proseguimos media legua al leste y paramos cerca del r&#x00ED;o, porque prosegu&#x00ED;a lloviendo y nos embarazaron el paso unos pe&#x00F1;ascos. Nombramos al paraje San Vicente Ferrer. Hoy tres leguas y media.

</p><p n="152">
Fue don Juan Pedro Cisneros a ver si por aqu&#x00ED; estaba el vado, y vino con la noticia de haber visto que el r&#x00ED;o estaba por aqu&#x00ED; muy ancho, y que le parec&#x00ED;a no estar hondo seg&#x00FA;n manifestaba la corriente, pero que s&#x00F3;lo por un ca&#x00F1;&#x00F3;n inmediato podr&#x00ED;amos llegar a &#x00E9;l. Enviamos otros dos a registrar &#x00E9;ste y vadear el r&#x00ED;o, y vinieron diciendo estar todo dificultoso. No dimos mucho cr&#x00E9;dito al informe de &#x00E9;stos, y as&#x00ED; determinamos examinar todo nosotros el d&#x00ED;a siguiente en compa&#x00F1;&#x00ED;a de don Juan Pedro Cisneros. Antes de que anocheciese lleg&#x00F3; el gen&#x00ED;zaro con el dicho Lucrecio.
</p><p n="153">

D&#x00ED;a 7 fuimos muy temprano a la inspecci&#x00F3;n del ca&#x00F1;&#x00F3;n y vado, llevando los dos gen&#x00ED;zaros, Felipe y Domingo, para que vadeasen a pie el r&#x00ED;o por ser buenos nadadores. Para bajar de diestro las caballer&#x00ED;as al ca&#x00F1;&#x00F3;n dicho fue preciso hacer con hacha escalones en un pe&#x00F1;asco por el espacio de tres varas o poco menos. Por lo restante pod&#x00ED;an pasar las caballer&#x00ED;as aunque sin carga o jinete.
Bajamos al ca&#x00F1;&#x00F3;n, y andada una milla llegamos al r&#x00ED;o y anduvimos por &#x00E9;l abajo como dos tiros de fusil, ya por el agua ya por la orilla, hasta llegar a la mayor amplitud de sus corrientes en que parec&#x00ED;a estar el vado. Entr&#x00F3; uno a pie y lo hall&#x00F3; bueno sin verse precisado a nadar en parte alguna. Segu&#x00ED;moslo nosotros a caballo, tomamos un poco m&#x00E1;s abajo, y en la mitad de &#x00E9;l perdieron tierra y nadaron en un corto canal dos caballer&#x00ED;as que iban adelante. Detuv&#x00ED;mosnos, aunque con alg&#x00FA;n peligro, hasta que el primer vadeador de a pie volvi&#x00F3; de la otra banda a conducirnos, y pasamos con felicidad sin que los caballos en que pas&#x00E1;bamos llegasen a nadar.
Avisamos a los dem&#x00E1;s compa&#x00F1;eros que hab&#x00ED;an quedado en San Vicente que con lazos y reatas descolgasen aparejos, sillas, y dem&#x00E1;s utensilios por un pe&#x00F1;asco no muy alto al anc&#x00F3;n del vado, y trajesen la caballada por donde nosotros hab&#x00ED;amos venido. Hici&#x00E9;ronlo as&#x00ED;, y como a las cinco de la tarde acabaron de pasar el r&#x00ED;o, alabando a Dios nuestro Se&#x00F1;or y disparando algunas escopetas en se&#x00F1;al de la grande alegr&#x00ED;a que todos tuvimos de haber vencido una dificultad tan grande y que tanto trabajo y detenci&#x00F3;n nos hab&#x00ED;a causado, si bien la principal causa de haber nosotros padecido tanto desde que entramos en los parussis fue habernos faltado quien en tan mala tierra nos guiase. Pues por falta de pr&#x00E1;ctico rodeamos mucho, nos detuvimos tantos d&#x00ED;as en tan poca tierra, y padecimos hambre y sed.
Y ya que hab&#x00ED;amos padecido todo esto, supimos el mejor y m&#x00E1;s recto camino donde estaban los aguajes proporcionados a jornadas medianas, e &#x00ED;bamos tomando noticia de los dem&#x00E1;s, especialmente desde que dejamos el rumbo sur el d&#x00ED;a que salimos de San D&#x00F3;nulo o Arroyo del Taray. Porque de este paraje hubi&#x00E9;ramos ido al aguaje copioso que hallamos en el llano siguiente; de aqu&#x00ED; alcanzar&#x00ED;amos c&#x00F3;modamente a otro aguaje copioso que est&#x00E1; como tres leguas al nordeste de San &#x00E1;ngel. De este a Santa Gertrudis; de aqu&#x00ED; pudimos haber andado tres leguas y parar en el mismo arroyo con agua y pastos suficientes, adelantar por la tarde lo posible rumbo nordeste, y al otro d&#x00ED;a llegar, siguiendo el mismo rumbo y desechando totalmente la sierra al R&#x00ED;o de Santa Teresa tres o cuatro leguas al norte de San Juan Capistrano; de este r&#x00ED;o a San Diego rumbo les-sueste, y de este paraje al vado sin especial incomodidad y evitando muchos rodeos, cuestas, y malos pasos.
Pero sin duda dispuso Dios que no pudi&#x00E9;semos consequir gu&#x00ED;a, ya para benigno castigo de nuestras culpas, ya para que adquiri&#x00E9;semos alg&#x00FA;n conocimiento de las gentes que por aqu&#x00ED; habitan. H&#x00E1;gase en todo su voluntad sant&#x00ED;sima, y sea glorificado su Nombre.
</p><p n="154">
El vado del r&#x00ED;o es bueno. Tendr&#x00E1; aqu&#x00ED; de ancho una milla poco m&#x00E1;s. Ya aqu&#x00ED; vienen incorporados los r&#x00ED;os de Navaj&#x00F3; y de Dolores con todos los dem&#x00E1;s que en este diario hemos dicho entran en uno y otro, y en todo lo que por aqu&#x00ED; vimos no se puede establecer en sus riberas poblaci&#x00F3;n alguna, ni aun caminar por una y otra banda hacia abajo o hacia arriba una buena jornada con la esperanza de que sus aguas sirvan para la gente y caballada, porque a m&#x00E1;s de ser el terreno malo va muy encajonado el r&#x00ED;o. Todo lo dem&#x00E1;s inmediato al vado es de pe&#x00F1;oles y pe&#x00F1;ascos muy elevados. Ocho o diez leguas al nordeste de &#x00E9;l est&#x00E1; una sierra redonda, alta y peque&#x00F1;a, que los payuchis que desde aqu&#x00ED; empiezan llaman Tucane, que quiere decir cerro negro, y el &#x00FA;nico que por aqu&#x00ED; se mira. Muy cerca de &#x00E9;l pasa el r&#x00ED;o.
</p><p n="155">
De esta banda oriental en el mismo vado, que nombramos de la Pur&#x00ED;sima Concepci&#x00F3;n de la Virgen Sant&#x00ED;sima, hay un anc&#x00F3;n mediano de buen pasto. En &#x00E9;l pasamos la noche y observamos por la estrella polar su altura, y es 36 grados, 55 minutos.
</p>


</div1><div1>

<head>Breve noticia de las gentes que desde el Valle del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9; inclusivamente hasta el Vado del R&#x00ED;o Grande de Cosnina vimos, tratamos, y por relaci&#x00F3;n supimos</head>
<p n="156">En esta tierra que, aunque nosotros anduvimos en ella cien leguas largas por las vueltas que dimos, tendr&#x00E1; de norte a sur sesenta y de leste a oeste cuarenta leguas espa&#x00F1;olas, habita gran n&#x00FA;mero de gentes, todas de agradable aspecto, muy afables, y extremadamente pusil&#x00E1;nimes. Por esto &#x00FA;ltimo, y por hablar todas las que vimos el idioma yuta del mismo modo que los payuchis m&#x00E1;s occidentales, nombramos a todos estos de que vamos hablando yutas cobardes. Los nombres particulares son seg&#x00FA;n el terreno que habitan, y los distinguen en varias provincias o territorios, no en naciones al modo que todos los yutas antes conocidos componen una misma naci&#x00F3;n, o ll&#x00E1;mese reino dividido en cinco provincias, que son los que se conocen con solo el nombre de yutas: los yutas muhuachis, los yutas payuchis, los tabehuachis, y los sabuaganas.
As&#x00ED; pues, los yutas cobardes se dividen en huascaris que habitan el Valle del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9; y sus inmediaciones; parussis que les siguen al sur y sudoeste y habitan las riberas e inmediaciones del peque&#x00F1;o R&#x00ED;o de Nuestra Se&#x00F1;ora del Pilar, y son los &#x00FA;nicos que entre todos estos vimos aplicados a la siembra del ma&#x00ED;z; los yubuincariris que habitan casi al sur de los parussis y por aqu&#x00ED; son los m&#x00E1;s inmediatos al R&#x00ED;o Grande; los ytimpabichis que habitan en mesas y pe&#x00F1;oles que est&#x00E1;n cerca del paraje de Santa B&#x00E1;rbara hacia el norte; y los pagampachis que tambi&#x00E9;n habitan en mal terreno de mesas y barrancos est&#x00E9;riles, porque aunque tienen un valle espacioso, y por &#x00E9;l corre el R&#x00ED;o Grande como ya dijimos, no pueden aprovechar para riego las aguas de &#x00E9;ste.
Seg&#x00FA;n relaci&#x00F3;n de los yubuincariris, al sur-sudoeste de ellos r&#x00ED;o abajo habitan otros que nombran payatammunis. Al oeste y oes-noroeste de los huascaris supimos tambi&#x00E9;n que habitan otras gentes del mismo idioma que ellos. Todos los dem&#x00E1;s (que son muchos), que habitan de esta banda oriental o septentrional r&#x00ED;o arriba en toda la sierra que baja de los lagunas, y la tierra que media entre ella y los &#x00FA;ltimos r&#x00ED;os del norte que pasamos antes que se incorporasen, son, seg&#x00FA;n las noticias que tuvimos, de esta misma calidad de indios, y pertenecen parte a los yutas barbones, parte a los huascaris, y parte a los lagunas, conforme a la inmediaci&#x00F3;n que a cada uno de estos tienen por la mayor similitud con que hablan el idioma general los m&#x00E1;s cercanos.
</p><p n="157">


D&#x00ED;a 8 salimos del vado y paraje de la Concepci&#x00F3;n, subimos la caja del r&#x00ED;o por un pe&#x00F1;asco tendido no muy molesto. Tomamos al sur-sueste siguiendo una vereda bien trillada, y anduvimos cinco leguas por tierra arenosa y de algunas quebradas. Declinamos al leste una legua y paramos cerca del &#x00FA;ltimo pe&#x00F1;ol de la cordillera de ellos que hay desde el r&#x00ED;o hasta aqu&#x00ED;, nombrando al paraje San Miguel. En el cual hab&#x00ED;a buen pasto y bastante agua llovediza. Hoy seis leguas.
</p><p n="158">
Hoy hallamos muchas huellas de indios pero ninguno vimos. Cr&#x00ED;anse por aqu&#x00ED; carneros silvestres con tanta abundancia que los rastros parecen de grandes manadas de ganado menor manso. Son m&#x00E1;s crecidos que los dom&#x00E9;sticos, de la misma hechura que ellos, pero mucho m&#x00E1;s veloces. Hoy dimos fin a la carne de caballo que tra&#x00ED;amos, y as&#x00ED; mandamos matar otro. Esta noche sentimos mucho fr&#x00ED;o, m&#x00E1;s que en la otra banda.
</p><p n="159">

D&#x00ED;a 9 perdimos la vereda, no pudimos hallar paso para bajar a un ca&#x00F1;&#x00F3;n que ten&#x00ED;amos inmediato al sueste, ni para atravesar m&#x00E1;s de media legua de pe&#x00F1;as quer&#x00ED;a y arrugas que nos embarazaban la prosecuci&#x00F3;n de nuestra derrota. Por cuyo motivo tomamos el les-nordeste, y andadas dos leguas de mala tierra nos oblig&#x00F3; a parar sobre una mesa el mismo embarazo sin poder dar un paso adelante. Cerca de esta mesa hallamos unos ranchos de yutas payuchis, colindantes de los cosninas. Hicimos grandes diligencias por medio del laguna y otros compa&#x00F1;eros para que se acercasen donde nosotros est&#x00E1;bamos y, o porque sospechaban que &#x00E9;ramos amigos de los moquinos con quien tienen grande enemistad, o porque nunca hab&#x00ED;an visto espa&#x00F1;oles y nos ten&#x00ED;an gran miedo, no pudimos conseguir que viniesen.
</p><p n="160">

D&#x00ED;a 10 muy temprano fuimos los dos con el int&#x00E9;rprete y el laguna para sus ranchos. No pudimos llegar aun a pie adonde ellos estaban. Enviamos a los dichos, quedando nosotros en un alto desde el cual los ve&#x00ED;amos y &#x00E9;ramos visto de ellos, para que vi&#x00E9;ndonos solos se acercasen con m&#x00E1;s facilidad y menos miedo. Despu&#x00E9;s de haberles instado m&#x00E1;s de dos horas el int&#x00E9;rprete, vinieron cinco, y al llegar a nosotros se volvieron huyendo sin que pudi&#x00E9;semos contenerlos. Volvi&#x00F3; el int&#x00E9;rprete a ver si nos vend&#x00ED;an alg&#x00FA;n bastimento, pero respondieron que no ten&#x00ED;an.
Dij&#x00E9;ronle que los cosninas viv&#x00ED;an muy cerca de aqu&#x00ED;, pero que ahora andaban retirados en los montes recogiendo pi&#x00F1;&#x00F3;n, y que a poca distancia de aqu&#x00ED; hallar&#x00ED;amos dos caminos, uno para los cosninas y otro para el pueblo de Oraybi en Moqui. Tambi&#x00E9;n le dieron se&#x00F1;as de la vereda que hab&#x00ED;amos perdido, diciendo que hab&#x00ED;amos de retroceder hasta San Miguel, y de aqu&#x00ED; bajar al dicho ca&#x00F1;&#x00F3;n. Y en esto gastamos lo m&#x00E1;s del d&#x00ED;a, y en lo restante nos regresamos hasta el Paraje de San Miguel, acerc&#x00E1;ndonos media legua m&#x00E1;s al arroyo o ca&#x00F1;&#x00F3;n a que antes no pudimos bajar, y paramos al principio de la bajada. Hoy media legua al sudeste.
	
</p><p n="161">


D&#x00ED;a 11 muy temprano se reconoci&#x00F3; la bajada, se hall&#x00F3; la vereda perdida, y proseguimos nuestra derrota. Bajamos al ca&#x00F1;&#x00F3;n no con mucha dificultad, porque aunque tiene algunos pasos peligrosos y todo es de pe&#x00F1;asco, los han compuesto los indios con piedra suelta y palizada; y en el &#x00FA;ltimo tienen una escalera de lo mismo, de m&#x00E1;s de tres varas de largo y dos de ancho. Aqu&#x00ED; se juntan dos riachuelos que entran en el grande cerca del Paraje de San Carlos. Subimos a la banda opuesta por una cuchilla de pe&#x00F1;as y riscos que est&#x00E1; entre los dos riachuelos, dando muchas vueltas y pasando algunos bancos de piedra peligrosos, y componibles solo a golpe de barra. Acabamos de subir cerca de medio d&#x00ED;a, andadas con bajada y subida dos leguas al les-sueste.
Hay aqu&#x00ED; al nordeste de la vereda dos cerrillos. Desde el m&#x00E1;s peque&#x00F1;o declinamos a sueste, y andadas tres leguas por buena tierra paramos aunque sin agua porque hab&#x00ED;a buen pasto para las caballer&#x00ED;as, y le&#x00F1;a bastante contra el mucho fr&#x00ED;o que padec&#x00ED;amos, nombrando al paraje San Proto. Hoy cinco leguas.
	
</p><p n="162">

D&#x00ED;a 12 salimos de San Proto rumbo sur-sueste, anduvimos ya por camino abierto y buena tierra tres leguas, y en el mismo camino hallamos una peque&#x00F1;a fuente de buena agua en que, roto el hielo, bebi&#x00F3; toda la gente y la caballada. Es, seg&#x00FA;n los vestigios demuestran, paraje de los cosninas cuando van a los payuchis. Proseguimos rumbo sur con extremado fr&#x00ED;o por el mismo camino, y andadas cuatro leguas de muy buena tierra dejamos el camino recto para Moqui, seg&#x00FA;n las se&#x00F1;as de los payuchis, y seguimos el m&#x00E1;s usado de los cosninas rumbo sur-sudoeste; y andada una legua hallamos varias casillas o ranchos despoblados, e indicios de haberse apacentado por aqu&#x00ED; alg&#x00FA;n tiempo mucho ganado vacuno y caballada. Proseguimos por el mismo camino, y andadas una y media leguas al sudoeste, lleg&#x00F3; la noche y paramos sin agua, nombrando al sitio San Jacinto. Hoy nueve y media leguas.
</p><p n="163">
Por el mucho fr&#x00ED;o que hac&#x00ED;a nos detuvimos un rato, prosiguiendo los dem&#x00E1;s compa&#x00F1;eros para hacer lumbre y fomentar a don Bernardo Miera, que ya se nos quer&#x00ED;a helar y tem&#x00ED;amos no pudiese sufrir tanto fr&#x00ED;o. Por eso llegaron a la dicha fuente los dem&#x00E1;s compa&#x00F1;eros primero que nosotros; y antes que los alcanz&#x00E1;semos prosiguieron sin echar agua en las vasijas que para esto tra&#x00ED;amos. Por cuya inadvertencia padecimos esta noche gran sed.
	
</p><p n="164">

D&#x00ED;a 13 salimos de San Jacinto rumbo sur-sudoeste por el dicho camino y buena tierra de monte y abundantes pastos, y andadas dos leguas declinamos al sur una y media legua, y hallamos en unas pe&#x00F1;as agua bastante para la gente y casi para todas las caballer&#x00ED;as. Proseguimos por un llano arenoso dos leguas al sur, y media al sueste, y paramos como una legua m&#x00E1;s adelante de otro bateque de mala agua que hallamos en el mismo camino. Nombramos al paraje el Espino porque hoy cogimos un puerco esp&#x00ED;n, y aqu&#x00ED; probamos carne que es de gusto sensual&#x00ED;simo.
Ven&#x00ED;amos todos con tanta necesidad de alimento, que desde la noche antecedente no hab&#x00ED;amos tomado otro que un poco de cuero tostado, y as&#x00ED; el esp&#x00ED;n repartido entre tantos s&#x00F3;lo sirvi&#x00F3; de excitar el apetito. Por lo que mandamos quitar la vida a otro caballo. Lo que no hab&#x00ED;amos hecho antes porque esper&#x00E1;bamos hallar provisi&#x00F3;n en algunos ranchos de cosninas; mas ni aun vestigio reciente de ellos hemos visto. Hoy seis leguas.
</p><p n="165">


D&#x00ED;a 14 salimos del Esp&#x00ED;n rumbo sur-sueste, y andada una legua poco menos hallamos en el camino un bateque grande de agua buena en que bebi&#x00F3; &#x00E1; satisfacci&#x00F3;n toda la caballada. Proseguimos al sueste, y a los tres cuartos de legua entramos en un ca&#x00F1;&#x00F3;n en que nacen cuatro fuentes de buena agua. Anduvimos por &#x00E9;l media legua al sueste y llegamos a una peque&#x00F1;a labor y rancho de cosninas muy bello y bien dispuesto todo; ri&#x00E9;gase esta labor con las cuatro fuentes referidas y otras dos copiosas que nacen junto a ella; en la cual sembraron este a&#x00F1;o los cosninas ma&#x00ED;z, frijol, calabaza, sand&#x00ED;a, y melones. Ya cuando llegamos hab&#x00ED;an alzado la cosecha, y seg&#x00FA;n los desperdicios o reliquias que de todo hallamos fue abundante, y especialmente de frijol. Pues si hubi&#x00E9;semos hecho aqu&#x00ED; mansi&#x00F3;n, pudi&#x00E9;ramos de &#x00E9;ste haber recojido media fanega. La labor estaba cercada de &#x00E1;rboles de durazno.
A m&#x00E1;s de varias chozas de enramadas hab&#x00ED;a una casita muy bien hecha de piedra y lodo. En ella estaban los cu&#x00E9;vanos, j&#x00ED;caras, y dem&#x00E1;s utensilios de estos indios. Los cuales, seg&#x00FA;n los rastros, hab&#x00ED;a algunos d&#x00ED;as que se hab&#x00ED;an ausentado, acaso de buscar pi&#x00F1;&#x00F3;n en la sierra alta inmediata hacia el sur-sudoeste. Del rancho sal&#x00ED;an caminos a diferentes rumbos, e ignor&#x00E1;bamos cual deb&#x00ED;amos coger para ir a Moqui, porque ya no pod&#x00ED;amos alejarnos m&#x00E1;s en solicitud de los cosninas, as&#x00ED; por la falta de bastimento como por el sumo rigor con que nos aflig&#x00ED;a el invierno.
Tomamos un camino que iba al sueste, anduvimos por tierra del todo llana pasando algunas fuentes de buena agua dos leguas, y pasamos un peque&#x00F1;o r&#x00ED;o que viene de nordeste a sudoeste, y de tanta agua como la de una competente acequia. Tiene su alameda corta, y medianas vegas muy mal empastadas por donde pasamos. Despu&#x00E9;s del r&#x00ED;o subimos una mesa en que hab&#x00ED;a una peque&#x00F1;a laguna y varios rebalses de agua llovediza, y sirven de abrevaderos y aguajes a las vacas de Moqui, que ya empezamos a ver en manadas numerosas. Anduvimos por la mesa dos y media leguas al les-sueste, subimos una loma alta y, porque ya se acercaba la noche y hab&#x00ED;a buen pasto para las caballer&#x00ED;as, paramos, nombrando el paraje Cuesta de los Llanos, porque desde aqu&#x00ED; empiezan dilatados llanos y campos sin mesa, montes, ni sierras, pero de muy buenos pastos, los cuales llegan por el sueste m&#x00E1;s adelante de Moqui. Hoy seis leguas y cuarto.
</p><p n="166">

D&#x00ED;a 15 salimos de la Cuesta de los Llanos rumbo les-sueste, anduvimos por ellos nueve leguas sin hallar agua en toda la jornada por no extraviarnos a buscarla. Hall&#x00E1;rnosla en una ca&#x00F1;ada en que hab&#x00ED;a chamizo del que nombramos chico. Paramos en ella nombr&#x00E1;ndola La Ca&#x00F1;ada de los Chicos. Hoy nueve leguas lessueste.
</p><p n="167">
No ten&#x00ED;amos ya que cenar esta noche porque la carne de caballo que hab&#x00ED;a no era suficiente para todos. Hab&#x00ED;a por aqu&#x00ED; grandes manadas de ganado vacuno, y todos los compa&#x00F1;eros quer&#x00ED;an matar una vaca o ternera. Instaban con impaciencia para que les permiti&#x00E9;semos socorrer de este modo la necesidad que todos padec&#x00ED;amos. Nosotros, considerando que ya est&#x00E1;bamos cerca del pueblo de Oraybi, que de esto pod&#x00ED;a origin&#x00E1;rsenos con los moquinos alg&#x00FA;n disturbio y frustrarse nuestro intento, que era esforzar de nuevo los medios de la Luz y suavidad evang&#x00E9;lica contra su ceguedad voluntaria y obstinaci&#x00F3;n inveterada, mandamos se matase otro caballo y que ninguno llegase a dichos ganados aunque, como nos aseguraban, fuesen alzados o comunes.
</p><p n="168">

D&#x00ED;a 16 salimos de la Ca&#x00F1;ada de los Chicos rumbo les-sueste, anduvimos tres leguas, y cerca de una mesa alta declinamos al les-nordeste un cuarto de legua. Hallamos aqu&#x00ED; un camino muy usado e hicimos juicio que ir&#x00ED;a para alguno de los pueblos de Moqui. Segu&#x00ED;moslo, y andadas por buena tierra y del todo llana tres leguas al nordeste, y dos poco menos al norte, llegamos a la mesa del pueblo de Oraybi. Ordenamos a los compa&#x00F1;eros que parasen al pie de la mesa, que ninguno a excepci&#x00F3;n de los que nos acompa&#x00F1;aban para subir pasase al pueblo hasta que para esto avis&#x00E1;semos.
Subimos sin novedad. Al entrar en el pueblo nos cerc&#x00F3; gran n&#x00FA;mero de indios grandes y peque&#x00F1;os. Pregunt&#x00E1;bamos por el cacique y capitanes en idioma que no entend&#x00ED;an, y queriendo pasar a casa del cacique nos contuvieron, y uno de ellos dijo en idioma navaj&#x00F3; que no entr&#x00E1;semos en el pueblo. Entonces don Juan Pedro Cisneros le pregunt&#x00F3; animosamente en el mismo idioma que si no eran amigos nuestros. Con esto se aquietaron, y un anciano nos condujo a su casa y hosped&#x00F3; en ella, franque&#x00E1;ndonos una pieza para que pas&#x00E1;semos la noche, y las viandas que ellos usan. Hoy siete leguas.

</p><p n="169">
Esta noche vino a visitarnos el cacique con dos ancianos, y despu&#x00E9;s de habernos dado a entender que eran nuestros amigos, ofrecieron vendernos el bastimento que necesit&#x00E1;bamos. A que les insinuamos quedar agradecidos.
</p><p n="170">

D&#x00ED;a 17 bien temprano nos trajeron a la posada algunas j&#x00ED;caras o bandejas de harina, manteca de vaca, guayaves, y otros g&#x00E9;neros de bastimento. Compr&#x00E1;mosles de pronto lo que pudimos, porque de lo m&#x00E1;s necesario nos trajeron menos. Por falta de int&#x00E9;rprete no pudimos tratar de su reducci&#x00F3;n como conven&#x00ED;a y dese&#x00E1;bamos. Algo les dimos a entender, especialmente al cacique y a nuestro hospedero y bienhechor; oyeron atentos mas no declararon otra cosa que el que deseaban conservar la amistad de los espa&#x00F1;oles. D&#x00ED;jonos el cacique que ya hab&#x00ED;a enviado aviso a los dem&#x00E1;s pueblos para que nos hospedasen y vendiesen el bastimento que necesitabamos para llegar a Zu&#x00F1;i.
D&#x00ED;mosles a entender que agradec&#x00ED;amos mucho este favor y los dem&#x00E1;s que de ellos hab&#x00ED;amos recibido, y despu&#x00E9;s de medio d&#x00ED;a salimos de Oraybi para el pueblo de Xongopavi, y andadas cerca de dos leguas y cuarto al sueste llegamos ya metido el sol, y nos recibieron obsequiosos, d&#x00E1;ndonos prontamente posada. hoy dos leguas y cuarto sueste.
	
</p><p n="171">

D&#x00ED;a 18, habiendo concurrido los indios principales de este pueblo y de los otros inmediatos, Xipaolabi y Mosonganabi, despu&#x00E9;s de haberles insinuado nuestro agradecimiento por los obsequios y buen recibimiento que nos hab&#x00ED;an hecho, parte por se&#x00F1;as y parte en idioma navaj&#x00F3;, les predicamos; y respondieron que ellos no pod&#x00ED;an contestar con nosotros por no entender el idioma castellano ni nosotros el moquino; que pas&#x00E1;semos a Gualpi en donde hab&#x00ED;a inteligentes de la lengua castellana, y que hablando all&#x00ED; todo cuanto dese&#x00E1;bamos con los caciques y capitanes, sabr&#x00ED;amos lo que todos quer&#x00ED;an.
Pero inst&#x00E1;ndoles a que si nos hab&#x00ED;an entendido respondiesen por s&#x00ED; mismos, a&#x00F1;adieron que el cacique y capit&#x00E1;n de Oraybi les hab&#x00ED;an enviado a decir que nos obsequiasen, atendiesen, y vendiesen bastimento, procurando nuestra amistad sin tratar ni admitir otro asunto; y as&#x00ED; que ellos quer&#x00ED;an ser nuestros amigos pero no cristianos. Concluido esto, dimos al indio que nos hab&#x00ED;a hospedado y obsequiado mucho una cobija de chalona para su esposa, juzgando que con esto conocer&#x00ED;an m&#x00E1;s bien nuestra gratitud y se aficionar&#x00ED;an m&#x00E1;s a nosotros; pero no sucedi&#x00F3; como pens&#x00E1;bamos porque, recibi&#x00E9;ndola gustosa la india, se la quit&#x00F3; un hermano suyo y la arroj&#x00F3; hacia donde est&#x00E1;bamos con gran ce&#x00F1;o.
Hicimos juicio que su malicia supon&#x00ED;a alg&#x00FA;n fin torcido y contrario a nuestro honor y profesi&#x00F3;n en esta inocente recompensa, y as&#x00ED; procuramos darle a entender el verdadero motivo con la severidad y circunspecci&#x00F3;n que exig&#x00ED;a el caso. Entonces, queriendo el indio satisfacer el agravio que, aunque sin culpa suya tan grave como parec&#x00ED;a nos hab&#x00ED;a hecho, nos meti&#x00F3; en otra confusi&#x00F3;n aun mayor que la primera, habl&#x00E1;ndonos mucho sin que le entendi&#x00E9;semos cosa alguna, y se&#x00F1;alando al padre Fray Silvestre y a don Juan Pedro Cisneros.
Despu&#x00E9;s de habernos hecho pensar mucho y habi&#x00E9;ndose ido los concurrentes, dijo en idioma navaj&#x00F3; que hab&#x00ED;a sabido lo sucedido en Oraybi cuando dichos padre Fray Silvestre y don Juan Pedro hab&#x00ED;an estado all&#x00ED; el verano del a&#x00F1;o precedente, y hab&#x00ED;a estado presente en Gualpi cuando el cosnina habl&#x00F3; al padre Fray Silvestre y le di&#x00F3; noticia del camino desde Moqui a los cosninas, y que ahora hab&#x00ED;amos tra&#x00ED;do este mismo camino; que &#x00E9;l no permit&#x00ED;a que su cu&#x00F1;ado y hermana recibiesen la cobija, porque si la recib&#x00ED;an se enojar&#x00ED;an con ellos sus parientes y vecinos.
Esto dijo para satisfacernos, mas no pudimos sacarle con claridad lo dem&#x00E1;s que en ello nos quer&#x00ED;a o quiso dar a entender, aunque no es muy dif&#x00ED;cil inferirlo de los sucesos antecedentes.
En la tarde partimos para Gualpi, y andadas dos leguas y m&#x00E1;s de cuarto al leste, llegamos ya de noche. Qued&#x00F3; nuestra corta comitiva abajo al pie del pe&#x00F1;ol, y nosotros subimos con algunos. Nos recibieron Tanos y Gualpis muy gustosos, y nos hospedaron en casa del cacique de los Tanos en donde pasamos la noche. Hoy dos leguas y cuarto leste.
</p><p n="172">
Despu&#x00E9;s de haber descansado un breve rato, nos refiri&#x00F3; un indio ap&#x00F3;stata del pueblo de Galisteo en el Nuevo M&#x00E9;jico, ya anciano y de mucha autoridad en este de los Tanos de Moqui nombrado Pedro, que ten&#x00ED;an actual y cruda guerra con los apaches navaj&#x00F3;s, y que &#x00E9;stos les hab&#x00ED;an muerto y cautivado muchas gentes. Por lo cual a&#x00F1;adi&#x00F3; estaban deseando que llegasen a estos pueblos algunos padres o espa&#x00F1;oles para por medio de ellos impetrar del se&#x00F1;or gobernador alg&#x00FA;n socorro o defensa contra estos enemigos. Y as&#x00ED; que hab&#x00ED;an tenido especial alegr&#x00ED;a cuando supieron hab&#x00ED;amos venido a visitarlos, porque esperaban que nosotros los hab&#x00ED;amos de favorecer y consolar.
Pareci&#x00F3;nos &#x00E9;sta una de las m&#x00E1;s bellas ocasiones para inducirlos se redujesen a la Fe y a los dominios de su Majestad (que Dios guarde); les respondimos d&#x00E1;ndoles grandes esperanzas y dici&#x00E9;ndoles que convocasen a los principales de los otros tres pueblos para que viniesen a estos de Gualpi, que el d&#x00ED;a siguiente se juntasen todos en &#x00E9;ste de los Tanos para tratar de espacio y con seriedad este negocio. Dijo entonces el referido Pedro que &#x00E9;l quer&#x00ED;a pasar a la Villa de Santa Fe para establecer con el se&#x00F1;or gobernador en nombre de los moquinos y tanos la alianza que deseaban, y pedir el socorro que necesitaban, si nosotros quer&#x00ED;amos llevarlo en nuestra compa&#x00F1;&#x00ED;a.	
Respond&#x00ED;mosle que lo llevar&#x00ED;amos gustosos y nos interesar&#x00ED;amos a favor de todos los moquinos con el se&#x00F1;or gobernador, pero que para esto era necesario que de cada uno de los seis pueblos pasase alguno de autoridad a la presencia de su se&#x00F1;or&#x00ED;a. Quedaron en que el d&#x00ED;a siguiente se juntar&#x00ED;an del modo insinuado y nos llamar&#x00ED;an, estando ya juntos en una estufa para hablar y tratar de todo y determinar los convenientes.
	
</p><p n="173">

D&#x00ED;a 19 vinieron los principales de Mosanganabi, y estando ya ajuntos con los caciques y capitanes de estos pueblos de la mesa de Gualpi en una estufa de los tanos, nos llev&#x00F3; a ella el dicho ap&#x00F3;stata Pedro, d&#x00E1;ndonos por int&#x00E9;rprete a otro ap&#x00F3;stata, indio del pueblo de Santa Clara nombrado Antonio el Cuate, porque &#x00E9;ste habla y entiende bien el idioma castellano, el cual traduc&#x00ED;a nuestras palabras al idioma tegua, y el referido Pedro al moquino, para que todos los de la junta nos entendi&#x00E9;semos. Refirieron lo que hab&#x00ED;an conferido antes que nosotros lleg&#x00E1;semos a la estufa, y que hab&#x00ED;an convenido en que el ap&#x00F3;stata Pedro pasase en nuestra compa&#x00F1;&#x00ED;a a la Villa de Santa Fe para en nombre de todos pedir al se&#x00F1;or gobernador socorro contra los apaches navaj&#x00F3;s y establecer amistad con los espa&#x00F1;oles; y nos suplicaron hici&#x00E9;semos todo lo posible en su favor.
Respond&#x00ED;mosles que en todo estar&#x00ED;amos de su parte porque los am&#x00E1;bamos como a hijos y nos compadec&#x00ED;amos mucho de sus miserias, pero que como s&#x00F3;lo Dios es el que todo lo puede y gobierna, mientras permaneciesen en su infidelidad y no cesasen de ofenderle, no podr&#x00ED;an librarse de padecerlas. Consecutivamente les expusimos la gravedad de las penas eternas, que si no se reduc&#x00ED;an a la religi&#x00F3;n Cristiana hab&#x00ED;an de padecer irremisiblemente en el infierno, vali&#x00E9;ndonos para mayor claridad y fuerza de las aflicciones que nos acababan de referir.
Dij&#x00ED;mosles tambi&#x00E9;n que si se reduc&#x00ED;an tendr&#x00ED;an constante y seguro amparo en las armas espa&#x00F1;olas contra todos los gentiles que intentasen hostilizarlos, como los dem&#x00E1;s pueblos cristianos de la Nueva M&#x00E9;jico, haci&#x00E9;ndoles ver al mismo tiempo la inutilidad e inconstancia de las amistades y alianzas que con los yutas y navaj&#x00F3;s hab&#x00ED;an antes repetidas veces celebrado. Y despu&#x00E9;s de haberles dicho todo lo que nos pareci&#x00F3; conveniente y eficaz, les dijimos nos declarasen su determinaci&#x00F3;n, en la inteligencia de que fuese o no conforme a nuestro deseo, siempre est&#x00E1;bamos en llevar a sus embajadores a Santa Fe y favorecerlos en lo posible.
Tres veces instamos exhort&#x00E1;ndolos a que se redujesen al gremio de la Iglesia, impugnando y convenciendo de falsas e insubsistentes las razones que daban para no reducirse a la Fe. En la primera respondieron que ya sab&#x00ED;an que los gobernadores enviaban a los padres para que los redujese a su dominio, pero que ellos ni hab&#x00ED;an querido ni quer&#x00ED;an. En la segunda nos dieron a entender que, pues hab&#x00ED;a muchas naciones gentiles m&#x00E1;s que cristianos, quer&#x00ED;an seguir el partido m&#x00E1;s numeroso; y que a m&#x00E1;s de esto viv&#x00ED;an en tierra muy inc&#x00F3;moda para el servicio que convertidos hab&#x00ED;an de hacer a los espa&#x00F1;oles.

</p><p n="174">
Deshecha la aparente fuerza de cada una de estas razones, y no hallando ya qu&#x00E9; oponer, hablaron largo rato todos los de la asamblea singularmente, empezando los de mayor autoridad siguiendo el &#x00F3;rden de &#x00E9;sta; y aunque hablaba cada uno, se explicaba en forma de di&#x00E1;logo y conclu&#x00ED;a su discurso con varias preguntas a los dem&#x00E1;s, quienes respond&#x00ED;an asintiendo o negando respectivamente conforme a la calidad de las preguntas. En estos discursos refer&#x00ED;an las tradiciones de sus antepasados y exhortaban a su observancia, concluyendo que les conven&#x00ED;a sufrir las calamidades y trabajos actuales antes que ir contra ellas; y respondieron que ellos s&#x00F3;lo quer&#x00ED;an nuestra amistad pero de ninguna suerte hacerse cristianos, porque los-viejos antiguos les hab&#x00ED;an dicho y aconsejado que nunca se sujetasen a los espa&#x00F1;oles.
Procuramos hacerles ver la necia impiedad de semejantes tradiciones y consejos, pero sin fruto alguno. Y &#x00FA;ltimamente resolvieron que dicho Pedro no pasase a la Villa de Santa Fe, cuyo motivo nos declar&#x00F3; &#x00E9;l mismo diciendo: "Ya no quieren que yo vaya a ver al governador porque, como yo soy cristiano, dicen que no me dejar&#x00E1; volver a Moqui." &#x00E9;l tem&#x00ED;a esto mucho m&#x00E1;s que los otros, y as&#x00ED; no pudimos reducirlo a la ejecuci&#x00F3;n de su primer pensamiento.
Conclu&#x00ED;da la asamblea, nos retiramos bien tristes a nuestra posada, viendo invencible la obstinaci&#x00F3;n de los infelices indios. Y as&#x00ED; determinamos seguir el otro d&#x00ED;a para Zu&#x00F1;i antes que se acabasen de cerrar los puertos y caminos, pues estaba nevando sin cesar. Por cuya causa no pudimos observar la altura del polo en que se hallan estos pueblos de Moqui.
</p><p n="175">

D&#x00ED;a 20 por la tarde salimos de los pueblos de Gualpi, y andadas cuatro leguas al leste cuarta al sueste paramos a hacer noche en el aguaje nombrado el Ojo del Ca&#x00F1;utillo u Ojito de Moqui. Hoy cuatro leguas.
</p><p n="176">

D&#x00ED;a 21 salimos del Ojo del Ca&#x00F1;utillo rumbo nordeste, y andadas tres leguas, declinamos al les-sueste dos, y andadas otras dos poco m&#x00E1;s al leste, paramos m&#x00E1;s de media legua antes del peque&#x00F1;o aguaje nombrado el Estiladero u Ojito del Pe&#x00F1;asco. Hoy siete leguas.
</p><p n="177">

D&#x00ED;a 22 dejamos a los compa&#x00F1;eros con el resto de las caballer&#x00ED;as que ven&#x00ED;an m&#x00E1;s debilitadas, para que siguiesen hasta Zu&#x00F1;i poco a poco, y nosotros con tres de ellos partimos a la ligera. Y andadas nueve leguas leste cuarta al sueste llegamos al paraje nombrado Cuma&#x00E1;. Aqu&#x00ED; descansamos un rato y proseguimos otras dos leguas al leste. Fatig&#x00E1;ronsenos las caballer&#x00ED;as y hubimos de parar. Hoy once leguas.

</p><p n="178">

D&#x00ED;a 23 proseguimos, aunque nev&#x00F3; todo el d&#x00ED;a con molest&#x00ED;simas borrascas, y andadas a galope doce leguas paramos en el paraje nombrado Kianaituna u Ojo del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9;. Esta noche padecimos excesivo fr&#x00ED;o. Hoy doce leguas, casi todas al este.
</p><p n="179">

D&#x00ED;a 24 en cuanto aclar&#x00F3; salimos del Ojo del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9; rumbo sueste, y andadas dos leguas paramos un rato a hacer lumbre para calentarnos, porque hac&#x00ED;a tanto fr&#x00ED;o que tem&#x00ED;amos quedar helados en esta ca&#x00F1;ada. Proseguimos sueste m&#x00E1;s de tres leguas, y andadas otras dos leste cuarta al nordeste paramos a remudar en un aguaje que los Zu&#x00F1;is llaman Okiappa. Proseguimos, y andadas cinco leguas al sueste llegamos y de noche y extremamente fatigados al pueblo y misi&#x00F3;n de Nuestra Se&#x00F1;ora de Guadalupe de Zu&#x00F1;i. Hoy doce leguas.
</p><p n="180">
Y no hall&#x00E1;ndonos con fuerzas para pasar prontamente a la Villa de Santa Fe, participamos al se&#x00F1;or gobernador nuestro feliz arrivo a esta misi&#x00F3;n y una breve noticia de lo contenido en este diario. 
</p><p n="181">

D&#x00ED;a 26 por la tarde llegaron los dem&#x00E1;s compa&#x00F1;eros.

</p><p n="182">
Por varios incidentes permanecimos en esta misi&#x00F3;n hasta el d&#x00ED;a 13 de diciembre en que salimos de ella para la Villa de Santa Fe. 
Y habiendo andado treinta leguas llegamos a la misi&#x00F3;n de San Est&#x00E9;ban de &#x00E1;coma el d&#x00ED;a 16 del mismo diciembre.
</p><p n="183">
Luego cay&#x00F3; una competente nevada y nos impidi&#x00F3; proseguir con la brevedad que dese&#x00E1;bamos.
</p><p n="184">

D&#x00ED;a 20 salimos de &#x00E1;coma para la misi&#x00F3;n del Se&#x00F1;or San Jos&#x00E9; de la Laguna adonde llegamos andadas cuatro leguas al norte. Hoy cuatro leguas.
</p><p n="185">

D&#x00ED;a 22 salimos de la Laguna, y andadas seis leguas leste cuarta al nordeste paramos en el sitio nombrado el &#x00E1;lamo. Hoy seis leguas.
	
</p><p n="186">

D&#x00ED;a 23 salimos de aqu&#x00ED;, y andadas cinco leguas al leste y cuatro al les-sueste, llegamos a la misi&#x00F3;n de San Agust&#x00ED;n de la Isleta. Hoy nueve leguas.
	

</p><p n="187">

D&#x00ED;a 28 salimos del pueblo de la Isleta, y andadas cuatro leguas llegamos a la misi&#x00F3;n de San Francisco Xavier de Albuquerque. Hoy cuatro leguas.
	
</p><p n="188">

D&#x00ED;a 30 salimos de aqu&#x00ED;, y andadas otras cuatro leguas llegamos a la misi&#x00F3;n de Nuestra Se&#x00F1;ora de los Dolores de Sand&#x00ED;a. Hoy cuatro leguas.
	
</p><p n="189">

D&#x00ED;a 31 proseguimos, y andadas siete leguas llegamos a la misi&#x00F3;n de Nuestro Padre Santo Domingo. Hoy siete leguas.
	
</p><p n="190">


D&#x00ED;a 2 de enero de este a&#x00F1;o de 77 llegamos a la Villa de Santa Fe, habiendo hoy salido de la misi&#x00F3;n inmediate dicha.
</p><p n="191">

D&#x00ED;a 3 de enero presentamos este diario, la se&#x00F1;a de los lagunas de que en &#x00E9;l se hace menci&#x00F3;n, y el indio laguna. Y por ser cierto y seg&#x00FA;n lo acaecido y observado en nuestro viaje cuanto en este diario se contiene, lo firmamos en este mismo d&#x00ED;a 3 de enero del a&#x00F1;o de 1777.
Fray Francisco Atanasio Dom&#x00ED;nguez</p><p n="192">
Fray Silvestre V&#x00E9;lez de Escalante
</p><p n="193">
Escopia desu original que queda enla secretaria de la Comandancia General demi cargo de que Certifico Mexico 26 de Julio de 1777, Antonio Bonilla.
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